El emprendimiento puede ofrecer una mayor variedad de opciones, así como rapidez y agilidad, a un mundo que se adapta a las secuelas de la COVID-19;
Las universidades proporcionan investigación, recursos, incentivos y políticas para apoyar a los emprendedores y al emprendimiento;
La educación y la formación en emprendimiento que ofrecen las universidades deberán ampliarse y adaptarse a las nuevas exigencias del Great Reset.
Muy elogiado por sus aportaciones a la lucha contra la COVID-19, el emprendimiento de base científica respaldado por las universidades debe también formar parte de la vanguardia de la respuesta mundial a la pandemia. A través de su compromiso, su docencia y su investigación, las universidades deben redoblar sus esfuerzos para trabajar junto con empresas, gobiernos y ONG en la búsqueda de nuevos modelos de negocio y políticas que contribuyan a hacer realidad «el Great Reset».
El emprendimiento es un comodín adaptativo en el complejo, emergente e incierto mundo post-COVID-19. La forma en que los emprendedores aprovechan nuevas oportunidades y asumen riesgos amplía la gama de opciones disponibles para el mundo mientras avanza hacia una sociedad más verde y justa. El emprendimiento universitario tiene un papel crucial que desempeñar para reconstruir los cimientos del sistema económico y social, con miras a un futuro más equitativo, sostenible y resiliente.
Las nuevas organizaciones emprendedoras aportan rapidez y agilidad para afrontar desafíos inéditos. Las organizaciones existentes, cuyas rutinas se han visto profundamente alteradas, necesitarán competencias emprendedoras para navegar en las inestabilidades posteriores a la COVID-19 e innovar en nuevos enfoques. Con tantas vidas trastocadas y millones de empleos destruidos, la capacidad emprendedora de crear nuevos productos y servicios, y por tanto empleo, al tiempo que se mejora la sostenibilidad y la inclusión social, es fundamental para la recuperación mundial.
Las universidades deben estar en la vanguardia
Las universidades poseen amplios depósitos de conocimiento de los que pueden beber los emprendedores. Cuentan con políticas, incentivos y centros diseñados para desarrollar y fomentar el emprendimiento entre el personal y el alumnado, así como para mejorar sus conexiones externas. Su educación y formación refuerzan las competencias directivas y emprendedoras necesarias para articular respuestas rápidas en las empresas y en la administración, así como las capacidades de las organizaciones ágiles pero resilientes que se necesitarán en el futuro.
Ante los retos de la COVID-19, la primera respuesta de las universidades será mantener una buena experiencia educativa para el alumnado y garantizar que sus capacidades investigadoras sigan bien fundamentadas. Pero en estas circunstancias financieras restringidas, no deben perder de vista sus importantes aportaciones al emprendimiento. Deben facilitar el camino para trasladar su investigación al ámbito empresarial, mejorar sus esfuerzos investigadores en emprendimiento social y medioambiental y aumentar la escala de su oferta formativa en la materia, manteniendo su calidad.
Esta pericia será necesaria para afrontar con rapidez dificultades nuevas e imprevistas, como superar el profundo daño social y psicológico del distanciamiento social y el aislamiento. Como animales sociales, ¿cómo podemos mantener la distancia física sin volvernos socialmente distantes, preservando la salud tanto de nuestros cuerpos como de nuestras mentes? Como agentes económicos, ¿qué nuevos modelos de negocio a largo plazo, sostenibles e inclusivos son necesarios para mantener los beneficios de un mundo intensamente conectado, cuando esas conexiones se ven cuestionadas desde los puntos de vista médico y político?
No existen soluciones sencillas a estas preguntas, y las respuestas requerirán miles de experimentos empresariales. Los emprendedores asumirán riesgos al invertir en oportunidades y, aunque muchos fracasarán, algunos tendrán un impacto profundo.
Liderazgo científico y emprendedor
La pericia de las universidades en el desarrollo de vacunas y pruebas, así como los conocimientos de epidemiólogos, científicos especializados en enfermedades infecciosas e investigadores de salud pública que modelizan las pandemias mundiales, son esenciales para que el mundo vuelva al trabajo. Pero es la gama completa de la experiencia académica la que será útil para reconstruir el mundo una vez derrotado el virus. Los historiadores pueden enseñarnos las lecciones de las pandemias pasadas; los economistas, sociólogos, politólogos, especialistas en ética y otros pueden orientar sobre cómo reconstruir una sociedad mejor; y los académicos de las humanidades ayudarán a interpretar y explicar cómo ha cambiado el mundo.
