¿La mejor manera de detener las pandemias? Tratar las mascarillas como los paraguas

We take an umbrella when rain is expected – should we use a face mask if a new COVID wave is forecast?
We take an umbrella when rain is expected – should we use a facemask if a new COVID-19 wave is forecast?Image: Unsplash/Todd Diemer
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  • Del mismo modo que la gente lleva un paraguas cuando llueve, debería plantearse usar una mascarilla si los casos de COVID-19 empiezan a aumentar o se prevé una nueva ola.

  • Reforzar las precauciones a medida que aumentan los casos puede ayudar a controlar las tasas de infección.

  • Podemos aplicar el mismo enfoque a las pruebas, la ventilación y el distanciamiento social.

Afortunadamente, parece que el Reino Unido ya ha superado el pico tanto de la reciente ola de calor como de la última ola de COVID. Pero volverá a haber ambas cosas y, en el futuro, quizá pensemos en cómo protegernos de la COVID del mismo modo que nos protegemos de las inclemencias del tiempo.

El paraguas es una analogía útil. Si miramos por la ventana o consultamos el pronóstico del tiempo y vemos que va a llover, probablemente salgamos con un paraguas. De manera similar, si los casos de COVID empiezan a aumentar o se prevé una nueva ola, podríamos plantearnos llevar una mascarilla, por ejemplo.

Pero, del mismo modo que no hace falta llevar un paraguas cuando hace sol, tampoco se debería esperar que usemos mascarillas todo el tiempo. Por supuesto, algunas personas pueden optar por llevarlas con mayor regularidad en determinados entornos, mientras que otras quizá decidan no usarlas en absoluto. Así es la fase actual de la pandemia en la que nos encontramos, marcada en gran medida por la elección y la responsabilidad personales.

En buena medida gracias al impacto de las vacunas, ya no necesitamos el enfoque de gestión de riesgos basado en normas que vimos al principio de la pandemia. Pero la analogía del paraguas puede orientar nuestra conducta y nuestras decisiones en distintos ámbitos de la respuesta de aquí en adelante. Además de las mascarillas, estos incluyen las pruebas, la ventilación y el distanciamiento social.

La idea es que podemos adoptar o reforzar las precauciones cuando más las necesitamos (cuando aumentan los casos de COVID), y luego, si queremos, relajarlas cuando las tasas de infección y el riesgo sean menores.

¿Cómo podría verse esto en la práctica?

Supongamos que, al llegar el otoño, empezamos a ver que los casos de COVID vuelven a aumentar. Es una posibilidad muy real.

Entonces cobra aún más importancia hacerse una prueba si tenemos algún síntoma que pudiera estar relacionado con la COVID. Esto nos ayudará a decidir si debemos reducir el contacto con otras personas y en qué medida.

El aislamiento ya no es un requisito legal, y creo que así debería seguir siendo. Sin embargo, si es posible, quedarse en casa mientras estamos enfermos es una medida sensata y considerada, sobre todo cuando las tasas de COVID son altas.

El distanciamiento también debería seguir siendo una elección personal. Pero durante una ola de infecciones, quizá la gente quiera mantener más distancia de los demás en las tiendas o evitar lugares concurridos.

Volviendo a las mascarillas, cuando los casos empiezan a aumentar, también crece el riesgo de contraer y transmitir la COVID, por lo que las mascarillas se convierten en una precaución más útil y razonable. Pueden ser especialmente valiosas en ciertas circunstancias; por ejemplo, si alguien está enfermo pero no puede aislarse, al visitar a personas vulnerables o en espacios interiores concurridos.

Abrir las ventanas, aunque sea un poco, puede aumentar la entrada de aire fresco en el interior y también ayudar a reducir la probabilidad de transmitir el virus.

Por último, el número de personas en el Reino Unido que han recibido una dosis de refuerzo contra la COVID es considerablemente menor que el de quienes recibieron la primera y la segunda dosis. Sabemos que la inmunidad que ofrecen las vacunas disminuye y que las dosis de refuerzo restablecen la eficacia de las vacunas. Por eso, si empezamos a ver un aumento de los casos, o de cara a futuras olas, sería muy conveniente que quienes llevan retraso con sus vacunas se pusieran al día.

Las pruebas cobran más importancia durante una ola de COVID.Image: Unsplash/Jakayla Toney.

Responsabilidad compartida

Ha pasado un año desde el «día de la libertad» de Inglaterra, cuando se eliminaron la mayoría de las medidas legales contra la COVID. Pero la pandemia está lejos de haber terminado. Además del elevado número de infecciones diarias, la COVID persistente es muy común y la presión sobre el NHS sigue siendo insostenible.

En un artículo reciente publicado en el British Medical Journal, la profesora Susan Michie y yo reflexionamos sobre algunas de las lecciones que hemos aprendido durante el último año.

Entre ellas, la pandemia nos ha demostrado que la conducta no depende únicamente de las elecciones o la motivación individuales. Las acciones de las personas también están condicionadas por las oportunidades y el apoyo que reciben —o no reciben—. Por ejemplo, algunas personas quizá quieran quedarse en casa si tienen síntomas, pero puede que no lo hagan si ni su empleador ni el gobierno les ofrecen apoyo económico.

Se debería animar y ayudar a las personas tanto como sea posible para que se queden en casa cuando estén enfermas, sobre todo cuando los casos sean elevados. En plena ola invernal de COVID, Australia ha restablecido sus pagos de emergencia por licencia pandémica para que quienes tienen COVID y carecen de una prestación adecuada por enfermedad puedan quedarse en casa sin sufrir pérdidas económicas.

Además, los gobiernos podrían garantizar que haya pruebas gratuitas para realizarse en casa cuando sea probable que las infecciones aumenten o empiecen a hacerlo.

También es importante que la cobertura de vacunación sea lo más alta posible para mitigar los efectos de futuras olas. Las campañas de salud pública deberían dirigirse tanto a las personas no vacunadas como a las parcialmente vacunadas, y animar a la gente —en particular a las personas más vulnerables— a recibir las dosis de refuerzo que se ofrecen.

También necesitamos tomar más medidas para garantizar una ventilación adecuada. En Estados Unidos se están poniendo a disposición miles de millones de dólares para mejorar la calidad del aire en las escuelas y otros edificios públicos.

Ya he sostenido que el gobierno del Reino Unido pone demasiada responsabilidad en manos de la ciudadanía. Al igual que el cambio climático, las pandemias son problemas mundiales y para afrontarlos hace falta un esfuerzo colectivo.

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