Vacuna contra el coronavirus: ¿cuánto tardaremos en tener una?

A staff member works as media visit the Microbiology Laboratory of the University Hospital (CHUV) during the coronavirus disease (COVID-19) outbreak in Lausanne, Switzerland, March 23, 2020. REUTERS/Denis Balibouse - RC2NPF9UFLZ4
It's complicated ... most vaccines used today took between 5-15 years to perfect.Image: REUTERS/Denis Balibouse
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  • Es probable que se necesiten al menos 18 meses para que una vacuna contra la COVID-19 llegue al mercado.

  • Los posibles tratamientos requieren pruebas y financiación.

  • Organizaciones internacionales están ayudando a financiar la investigación.

La COVID-19 es nueva y los científicos saben poco sobre cómo se comporta y se propaga. Crear una vacuna para proteger a las personas contra el nuevo coronavirus costará miles de millones de dólares y podría llevar muchos meses. Estas son algunas de las razones.

Es complejo fabricar vacunas

La tecnología permite explorar nuevos métodos para probar candidatos a vacunas, pero ya existen algunos métodos probados y comprobados para fabricarlas.

En todos ellos, los científicos intentan estimular el sistema inmunitario del organismo para combatir patógenos invasores. Esto suele hacerse creando algo tan parecido al patógeno que el organismo empieza a producir anticuerpos para combatir al patógeno real.

La forma más común de hacerlo es fabricar lo que se conoce como vacunas atenuadas: las que se elaboran a partir de cepas debilitadas del patógeno real. Se cultivan en células animales fuera del cuerpo humano (algunas vacunas contra la gripe se cultivan en huevos de gallina); después se extraen y se inyectan en una única dosis pequeña.

Las vacunas contra el sarampión y la tuberculosis se crean de esta manera.

El número de adultos de EE. UU. que se vacunarían contra la COVID-19 aumentó entre febrero y marzo.Image: Statista

Vacunas inactivadas, por otro lado, se obtienen identificando las proteínas activas de un virus que le permiten invadir las células humanas. Para ello, se toman muestras muertas del patógeno y se estudia su composición genética, de modo que los científicos puedan replicarlas en grandes cantidades. Cuando se inyectan en una persona, el organismo vuelve a ponerse a trabajar para crear los anticuerpos necesarios.

A menudo, estas vacunas requieren varias dosis a lo largo del tiempo, incluidas las que protegen contra enfermedades como la rabia y la poliomielitis.

También existen las vacunas basadas en nnucleótidos, que buscan replicar el material genético de un virus: el ADN y el ARN. Este método estimula la propia producción de ese material viral por parte del organismo para que genere los anticuerpos necesarios.

Las vacunas requieren muchas pruebas

La mayoría de las vacunas en las que confiamos hoy tardaron entre cinco y 15 años en perfeccionarse.

Una vacuna basada en ADN contra el virus del Zika, que la Organización Mundial de la Salud declaró una emergencia de salud pública en 2016, estuvo lista para los ensayos clínicos siete meses después de su diseño, pero eso es inusual.

Ya hay al menos 35 empresas e instituciones académicas que compiten por crear una vacuna contra la COVID-19, y al menos cuatro candidatos están en fase de pruebas con animales. Además, pronto uno de ellos entrará en ensayos en humanos. Pero ese es solo un obstáculo superado.

Como dijo Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE. UU.: «Una vacuna que se crea y empieza a probarse en un año no es una vacuna que pueda distribuirse. [Llevará] entre un año y un año y medio, por rápido que se avance».

Las vacunas deben someterse a pruebas rigurosas para garantizar que no solo funcionen, sino que tampoco provoquen otros efectos secundarios peligrosos.

La metodología de los ensayos consta de tres fases:

1. Pruebas con un pequeño número de adultos sanos

2. Pruebas con un mayor número de adultos en una zona donde se haya propagado la enfermedad

3. Pruebas con miles de personas en una zona donde se haya propagado la enfermedad

Cada una de estas etapas puede durar entre seis y ocho meses, pero aunque el candidato a vacuna llegue hasta ahí —muchos se abandonan o fracasan antes—, los organismos reguladores deben estudiarlo antes de conceder la aprobación.

«Reducir todo el plazo desde la concepción hasta obtener un producto que pueda distribuirse a uno o dos años es una tarea realmente hercúlea», afirmó Jon Andrus, profesor adjunto de vacunología global y política de vacunas en el Instituto Milken de Salud Pública de la Universidad George Washington.

La buena noticia

Una vez que un candidato a vacuna supera todos esos obstáculos, el reto consiste en producirlo en el volumen necesario para poner fin a una pandemia.

Varias organizaciones están ayudando a financiar el proceso. Entre ellas está CEPI, con sede en Noruega, la Coalición para las Innovaciones en Preparación ante Epidemias.

Se puso en marcha por primera vez en la Reunión Anual del Foro Económico Mundial en Davos, en 2017, con el propósito de reunir a organizaciones públicas, privadas, filantrópicas y civiles para desarrollar vacunas contra las epidemias.

Con el respaldo, entre otros donantes, de la Fundación Bill y Melinda Gates, en 2020 CEPI anunció una nueva alianza para desarrollar una vacuna contra la COVID-19.

Ha emitido un llamamiento urgente para obtener 2.000 millones de dólares en nueva financiación, con el fin de ampliar desde el inicio el número de candidatos a vacunas, aumentar las probabilidades de éxito y financiar los ensayos clínicos.

«Nuestra ambición es contar con al menos tres candidatos a vacunas que puedan presentarse ante las autoridades reguladoras para obtener la autorización de uso general o en brotes».

CEPI ya ha proporcionado financiación a varias organizaciones e instituciones que trabajan en vacunas, entre ellas:

  • Inovio Pharmaceuticals: Su vacuna basada en ADN ha comenzado los ensayos preclínicos, lo que significa que la empresa está lista para probar su candidato en humanos.

  • GlaxoSmithKline: Está desarrollando una vacuna de «pinza molecular», que contendría la proteína que permite a la COVID-19 entrar en las células humanas. Este método fue desarrollado por la Universidad de Queensland, en Australia.

  • Moderna: La empresa estadounidense ya ha comenzado a probar un tratamiento basado en ARN.

Aún está por verse cuánto tiempo llevará contar con una vacuna eficaz contra la COVID-19. Por ahora, la mejor manera de reducir el riesgo de infección es seguir las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud sobre el lavado de manos y el distanciamiento social.

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