Corremos el riesgo de una recuperación de la COVID-19 de «dos velocidades». Así puede evitarse

A pregnant Brazilian woman, Carolina de Lima, receives a dose of Pfizer/BioNTech coronavirus disease (COVID-19) vaccine in Sao Paulo, Brazil June 7, 2021.
Low vaccination rates is just one challenge the global economy faces.Image: REUTERS/Carla Carniel
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  • La recuperación mundial de la COVID-19 avanza, en líneas generales, en consonancia con las proyecciones de abril del FMI, que prevén un crecimiento del 6 por ciento este año.

  • Sin embargo, los datos más recientes también confirman una divergencia cada vez mayor en la evolución económica, con un gran número de países quedándose cada vez más rezagados.

  • El mundo se enfrenta a una recuperación de dos velocidades cada vez más marcada, impulsada por diferencias drásticas en la disponibilidad de vacunas, las tasas de infección y la capacidad de ofrecer apoyo político.

  • Es un momento crítico que exige una acción urgente por parte de los países del G20 y de los responsables de políticas de todo el mundo.

Cuando los ministros de Finanzas y los gobernadores de los bancos centrales del G-20 se reúnan esta semana en Venecia, podrán inspirarse en el espíritu inquebrantable de la ciudad.

Como primer centro financiero internacional del mundo, Venecia ha afrontado durante siglos los vaivenes de la evolución económica, al tiempo que se ha visto afectada directamente por el cambio climático. Esta extraordinaria resiliencia es más necesaria que nunca, ya que los responsables de políticas siguen enfrentándose a desafíos extraordinarios.

La buena noticia es que la recuperación mundial avanza, en líneas generales, en consonancia con las proyecciones de abril del FMI de un crecimiento del 6 por ciento este año. Tras una crisis sin precedentes, en algunos países estamos viendo una recuperación también sin precedentes, impulsada por una combinación de un sólido apoyo fiscal y monetario y una rápida vacunación.

En Estados Unidos, por ejemplo, proyectamos un crecimiento del 7 por ciento este año, el más alto desde 1984. La recuperación también está ganando impulso en China, la zona del euro y otras economías avanzadas y emergentes.

Sin embargo, los datos más recientes también confirman una divergencia cada vez mayor en la evolución económica, con un gran número de países quedándose cada vez más rezagados.

El mundo se enfrenta a una recuperación de dos velocidades cada vez más marcada, impulsada por diferencias drásticas en la disponibilidad de vacunas, las tasas de infección y la capacidad de ofrecer apoyo político. Es un momento crítico que exige una acción urgente por parte del G20 y de los responsables de políticas de todo el mundo.

Como se indica en nuestra nota para la reunión del G20, la velocidad es fundamental. Estimamos que un acceso más rápido a las vacunas para las poblaciones de alto riesgo podría salvar más de medio millón de vidas solo en los próximos seis meses.

Compartir más rápidamente las vacunas para cubrir a las poblaciones de alto riesgo a nivel mundial podría salvar más de medio millón de vidas este año.Image: FMI

Peligros de la divergencia

Las bajas tasas de vacunación hacen que los países más pobres estén más expuestos al virus y sus variantes. Aunque la variante Delta preocupa en todas partes, incluidos los países del G20, ahora está provocando un brutal aumento de las infecciones en el África subsahariana. En esa región, menos de 1 adulto de cada 100 está completamente vacunado, frente a un promedio de más del 30 por ciento en las economías más avanzadas. Las poblaciones no vacunadas, en cualquier lugar, aumentan el riesgo de que surjan variantes aún más letales, lo que socava los avances en todas partes e inflige más daños a la economía mundial.

La reducción de los recursos fiscales dificultará aún más que los países más pobres impulsen la vacunación y apoyen sus economías. Esto dejará a millones de personas desprotegidas y expuestas al aumento de la pobreza, la falta de vivienda y el hambre. La crisis ya ha provocado un aumento de la inseguridad alimentaria, y en muchos países crece la preocupación por nuevos repuntes de la inflación de los precios de los alimentos.

El mundo también sigue de cerca el reciente repunte de la inflación, en particular en Estados Unidos. Sabemos que una recuperación más rápida en Estados Unidos beneficiará a muchos países a través de un mayor comercio, y que las expectativas de inflación se han mantenido estables hasta ahora. Sin embargo, existe el riesgo de un aumento más sostenido de la inflación o de sus expectativas, lo que podría exigir un endurecimiento de la política monetaria estadounidense antes de lo previsto. Otros países se enfrentan a desafíos similares por el alza de los precios de las materias primas y los alimentos.

Un aumento de los tipos de interés en Estados Unidos podría provocar un endurecimiento abrupto de las condiciones financieras mundiales y salidas de capital significativas de las economías emergentes y en desarrollo. Ello supondría grandes desafíos, especialmente para los países con grandes necesidades de financiación externa o niveles elevados de deuda.

