Usar la vida social para mejorar la salud

A couple strolls on a sunny autumn day in St James's Park in London October 24, 2010. REUTERS/Luke MacGregor (BRITAIN - Tags: ENVIRONMENT)
Increased interaction with friends and family could boost patients' health.Image: REUTERS/Luke MacGregor
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Para fomentar hábitos y conductas saludables, los médicos deberían aprovechar la relación de los pacientes con sus amigos y familiares, en lugar de aumentar sus interacciones con profesionales sanitarios.

En una nueva perspectiva publicada por el New England Journal of Medicine, economistas conductuales proponen una escala de cinco peldaños para diseñar eficazmente interacciones sociales que promuevan la salud y evaluar su aceptación y eficacia.

«Es más probable que los cónyuges y los amigos estén cerca de los pacientes cuando estos toman decisiones que afectan a su salud, como salir a caminar en vez de ver la televisión o decidir qué pedir en un restaurante. También es más probable que los pacientes adopten conductas saludables, como ir al gimnasio, cuando pueden hacerlo con un amigo», explica el coautor David Asch, profesor de Medicina en la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania y director del Centro de Innovación en Atención Sanitaria de Penn Medicine.

«Aunque las personas que nos rodean nos influyen más a diario que los médicos y enfermeros con quienes solo interactuamos de vez en cuando, estas interacciones gratuitas siguen estando muy poco aprovechadas para diseñar incentivos sociales en favor de la salud. Es una oportunidad perdida».

Ante estas oportunidades desaprovechadas y los elevados costes que supone para médicos y enfermeros hacer un seguimiento de sus pacientes, los autores afirman que es importante diseñar interacciones sociales que movilicen el apoyo social con el que ya cuentan los pacientes y permitan a las organizaciones evaluar su aceptación.

«La preocupación por la privacidad suele ser el motivo por el que los médicos y los hospitales evitan organizar el apoyo social», afirma Asch. «Pero, aunque la privacidad es muy importante para algunos pacientes en determinadas circunstancias, lo más habitual es que a los pacientes les encante que sus amigos y familiares les ayuden a controlar la diabetes, y que estos quieran ayudarles a mantener su salud bajo control».

Los autores definen una escala con peldaños de apoyo social cada vez mayores, desde la ausencia de interacción social —por ejemplo, cuando se espera que un paciente tome sus medicamentos como parte de una rutina, sin que nadie lo vea ni le pida cuentas— hasta un diseño que recurre a incentivos reputacionales o económicos e incorpora equipos u otras fórmulas para que los pacientes rindan cuentas de sus conductas y hábitos de salud.

Image: Universidad de Pensilvania

«Aunque normalmente no pensamos que la competencia o la colaboración entre pacientes formen parte del tratamiento de enfermedades crónicas como la hipertensión, la insuficiencia cardíaca o la diabetes, las investigaciones muestran que la conducta es contagiosa y que los programas que aprovechan estas relaciones naturales pueden ser muy eficaces», afirma el coautor Roy Rosin, director de Innovación de Penn Medicine.

«La mayoría de las intervenciones sanitarias están diseñadas para cada paciente individual, pero cada vez hay más investigaciones que muestran cómo las organizaciones sanitarias pueden usar estrategias de interacción social para mejorar la salud de los pacientes que desean participar en actividades grupales o competiciones por equipos orientadas a mejorarla».

Por ejemplo, en el cuarto peldaño, donde los incentivos sociales se diseñan con apoyo mutuo, los autores citan un estudio en el que se pidió a algunos pacientes con diabetes que hablaran por teléfono semanalmente con sus pares —una técnica conocida como mentoría recíproca—, mientras que otros recibieron la atención habitual dirigida por enfermeros. Los resultados mostraron que quienes trabajaron directamente con sus pares experimentaron una reducción más significativa de los niveles de hemoglobina glucosilada que quienes trabajaron con el personal clínico.

«Desde luego, la atención sanitaria es un asunto serio», afirma Asch, «pero ¿quién dice que no puede ser social?»

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