Alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 3: Salud y bienestar requerirá y se beneficiará de una amplia participación del sector educativo.
Tanto el bienestar físico como el mental son fundamentales para alcanzar este Objetivo, y las universidades pueden desempeñar un papel decisivo impulsando la investigación y actuando también como centros de salud física y mental.
Se necesitan15 millones de profesionales de la salud más para 2030, y las universidades deben formar parte del esfuerzo a gran escala para capacitar a esta cohorte mundial de trabajadores de la salud.
La salud y la educación están profundamente entrelazadas. Es más probable que las personas con educación se den cuenta de que están enfermas, busquen servicios de atención médica y estén mejor informadas sobre las enfermedades en general.
Si el mundo quiere alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 3: Salud y bienestar, está claro que hace falta un enfoque multidisciplinario y con múltiples partes interesadas que tenga en cuenta la educación.
Las instituciones de educación superior, como las universidades, son puntos focales del progreso de la humanidad y de su avance colectivo, y pueden desempeñar un papel central en el logro del ODS 3.
La pandemia de COVID-19 se cobró la vida de 115.500 trabajadores de primera línea del sector de la salud en todo el mundo. No solo se trata de una trágica pérdida de vidas a gran escala, sino también de una advertencia. Se necesitan 15 millones de profesionales de la salud más para 2030. Esta grave escasez es resultado de la crónica falta de inversión en la educación y capacitación de los trabajadores de la salud, así como de la falta de correspondencia entre las estrategias educativas y las de empleo en los sistemas de salud.
Las universidades ya son centros clave de aprendizaje, sobre todo en lo que respecta a la educación de las mujeres. El 70 % de la fuerza laboral de los sectores de la salud y los servicios sociales son mujeres, por lo que invertir en ellas representa una oportunidad para crear empleos dignos.
Prevenir las crisis de salud mediante la educación
Es casi seguro que el mundo vivirá más emergencias de salud o pandemias. Sin embargo, reforzar la educación sanitaria puede crear un grupo de «primeros intervinientes».
Muchas universidades ya imparten cursos de paramedicina, pero hacen falta más cursos y diplomas que abarquen todos los aspectos de la atención médica y reduzcan las brechas en la fuerza laboral de la salud.
Se pueden ofrecer a los estudiantes cursos básicos de salud en emergencias y primeros auxilios, acreditados por organizaciones como la Cruz Roja o los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades. Esta capacitación sería invaluable durante una crisis de salud nacional o mundial y también ayudaría a los estudiantes a responder a las necesidades de salud inmediatas de sus familias y comunidades locales, tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo, donde la atención médica es inaccesible o inasequible.
Alrededor del 80 % de la educación médica se centra en la biología, pero el 60 % de las muertes prematuras se deben a factores «no biológicos». La «ciencia de los sistemas de salud» debería ser un tercer pilar de la educación médica, en pie de igualdad con las ciencias médicas básicas y clínicas. Debería abarcar la salud de la población, las políticas de salud, los sistemas de prestación de atención médica y la atención interdisciplinaria.
Los estudiantes también pueden aprender sobre sistemas de salud de otras regiones mediante programas de intercambio, como los que ofrecen la Federación Internacional de Asociaciones de Estudiantes de Medicina, el Programa de Intercambio de Estudiantes de Medicina de Asia y la Facultad de Medicina Feinberg, que pueden dar a los estudiantes la oportunidad de conocer sistemas de salud de otras regiones.
Preservar el bienestar mental y físico
La buena salud no consiste únicamente en la ausencia de enfermedad, sino en un estado de bienestar físico y, sobre todo, mental. Cada 40 segundos una persona muere por suicidio. Mil millones de personas en todo el mundo viven con un trastorno mental; cerca del 50 % de estos casos se manifiestan ya a los 14 años.
En el caso de los jóvenes, las universidades suelen ser el lugar donde aparecen la ansiedad, la depresión y el abuso de sustancias. Son instituciones que forman a los jóvenes para que se conviertan en ciudadanos del mundo saludables física y mentalmente. Las universidades pueden promover una cultura de comunidad y bienestar mediante cursos y capacitación para estudiantes y personal. También pueden otorgar créditos académicos para fomentar el bienestar en los campus, por ejemplo, por ir en bicicleta a la universidad.
Centro Recreativo de la Universidad Drexel cuenta con un quiosco privado de salud mental abierto a cualquier persona que tenga preguntas o necesite asesoramiento. Quienes lo visitan reciben información sobre recursos y apoyo adicionales en materia de salud mental, según sea necesario. This Way Up, una colaboración entre la Organización Mundial de la Salud y la Universidad de Nueva Gales del Sur, ayuda a los estudiantes a comprender mejor sus emociones y a ponerse en contacto con profesionales clínicos que pueden supervisar su progreso; también ofrece cursos gratuitos de autoayuda en línea.
Las universidades como centros de innovación social
Los centros de innovación social (IS) con sede en universidades pueden servir como plataformas interdisciplinarias e intersectoriales para mejorar la cobertura de salud.
Muchas universidades ya actúan como facilitadoras del ecosistema de IS en la prestación de atención médica. Al aprovechar la capacidad de investigación existente en estas instituciones y combinarla con apoyo a empresas emergentes, las universidades pueden convertirse rápidamente en centros de innovación social.
Los estudios sugieren que las universidades pueden catalizar la innovación social en países de ingresos bajos y medios, y que ya hay varios proyectos en marcha también en el mundo desarrollado.
Entre las universidades estadounidenses con programas punteros en investigación sobre medicina de precisión figuran la Universidad de Columbia y la Universidad de California en San Francisco. En cuanto a los cursos de telemedicina, Cornell Health, de la Universidad Cornell y el Centro Médico Wexner de la Universidad Estatal de Ohio son excelentes ejemplos.
Las personas con educación están mejor informadas sobre las enfermedades, toman medidas preventivas, reconocen pronto los signos de enfermedad y tienden a utilizar los servicios de atención médica con más frecuencia. Una mejor educación para las mujeres suele traducirse en mejores resultados de salud para ellas y sus hijos, y acelera la transición de sus países hacia un crecimiento demográfico estable. Los jóvenes con más educación están más dispuestos a controlar el tamaño de sus familias e invertir en la salud y el bienestar de sus hijos. Estos efectos son especialmente importantes para las mujeres. La educación es una forma de proteger a los jóvenes de las conductas de riesgo.
Debemos acelerar el avance hacia el ODS 3. Es hora de que los responsables de formular políticas, los organismos autónomos y las instituciones públicas y privadas creen estrategias convergentes de educación y salud que sean «glocales»: enfoques mundiales con soluciones locales. Toda solución debe tener en cuenta la diversidad, la equidad y la inclusión.
No solo es hora de acelerar la conexión entre la atención médica y la educación, sino también de consolidar los avances logrados mediante estrategias que integren aún más ambos campos, en pos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU.