Cabe reiterar que este es un momento crítico para el mundo. Si queremos hacer frente a esta recuperación de dos velocidades, que se agrava, debemos adoptar ya medidas de política urgentes.

En primer lugar, intensificar la cooperación internacional para poner fin a la pandemia.

Los beneficios económicos serían extraordinarios, y salvar potencialmente cientos de miles de vidas en los próximos meses es un imperativo moral. Los costos son relativamente bajos.

El personal del FMI esbozó recientemente un plan de 50 000 millones de dólares que podría generar billones de dólares gracias a una implementación más rápida de las vacunas y a una recuperación acelerada. Sería la mejor inversión pública de nuestras vidas y un factor de cambio global.

Para acelerar la implementación de las medidas descritas en este plan, el FMI, el Banco Mundial, la OMS y la OMC han creado una ‘ sala de guerra ’. En nuestra primera reunión de la semana pasada, convocada por el Banco Mundial, acordamos trabajar juntos para ayudar a seguir, coordinar y acelerar la entrega de herramientas sanitarias vitales a los países en desarrollo, y para movilizar a los responsables de políticas con el fin de eliminar obstáculos críticos.

El respaldo del G20 y de otras economías marcará toda la diferencia al refrendar el objetivo de vacunación de al menos el 40 por ciento de la población en todos los países a finales de 2021, y de al menos el 60 por ciento para la primera mitad de 2022.

Para alcanzar estos objetivos, las medidas críticas incluirían un mayor reparto de dosis con el mundo en desarrollo; el apoyo a la financiación en forma de donaciones y en condiciones concesionarias para aumentar y diversificar la producción de vacunas, y reforzar la entrega, el diagnóstico y los tratamientos a nivel nacional; y la eliminación de todas las barreras a las exportaciones de insumos y vacunas terminadas, así como de otras barreras a las operaciones de la cadena de suministro.

También es esencial adaptarse con rapidez a las circunstancias cambiantes, como el aumento de las infecciones en el África subsahariana. El suministro rápido de paquetes de emergencia, que incluyan oxígeno, material para pruebas, equipos de protección personal y tratamientos, a los países en desarrollo del África subsahariana y a otras regiones afectadas es clave para proteger vidas.

En segundo lugar, intensificar los esfuerzos para asegurar la recuperación.

Encabezadas por las economías del G-20, las medidas extraordinarias y sincronizadas adoptadas en todo el mundo incluyen unos 16 billones de dólares en acciones fiscales. Ahora es el momento de basarse en estos esfuerzos con medidas adaptadas a la exposición de cada país a la pandemia y a su margen de maniobra en materia de políticas.

En los países donde las infecciones aumentan rápidamente, es fundamental que el sistema sanitario y los hogares y empresas vulnerables sigan recibiendo apoyo. Esto exige medidas fiscales selectivas, dentro de marcos creíbles a medio plazo.

Una vez que las mejoras en los indicadores sanitarios permitan normalizar la actividad, los gobiernos deberían reducir gradualmente los programas de apoyo, al tiempo que aumentan el gasto social y los programas de formación para amortiguar el impacto en los trabajadores. Esto ayudaría a cicatrizar las secuelas de la crisis, que afectó especialmente a los jóvenes, las mujeres y las personas poco cualificadas.

Asegurar la recuperación también requiere mantener la acomodación monetaria en la mayoría de los países. Esto debe ir acompañado de un seguimiento estrecho de los riesgos para la inflación y la estabilidad financiera. En los países donde la recuperación se está acelerando, incluido Estados Unidos, será esencial evitar reaccionar en exceso a los aumentos transitorios de la inflación.

Para mantener bien ancladas las expectativas de inflación, los principales bancos centrales deben comunicar cuidadosamente sus planes de política. Esto también ayudaría a evitar una volatilidad financiera excesiva, tanto en el país como en el extranjero. La clave es prevenir el tipo de contagios que vimos a principios de este año.

Una comunicación cuidadosa por parte de los principales bancos centrales podría ayudar a evitar una huida rápida de los activos de los mercados emergentes.Image: FMI

En tercer lugar, intensificar el apoyo a las economías vulnerables.

Los países más pobres se enfrentan a un doble golpe devastador: corren el riesgo de perder la carrera contra el virus y podrían perder la oportunidad de sumarse a una transformación histórica hacia una nueva economía mundial basada en cimientos ecológicos y digitales.