Los ingenieros universitarios rediseñarán sistemas de transporte y lugares de trabajo seguros, mientras que los psicólogos ayudan a gestionar las consecuencias para la salud mental del aislamiento, crearán nuevos comportamientos más seguros y reconstruirán la confianza entre gobiernos y ciudadanos, y entre empleadores y empleados. El asesoramiento independiente de las universidades orientará el uso ético de los datos personales para el rastreo y seguimiento de personas frente a este y futuros virus. Las universidades utilizarán la ciencia y las tecnologías que ellas mismas han desarrollado, como el poder predictivo de la inteligencia artificial en el desarrollo de vacunas y en el rastreo de contactos, para proporcionar herramientas esenciales que permitan crear un mundo post-COVID-19.
Serán el emprendimiento, tanto en las empresas emergentes como en las consolidadas, los que recurrirán a esta amplia base de conocimientos y, en colaboración con el mundo empresarial y los gobiernos, los traducirán rápidamente en prácticas.
Es necesario reforzar las políticas de compromiso
Las universidades han acelerado sus esfuerzos para fomentar el emprendimiento en los últimos años. Deben mantener y reforzar este impulso. Entre todas sus demás prioridades, las universidades deberían aumentar el apoyo que ofrecen a las empresas emergentes de base científica con gran potencial y a los emprendedores que probablemente estén teniendo dificultades desde el confinamiento. Esto podría traducirse en un acceso más fácil o económico a la propiedad intelectual, las instalaciones y la experiencia. Los emprendedores deben convertirse en un punto focal de la colaboración entre todas aquellas organizaciones —gobiernos, empresas, ONG, filántropos y entidades benéficas— que es necesaria para el Great Reset.
El emprendimiento debe estar abierto a todos
El emprendimiento es una competencia para la vida. Debe ser una experiencia educativa abierta a todas las personas.
Las escuelas de negocios fomentan el emprendimiento a través de su investigación y su docencia. En los últimos años, en respuesta a la demanda de los jóvenes, esta labor se ha centrado cada vez más en el emprendimiento social. Una investigación más amplia y de mejor calidad sobre los aspectos sociales y medioambientales de la materia mejorará las decisiones, no solo de los emprendedores potenciales y actuales, sino también de los gobiernos nacionales y locales interesados en reconstruir las economías.
La oferta de cursos de emprendimiento en las universidades se ha multiplicado, pero la educación y la formación en emprendimiento deberán ampliarse y adaptarse a las nuevas exigencias del Great Reset. Esto es viable, ya que las universidades han demostrado una gran agilidad en sus respuestas docentes durante el confinamiento. En el transcurso de un mes, con una rapidez notable en la última semana, la Escuela de Negocios de la Universidad de Queensland, por ejemplo, pasó más de 200 cursos de la enseñanza presencial a la enseñanza en línea para más de 9.000 estudiantes.
Se está haciendo mucho, y con rapidez y a gran escala, para ofrecer formación básica a los emprendedores a través de programas en línea. La creciente pericia de las universidades en el uso de medios digitales para la educación también será necesaria como complemento o suplemento de las formas de aprendizaje más intensivas que se requerirán para afrontar los complejos retos del futuro. Este aprendizaje es experiencial y requiere la creación de equipos interdisciplinarios e interprofesionales eficaces, capaces de integrar las demandas y aportaciones de las empresas, los gobiernos, el tercer sector y las universidades.
Las universidades deben centrarse en los emprendedores
El Great Reset logrará poco si no consigue generar resiliencia frente a futuras crisis. Ya se trate de nuevas pandemias o de las consecuencias del cambio climático, nos volveremos a enfrentar a retos mundiales de gran perturbación.
Como preparación para estas pruebas y para ayudar a mitigarlas, debemos recordar la intuición del gran economista John Maynard Keynes, quien sostenía que cuanto más inestables son los parámetros del mundo, más importan la perspicacia y la intuición del emprendedor. Entre todas las dificultades a las que se enfrentan actualmente las universidades, deben además abrazar su propio emprendimiento y las formas en que lo fomentan, para cumplir su importante papel en la transformación de los cimientos de la sociedad y la economía.
