¿La contaminación del aire empeora tu desempeño laboral?

A man rides his bicycle across a street amid heavy haze in Fuyang, Anhui province, China, November 30, 2015. Heavy smog and thick fog engulfed many parts of northern and eastern China on Monday, local media reported. REUTERS/Stringer CHINA OUT. NO COMMERCIAL OR EDITORIAL SALES IN CHINA. - GF20000079329
Outdoor air quality can fluctuate significantly from day-to-day.Image: REUTERS/Stringer
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Según un nuevo documento de trabajo de investigadores de la Universidad Leibniz de Alemania y la Columbia Business School.

Desde hace años, los investigadores relacionan la contaminación del aire con un bajo desempeño laboral. En 2011, por ejemplo, un estudio descubrió que la productividad de los trabajadores agrícolas al aire libre disminuía a medida que aumentaban los niveles de ozono atmosférico. Un estudio de seguimiento de 2014 descubrió que los trabajadores manuales de interiores se veían afectados de forma similar por los niveles de contaminación del aire exterior.

Pero entonces aún no estaba claro si esos resultados también se aplicaban a quienes trabajan en oficinas. El trabajo de escritorio se realiza en interiores y exige mucho menos esfuerzo físico que empaquetar frutas y verduras en un almacén, así que cabría concluir razonablemente que quienes trabajan en oficinas son menos vulnerables a los efectos de la contaminación del aire, simplemente porque no respiran tanto aire.

Pero no es así, concluye el estudio más reciente. Para el documento, Steffen Meyer y Michaela Pagel recopilaron datos sobre operaciones bursátiles realizadas por más de 100.000 inversores particulares en Alemania entre 2003 y 2015, y los combinaron con datos sobre calidad del aire, clima y tráfico de la más cercana de más de 1.600 estaciones de monitoreo.

¿Por qué las operaciones bursátiles? «Interpretamos las operaciones de inversores particulares —una actividad en interiores que requiere cierta habilidad y esfuerzo cognitivo, pero ningún esfuerzo físico— como un indicador de la disposición y la capacidad para realizar trabajo de oficina y, por tanto, de la productividad de quienes trabajan en oficinas», explican Meyer y Pagel. Los datos bursátiles son especialmente útiles porque permitieron a los investigadores medir el comportamiento humano a nivel individual.

La calidad del aire exterior puede variar considerablemente de un día a otro. Meyer y Pagel querían saber si esas variaciones afectaban la propensión de los inversores particulares a iniciar sesión y realizar una operación en un día determinado.

Para aislar el efecto de la contaminación del aire, primero debían controlar toda una serie de otros factores que se sabe que afectan el comportamiento bursátil: el día de la semana (los mercados no abren todos los días), el día del año (los mercados tienen más actividad en ciertas épocas), los rendimientos bursátiles anteriores, los cambios al horario de verano, el clima y el tráfico.

Tras tener en cuenta esos otros factores, Meyer y Pagel se centraron en el efecto de las partículas en suspensión en el aire, una medida conocida como PM10: partículas de un grosor equivalente a aproximadamente una séptima parte del de un cabello humano, lo bastante pequeñas para inhalarse hasta lo profundo de los pulmones. Proceden de los gases de escape de los vehículos, el polvo de las obras, fuentes industriales, la quema de madera y otras fuentes, y están relacionadas con afecciones que van desde el asma y las dificultades respiratorias en general hasta los infartos e incluso la muerte.

Image: Agencia Internacional de la Energía

Descubrieron que un aumento moderado de PM10 en el exterior —12 microgramos del contaminante por metro cúbico— reducía casi un 10 % la propensión de los inversores a operar. Describen ese efecto como «grande y significativo», similar a la disminución de las operaciones observada en un día agradable y soleado frente a uno nublado.

Cabe señalar que un aumento de 12 microgramos de PM10 no es mucho: cualquier día en Alemania, los niveles del contaminante suelen fluctuar entre 0 y 40 microgramos, y a menudo superan esa cifra.

«Hasta donde sabemos, este documento es el primero en poner a prueba si la calidad del aire afecta la disposición de los inversores a sentarse a operar, controlando factores específicos de los inversores, el entorno y el mercado en un entorno de baja contaminación que se encuentra habitualmente», concluyen los autores. «Los efectos negativos de la contaminación en la productividad laboral de quienes trabajan en oficinas son mucho más graves de lo que se pensaba».

Este hallazgo llega en un momento en que las autoridades federales de Estados Unidos trabajan para revertir ciertas normas sobre la calidad del aire. En particular, varios nombramientos del presidente Trump en la Agencia de Protección Ambiental han suscitado críticas por rechazar el amplio consenso científico sobre los efectos de la contaminación del aire.

Robert Phalen, de la Universidad de California en Irvine, por ejemplo, cree que «el aire moderno es un poco demasiado limpio para una salud óptima». Michael Honeycutt, el nuevo presidente de la Junta Asesora Científica de la EPA, ha escrito que las normas federales sobre el ozono son innecesarias porque «la mayoría de las personas pasa más del 90 % de su tiempo en interiores».

Declaraciones como estas contradicen la opinión consensuada de que los contaminantes del aire son un motivo clave de preocupación para la salud pública, representada por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, la Organización Mundial de la Salud, los Institutos Nacionales de Salud y la EPA.

Y, como demuestra la investigación de Alemania, la contaminación del aire exterior puede afectar considerablemente tu capacidad para realizar tu trabajo en interiores.

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