¿Cada vez tienes más olvidos a medida que envejeces? Esta es la razón

A trader reacts after the closing bell of the New York Stock Exchange on November 5, 2008. U.S. stocks plummeted on Wednesday, a day after Barack Obama's historic victory in the U.S. presidential election, as a fresh batch of dismal economic data underscored the massive challenges awaiting his administration. REUTERS/Lucas Jackson (UNITED STATES) - RTXAAW0
Research reveals why short-term memory gets worse with age.Image: REUTERS/Lucas Jackson
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¿Cómo es posible que recordemos algunos acontecimientos con gran detalle, mientras que otros recuerdos parecen desvanecerse con el tiempo? Nuestra memoria cambia con la edad, así que quizá tengamos un lapsus al ir a buscar algo a la habitación de al lado, pero seguimos siendo capaces de recordar con gran detalle acontecimientos históricos importantes. ¿Pero por qué?

Un aspecto importante de la formación y la retención de los recuerdos son las asociaciones que construimos entre la información que después intentamos recordar y otros detalles. Por ejemplo, cuándo y dónde ocurrió el acontecimiento, quiénes estaban allí o qué sentimos en ese momento. Estos detalles no solo nos sirven como pistas para buscar en la memoria, sino que también permiten ese viaje mental en el tiempo que todos experimentamos al evocar recuerdos detallados, de modo que sentimos que podemos revivir una experiencia en nuestra mente.

Los científicos llaman a esta experiencia rememoración, y algunos la distinguen de la familiaridad, que se refiere a la sensación general de que ya hemos vivido algo, aunque no logremos precisar todos los detalles del acontecimiento. Por ejemplo, ves a alguien en el supermercado o en el transporte público que te resulta muy familiar al instante, pero no logras recordar quién es.

La sensación de familiaridad es muy rápida: puedes detectar enseguida que quizá conozcas a esa persona; en cambio, recordar quién es y los detalles sobre ella lleva algo más de tiempo (con suerte, antes de que se acerque). Este es un ejemplo de cómo los procesos difieren en el plano subjetivo, o fenomenológico, como se lo denomina.

Qué ocurre en el cerebro

Además de las diferencias conductuales y fenomenológicas que hacen que la familiaridad y la rememoración de un rostro parezcan distintas entre sí, las investigaciones también han indicado que estos fenómenos dependen de distintas áreas del cerebro. El hipocampo, situado en los lóbulos temporales mediales del cerebro, participa activamente en la formación de las asociaciones que favorecen la rememoración, mientras que las cortezas perirrinal y entorrinal cercanas parecen ser más importantes para la familiaridad.

Las investigaciones han demostrado que la capacidad de recuperar los detalles de un acontecimiento y la experiencia fenomenológica de rememorarlo disminuyen con la edad, mientras que la familiaridad se mantiene relativamente igual independientemente de la edad. Los estudios también han demostrado que la integridad estructural del hipocampo disminuye a medida que aumenta la edad, mientras que la corteza entorrinal muestra cambios mínimos de volumen. En otras palabras, áreas del cerebro como el hipocampo, importantes para la rememoración, tienden a reducir su volumen, mientras que las áreas que sustentan la familiaridad se mantienen más intactas a medida que envejecemos.

Los científicos también saben que la memoria no funciona como una grabadora perfecta: a menudo no solo olvidamos información, sino que también la recordamos mal, incluso cuando sentimos que evocamos una experiencia con viveza y precisión. Como a las personas mayores les cuesta cada vez más recuperar detalles específicos de un acontecimiento, podrían ser más propensas a tener falsos recuerdos.

Cómo evitar que los recuerdos se desvanezcan

Entonces, ¿qué se puede hacer para prevenir o revertir estos cambios en la vejez? No existe ninguna píldora mágica ni superalimento que pueda protegernos, pero las investigaciones sugieren varias estrategias que pueden mitigar algunos de los efectos más difíciles del envejecimiento sobre la memoria.

Una solución popular que suele recomendarse es hacer tantos crucigramas y sudokus como sea posible. La idea parece perfectamente lógica: si pensamos en el cerebro como en un músculo, deberíamos ejercitarlo todo lo posible para mantenerlo ágil y en forma. Sin embargo, hasta ahora hay muy pocas pruebas que respalden esta creencia.

En el mejor de los casos, puedes esperar llegar a ser muy bueno haciendo crucigramas y sudokus, pero las pruebas de investigación respaldan menos que esas habilidades se transfieran a otras capacidades más distantes, como razonar de forma más abstracta o recordar más información; hay menos respaldo en las pruebas de investigación. Así que, desde luego, sigue haciendo crucigramas si te gusta, pero no te creas ni te dejes llevar por el bombo de que este tipo de entrenamiento cerebral evitará el deterioro cognitivo o la demencia.

El método que probablemente ayude más es, sencillamente, hacer más ejercicio físico, en particular ejercicio aeróbico. Las investigaciones sobre los beneficios del ejercicio para la salud física, así como para la salud mental y las capacidades cognitivas, ofrecen conclusiones mucho más firmes que las relativas al entrenamiento cerebral. No hace falta que sea un ejercicio extenuante que implique correr maratones. Algo tan sencillo como caminar a paso ligero, o cualquier actividad que acelere el corazón y te haga sudar, aporta claros beneficios al rendimiento de la memoria. Las investigaciones también han indicado que, como resultado del ejercicio aeróbico, aumenta el volumen de áreas del cerebro importantes para la memoria, como el hipocampo.

Así que el mejor consejo para mejorar la memoria es aprovechar esa media hora que quizá habrías dedicado a hacer un sudoku para dar un agradable paseo con un amigo.

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