6 formas de proteger los derechos humanos durante el confinamiento, según la ONU

Dominick Walton, who is homeless herself, serves food to homeless people amid the coronavirus disease (COVID-19) outbreak in Houston, Texas, U.S., April 19, 2020. Picture taken April 19, 2020.
The U.N. is calling for richer states to help those most vulnerable during COVID-19.Image: REUTERS/Go Nakamura
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  • En un nuevo informe, la ONU advierte de la «ciberpolicía agresiva y el aumento de la vigilancia en línea» durante los confinamientos por la COVID-19.

  • 57 países han cerrado sus fronteras, sin hacer excepciones para las personas que buscan asilo; además, han aumentado los informes de violencia doméstica en todo el mundo.

  • La ONU pide a los países más ricos que ayuden a los más pobres a superar la enfermedad para reducir la necesidad de confinamientos punitivos.

«Una crisis humana que rápidamente se está convirtiendo en una crisis de derechos humanos». Así es como el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, describe la respuesta de muchos gobiernos a la pandemia de COVID-19.

Aunque reconoce la necesidad de una respuesta rápida, afirma que los confinamientos generalizados han hecho más vulnerables a quienes gozan de menor protección en la sociedad, como las personas refugiadas y las personas con discapacidad. Añade que las «respuestas de seguridad de mano dura» corren el riesgo de «socavar la respuesta sanitaria».

En su informe, COVID-19 y derechos humanos: Estamos todos juntos en esto, la ONU presenta seis mensajes clave sobre derechos humanos que, según afirma, deben ocupar un lugar central en una respuesta eficaz a la pandemia.

1. Proteger la vida de las personas es la prioridad; proteger sus medios de vida ayuda a conseguirlo

La ONU reconoce que la prioridad de todos los gobiernos ha sido contener la pandemia. Sin embargo, quienes han sufrido las consecuencias más graves son las personas que ya luchaban por sobrevivir.

Entre ellas se encuentran los aproximadamente 2.200 millones de personas que no pueden lavarse las manos con regularidad porque tienen acceso limitado al agua. También están los 1.800 millones que no pueden mantener la distancia física porque viven en viviendas hacinadas o en la calle.

El cierre generalizado de las escuelas, que interrumpió la educación de 1.000 millones de niños; el aumento de la violencia doméstica durante los confinamientos, y el cierre de las instituciones de atención han afectado a las personas más vulnerables.

La ONU cita ejemplos de buenas prácticas, entre ellos el suministro de agua de emergencia a zonas de tugurios y la suspensión de los desalojos de viviendas. Pero, afirma, hace falta hacer más como parte de una estrategia más amplia de prevención de riesgos centrada en los derechos humanos.

El nuevo informe de la ONU, COVID-19 y derechos humanos: Estamos todos juntos en esto, destaca la importancia de defender los derechos humanos durante la pandemia de COVID-19.

2. El virus no discrimina, pero sus efectos sí

«Las desigualdades arraigadas y los factores subyacentes que determinan la salud de manera desigual están haciendo que determinadas personas y grupos sufran de forma desproporcionada los efectos del virus», afirma la ONU.

Los datos de varios países parecen respaldar esta afirmación, entre ellos los del Reino Unido y Estados Unidos, donde las minorías étnicas han representado una proporción desproporcionadamente alta de resultados positivos en las pruebas de COVID-19 y de fallecimientos.

Sin embargo, la ONU considera que las respuestas al virus van más allá de las desventajas económicas o sociales estructurales. «Por desgracia, la discriminación está mostrando su cara más desagradable en esta crisis», afirma el informe, que sostiene que el racismo explícito ha aumentado.

«En algunos países, los líderes han utilizado expresiones como “enfermedad de extranjeros” para describir la COVID-19».

«Los Estados miembros tienen la responsabilidad primordial de combatir la discriminación y los discursos de odio, pero todos los actores, incluidas las empresas de redes sociales, deben poner de su parte».

3. Incluya a todas las personas en su respuesta

«La mejor manera de mantener el apoyo público a las medidas es que los gobiernos sean abiertos y transparentes e involucren a las personas en las decisiones que les afectan».

En todo el mundo, los gobiernos están planificando la vida después del confinamiento; es probable que haya largos períodos de distanciamiento social y restricciones a las libertades. Sin transparencia en la toma de decisiones y sin capacidad para escuchar las críticas, los gobiernos corren el riesgo de perder la confianza de la población y, en consecuencia, su colaboración, advierte la ONU.

El apoyo de la población puede ganarse con medidas como facilitar el acceso a internet, promover la libertad de prensa e intentar mantener la democracia durante el confinamiento.

El informe elogia a algunos países por crear comités parlamentarios independientes en línea para examinar la actuación del poder ejecutivo durante la crisis, pero advierte contra lo que denomina ciberpolicía agresiva y aumento de la vigilancia en línea.

4. La amenaza es el virus, no las personas

Todos los gobiernos están luchando contra la COVID-19. Sin embargo, «la pandemia podría servir de pretexto para socavar las instituciones democráticas, acallar la disidencia legítima o perseguir a personas o grupos desfavorecidos».

Aunque el informe reconoce que las medidas coercitivas pueden estar justificadas en ciertas situaciones, advierte que el uso excesivo de la fuerza puede tener efectos devastadores y contraproducentes.

«Algunos Estados podrían intentar utilizar la legislación antiterrorista y las medidas de seguridad de formas que vulneren los derechos humanos. Tales abusos podrían propiciar las condiciones favorables a la propagación del terrorismo», advierte el informe, que cita el caso de países cuyos procesos de paz atraviesan etapas delicadas.

La ONU respalda los límites temporales que algunos Estados miembros han impuesto a los poderes especiales de emergencia, así como los períodos de revisión, de conformidad con el derecho de los derechos humanos.

5. Ningún país puede vencer esto por sí solo

«Los Estados más ricos deben ayudar a los Estados de bajos ingresos a hacer efectivos los derechos humanos».

La pandemia podría ser una oportunidad para que los países recuerden la importancia del multilateralismo y la cooperación internacional, sostiene el informe.

Entre los ámbitos en los que esto podría marcar la diferencia está el desarrollo y la distribución de tratamientos: «Cuando haya una vacuna disponible, debemos garantizar que sea accesible para todas las personas, en todas partes», y esto puede facilitarse mediante «políticas flexibles en materia de propiedad intelectual».

Los datos también pueden ayudar, sobre todo si se comparten. El mundo, afirma el informe, necesita que «los sistemas estadísticos mundiales y nacionales colaboren […] para comprender el alcance de la pandemia».

Esto ya está ocurriendo en el Foro Económico Mundial.

6. Cuando nos recuperemos, debemos ser mejores que antes

«De cara al futuro, tenemos que reconstruir mejor», afirma el secretario general, Guterres.

En lo alto de la lista de medidas para lograrlo figura un objetivo clave de la ONU: la cobertura sanitaria universal (CSU).

El informe insta a los líderes mundiales a «utilizar el máximo de recursos disponibles a nivel nacional e internacional para garantizar la disponibilidad, la accesibilidad y la calidad de la atención sanitaria como un derecho humano para todas las personas, sin discriminación, también para afecciones distintas de la COVID-19».

Las medidas económicas también serán fundamentales para brindar un apoyo adecuado a quienes han perdido sus medios de vida.

Además, los grupos más vulnerables, incluidas las personas refugiadas y las mujeres y niñas marginadas, deben ocupar un lugar central en la planificación para después de la pandemia, a fin de construir «un mundo más inclusivo y sostenible, también para las generaciones futuras».

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