Estimamos que los países de bajos ingresos deben desplegar unos 200 000 millones de dólares durante cinco años solo para combatir la pandemia. Y luego otros 250 000 millones de dólares para disponer del margen fiscal necesario para emprender reformas transformadoras, de modo que puedan retomar el camino de alcanzar niveles de ingreso más altos. Solo pueden cubrir una parte de esa cantidad por sus propios medios. Por ello, es vital que las naciones más ricas redoblen sus esfuerzos, especialmente en materia de financiación en condiciones concesionarias y de gestión de la deuda.

La Iniciativa del G20 de Suspensión del Servicio de la Deuda ha proporcionado un margen de maniobra fiscal. Pero, dada la necesidad de ofrecer un alivio permanente de la deuda, debemos poner en pleno funcionamiento el nuevo Marco Común. Chad, por ejemplo, recibió garantías de financiación de sus acreedores bilaterales del G20, y ahora necesitamos compromisos rápidos, en términos comparables, por parte de los acreedores privados.

También alentamos firmemente la constitución oportuna del comité de acreedores para permitir la ejecución de la operación de deuda que solicita Etiopía. El éxito de los primeros casos del Marco Común es fundamental para otros países con cargas de deuda insostenibles o necesidades de financiación prolongadas. Estos países también deberían buscar una actuación temprana para la resolución o el reperfilamiento de la deuda .

El papel del FMI

Por su parte, el FMI ha intensificado su labor de manera sin precedentes, al proporcionar 114 000 millones de dólares en nueva financiación a 85 países y alivio del servicio de la deuda para nuestros miembros más pobres. Hemos recibido apoyo para aumentar los límites de acceso, de modo que podamos ampliar nuestra capacidad de préstamos a tipo de interés cero. Y estamos estudiando una nueva «ventana para vacunas» dentro de nuestros servicios de financiación de emergencia, que apoyaría a los países en la financiación de programas de vacunación en caso necesario.

Nuestros miembros también respaldan una nueva asignación de Derechos Especiales de Giro por valor de 650 000 millones de dólares, la mayor emisión en la historia del FMI. Esta complementará las reservas y ayudará a todos nuestros países miembros, especialmente a los más vulnerables, a atender sus necesidades urgentes, incluidas las vacunas. Nuestro Directorio Ejecutivo debatió recientemente la propuesta y esperamos que el proceso de asignación concluya a finales de agosto.

Además, estamos trabajando para ampliar el impacto de la nueva asignación de DEG, mediante el fomento de la canalización voluntaria de parte de los DEG, junto con préstamos presupuestarios, para alcanzar una ambición mundial total de 100 000 millones de dólares para los países más pobres y vulnerables. Estamos estudiando con nuestros miembros formas de lograrlo, incluso a través de nuestro Fondo Fiduciario para la Reducción de la Pobreza y el Crecimiento (PRGT) y, posiblemente, de un nuevo Fondo Fiduciario para la Resiliencia y la Sostenibilidad (RST).

La reunión del G20 de esta semana es una oportunidad para avanzar en el plan de un nuevo RST, que apoyaría a las naciones de bajos ingresos, así como a los países de ingreso mediano más pobres y vulnerables, devastados por la pandemia. Les ayudaría en la transformación estructural, incluida la respuesta a los desafíos relacionados con el clima.

Para intensificar aún más la acción frente al cambio climático, el personal del FMI propuso recientemente un precio mínimo internacional del carbono. Dicho precio mínimo podría ayudar a acelerar la transición hacia un crecimiento bajo en carbono a lo largo de esta década, y pretendemos defenderlo con firmeza en la Conferencia de Venecia del G20 sobre el Clima de esta semana.

En materia fiscal, acogemos con gran satisfacción el histórico acuerdo alcanzado por 130 países en el marco del Marco Inclusivo de la OCDE/G20. En virtud de este acuerdo, un tipo mínimo del impuesto de sociedades ayudará a garantizar que las empresas muy rentables paguen su parte justa en todas partes. Sabemos por nuestra propia investigación que los regímenes de impuesto mínimo pueden ayudar a los países a preservar su base imponible del impuesto de sociedades y a movilizar ingresos. Esto es ahora más importante que nunca.

Décadas de competencia fiscal han alimentado una carrera a la baja, privando así a muchos países de los recursos necesarios para realizar inversiones vitales en salud, educación, infraestructuras y políticas sociales. Las políticas fiscales se vieron sometidas a una presión adicional durante la pandemia, lo que dificulta aún más invertir en las transformaciones ecológica y digital. Por tanto, aprovechemos este momento crucial para construir un sistema fiscal internacional más justo y eficaz, adaptado al siglo XXI.

Cuando las generaciones futuras miren atrás hacia este momento, espero que vean el espíritu inquebrantable de Venecia en nuestra colaboración. Podemos poner fin a la pandemia y convertir esta recuperación de dos velocidades en un crecimiento sincronizado y sostenible, actuando con decisión y actuando juntos.

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