La pandemia de COVID-19 se ha convertido prácticamente en la pandemia de Delta, ya que la variante representa más del 90% de los casos en todo el mundo.
Se ha creado una visualización que compara la cepa original de COVID-19 con la variante Delta.
Las principales diferencias identificadas en la variante Delta muestran que las personas infectadas tienden a enfermarse más rápido y con mayor gravedad.
A finales de 2020, se detectó en India una variante del COVID-19 que empezó a propagarse rápidamente.
Poco después de recibir la etiqueta «Delta», empezó a convertirse en la cepa predominante del COVID-19 en los países donde se transmitía. Se propagó más rápido que tanto la enfermedad original como otras variantes, incluida «Alfa», que se había establecido en el Reino Unido.
Ahora la pandemia de COVID-19 se ha convertido prácticamente en la pandemia de Delta, ya que la variante representa más del 90% de los casos en todo el mundo.
Pero ¿en qué se diferencia la variante Delta del COVID-19 de la enfermedad original? Reunimos estudios publicados hasta septiembre de 2021 para destacar las principales diferencias entre el COVID-19 y la variante dominante. Entre las fuentes figuran los CDC, Yale Medicine y la Universidad de California.
COVID-19 frente a la variante Delta del COVID-19
A primera vista, las infecciones causadas por la variante Delta son similares a la enfermedad original de COVID-19. Entre los síntomas notificados por los pacientes figuran tos, fiebre, dolor de cabeza y pérdida del olfato.
Pero los estudios mostraron que la diferencia radicaba en la rapidez con que enfermaban y la gravedad de la enfermedad:
Velocidad de propagación: La rapidez con que la infección se propaga en una comunidad (según el R0 o número reproductivo básico). La variante Delta se propagó un 125% más rápido que la enfermedad original, lo que la hacía potencialmente tan contagiosa como la varicela.
Carga viral: Cantidad de virus detectable en la sangre de una persona infectada; las cargas más altas se correlacionan con infecciones más graves. Las infecciones por Delta presentaban una carga viral 1000 veces mayor.
Detección del virus: Tiempo que transcurre desde la exposición hasta que el virus es detectable en la sangre de una persona infectada. Se descubrió que el virus de las infecciones por Delta era detectable cuatro días después de la exposición, antes que el de la enfermedad original (seis días).
Período de contagio: Tiempo durante el cual una persona infectada puede transmitir el virus a otras, desde el momento en que estuvo expuesta por primera vez. Las infecciones por Delta eran contagiosas durante más tiempo que las infecciones tradicionales de COVID-19: 18 días frente a 13 días.
Riesgo de hospitalización: ¿Cuánto más o menos probable es que una infección requiera hospitalización para recibir tratamiento? Las infecciones causadas por la variante Delta tenían el doble de probabilidades de causar hospitalización que la enfermedad original.
Otro hallazgo importante de los estudios fue que las vacunas existentes contra el COVID-19 ayudaban a combatir las infecciones por Delta.
Los CDC determinaron que las vacunas aprobadas reducían la tasa de infección 5 veces y la tasa de hospitalización 29 veces en los casos de infección posvacunación. También determinaron que la eficacia general contra la infección puede disminuir con el tiempo y que las personas en riesgo podrían necesitar una dosis de refuerzo.
¿Qué ocurre con las otras variantes del COVID-19?
Delta es solo una de las muchas variantes del COVID-19 que vigilan las autoridades sanitarias, pero es la que mejor conocemos.
Esto se debe a que se necesitan miles de casos para hacer comparaciones y obtener estadísticas e información fiables sobre las enfermedades. Sabemos mucho sobre Delta (y sobre la cepa Alfa del Reino Unido, que antes era dominante) por lo extendidas que llegaron a estar, pero no ha habido suficientes casos de otras variantes para evaluar sus diferencias de manera fiable.
¿Cómo ha abordado el Foro la respuesta mundial al COVID-19?
En septiembre de 2021, la OMS seguía la evolución de 20 variantes del COVID-19 en todo el mundo, clasificadas según su posible gravedad:
14 variantes bajo seguimiento (VUM): Variantes que se considera que no suponen, o que ya no suponen, un riesgo importante para la salud mundial.
2 variantes de interés (VOI): Variantes que afectan a la transmisibilidad, la virulencia, la mutación y otras características del virus, y que se propagan en grupos.
4 variantes preocupantes (VOC): Tienen características similares a las de las VOI, pero además están asociadas a un riesgo mundial.
La mayoría de las variantes de interés y preocupantes actuales se identificaron y clasificaron por primera vez a finales de 2020, aunque también están apareciendo variantes de 2021.
¿Debería preocuparnos la existencia de todas estas variantes? En general, la falta de casos que permitan obtener información clara también indica que son iguales o menos graves que las infecciones tradicionales de COVID-19.
Pero es importante tener en cuenta que nuestra comprensión de las enfermedades y sus variantes se vuelve más precisa y matizada con el tiempo. A medida que la investigación avance durante más tiempo y abarque una base de datos de casos más amplia, la información sobre las variantes del COVID-19 (y sobre cualquier enfermedad) será más concluyente.





