La crisis de la COVID-19 ha dejado al descubierto la fragilidad de los sistemas globales y ha generado una nueva conciencia sobre desigualdades flagrantes;
Muchas organizaciones, entre ellas la alianza del Foro Económico Mundial COVID Response Alliance for Social Entrepreneurs, piden un enfoque más urgente e intencionado en “reconstruir mejor”;
Los financiadores tienen la oportunidad y el deber de reimaginar sus funciones para que la concesión de subvenciones sea más equitativa y nos acerque a la nueva normalidad.
La profunda devastación económica y social causada por la COVID-19 ha colocado al mundo en un territorio inexplorado. La fragilidad y la desigualdad de nuestros sistemas sociales fundamentales se han hecho muy evidentes, y las herramientas que utilizamos para reforzarlos se han puesto a prueba de maneras sin precedentes.
Con los esfuerzos de recuperación en pleno apogeo, muchas organizaciones, entre ellas la alianza del Foro Económico Mundial COVID Response Alliance for Social Entrepreneurs piden un enfoque más urgente e intencionado en “reconstruir mejor”.
Entre estos esfuerzos, muchas instituciones filantrópicas han revisado sus estrategias y prioridades de financiación, comprometiendo miles de millones de dólares y ofreciendo agilizar y mejorar sus procesos de financiación. De hecho, la Alianza ha destacado cinco acciones importantes que pueden emprender los financiadores, entre ellas modelos más colaborativos, ágiles e innovadores, que nos acercarán a una nueva normalidad.
En nuestro propio trabajo en The Roddenberry Foundation y a través de los comentarios de cientos de emprendedores sociales que participan en nuestro +1 Global Fund, hemos escuchado un llamamiento a los financiadores para que hagan las cosas de otra manera. A medida que los emprendedores sociales pasan de la supervivencia a la resiliencia, sus prioridades y obligaciones están cambiando. Mahila Housing Sewa Trust en la India, receptora reciente de financiación de +1, utilizó sus amplias redes en 14 ciudades para ayudar a mujeres y niñas a sobrevivir durante la pandemia. Mientras esta organización mira hacia el futuro, la realidad que enfrentan sus beneficiarias –pérdida de salarios, falta de vivienda y pobreza a largo plazo– en medio de sistemas debilitados y rotos es tan abrumadora como la propia crisis.
La cuestión ahora no es tanto cómo operaban los financiadores antes de la COVID-19 ni siquiera nuestra respuesta en 2020, sino qué viene después. En el último año, de nuestro trabajo han surgido cinco temas importantes que vale la pena considerar a medida que todos reimaginamos nuestras funciones más allá de la pandemia:
1. Apostar por la confianza
Durante demasiado tiempo, hemos aceptado el déficit de confianza entre quienes conceden y quienes reciben las subvenciones. Lo vemos en estrategias de financiación con aversión al riesgo, dependencia excesiva de los informes, toma de decisiones jerárquica y exigencias innecesarias a los beneficiarios. De cara al futuro, la forma más sencilla de (re)establecer la confianza es hacer que los mecanismos que los financiadores suelen utilizar, que requieren mucho tiempo —solicitudes, entrevistas, plazos y extensos informes—, sean más fáciles de usar o, mejor aún, eliminarlos sin más. Si pretendemos trabajar junto a los beneficiarios y en colaboración con ellos, debemos examinar con honestidad las herramientas que utilizamos para identificarlos, evaluarlos y seleccionarlos.
2. Construir un marco inclusivo
El acceso a la financiación es, con demasiada frecuencia, resultado del capital social, del acceso a la información y de las habilidades para recaudar fondos, que muchos no tienen. El género, la raza, la geografía y la educación influyen en quién tiene acceso, por lo que necesitamos modelos de financiación más democráticos y transparentes que se centren en llegar a un grupo más diverso de organizaciones e individuos. Sin tales ajustes, estos beneficiarios serían difíciles de encontrar, y mucho menos de financiar. Para que la concesión de subvenciones sea más equitativa, es fundamental que consideremos alternativas sobre cómo y de dónde se identifica y selecciona a los posibles beneficiarios.
3. No reinventar la rueda
Debemos reconocer y aprovechar las redes, los esfuerzos y las estrategias existentes —en particular los de nuestros beneficiarios— en apoyo de nuevos modelos de financiación. El año 2020 fue un recordatorio contundente de la rapidez y la creatividad con que los emprendedores sociales pueden reorientarse, amplificar su labor y utilizar sus redes para afrontar los desafíos de una crisis. Debemos aprovechar y seguir apoyando estas nuevas redes (como Catalyst2030), los marcos colaborativos (como @Alliance4Socent) y las estrategias adaptativas que han surgido en los últimos meses.
4. Desplazar el centro de poder
Hacer frente a los problemas subyacentes de desigualdad en nuestros sistemas sociales que salieron a la luz en 2020 requerirá la experiencia y las perspectivas de quienes tienen interés en verlos desmantelados o transformados. Una forma en que lo hemos hecho ha sido situar a los emprendedores sociales en el centro del proceso de financiación, creando un espacio de auténtica colaboración que permita la toma de decisiones y la rendición de cuentas compartidas, promueva la flexibilidad y la transparencia, y acepte la experimentación y el fracaso. Este debe convertirse en un enfoque estándar para los financiadores.
5. Hacerlo a nivel local
La naturaleza hiperlocal de la pandemia ha significado que la mayoría de las intervenciones deben tener en cuenta las variaciones en los sistemas geográficos, económicos, políticos y de salud pública entre países y ciudades, y dentro de ellos. La mayor necesidad y oportunidad para combatir el impacto a largo plazo de la crisis se encuentra a nivel comunitario. Es crucial que trabajemos codo con codo con nuestras comunidades para comprender sus necesidades y prioridades específicas, así como la forma en que podemos beneficiarnos conjuntamente de la colaboración durante los años venideros.
El llamamiento a formas más creativas y eficientes de financiar a los emprendedores sociales ciertamente no es nuevo; lo que sí es nuevo es la conciencia de las flagrantes desigualdades que han salido a la luz y se han agravado con la pandemia.
A medida que hemos llegado a comprender y afrontar la fragilidad de nuestros sistemas y a entender la magnitud de la crisis, también debemos considerar qué papel queremos desempeñar los financiadores para dar forma a una «nueva normalidad» y adoptarla. Tenemos la oportunidad y la obligación de hacer las cosas de otra manera; que «reconstruyamos mejor» dependerá de ello.


