Dos años después de que se impusieran por primera vez los confinamientos por la COVID-19, ¿qué hemos aprendido sobre la confianza?
Aquí, Richard Edelman analiza su impacto en los resultados de salud en 8 áreas clave.
La confianza permite aceptar la ciencia en evolución, así como las medidas de salud pública, según el Barómetro de Confianza de Edelman.
Este mes conmemoramos el segundo aniversario del confinamiento ordenado por los gobiernos occidentales para evitar la propagación de la COVID-19. Es momento de detenernos a reflexionar sobre lo ocurrido, sobre en qué fracasamos y sobre cómo podemos estar mejor preparados para la próxima crisis. En la actualidad, los cuatro factores que determinan los resultados de salud son el entorno físico, el entorno económico, el entorno social y la elección o el comportamiento personal. Ahora podemos añadir un quinto a la lista: la confianza.
The Lancet publicó hace dos meses un artículo sobre el importante papel de la confianza a la hora de determinar la disposición a vacunarse y las menores tasas de infección por COVID-19. El equipo, dirigido por el Dr. Thomas J. Bollyky y la Dra. Erin Hulland, examinó datos de 177 países y territorios. Los sorprendentes hallazgos del estudio fueron que, si la confianza interpersonal a nivel mundial alcanzara el percentil 75 (equivalente al de Dinamarca), podría haberse producido una reducción del 40 % de las infecciones en todo el mundo, mientras que un nivel de confianza en el gobierno equivalente al de Dinamarca habría reducido las infecciones mundiales en un 13 %.
Por su parte, la Dra. Heidi Larson, directora fundadora del Vaccine Confidence Project de la London School of Hygiene & Tropical Medicine, y autora de STUCK: How Vaccine Rumors Start – and Why They Don’t Go Away, concluyó: «La aceptación de las vacunas es una cuestión de relación, de confiar en los científicos que diseñan y desarrollan las vacunas, en las industrias que las producen, en los profesionales sanitarios que las administran y en las instituciones que las regulan. Esa cadena de confianza es una palanca de aceptación mucho más importante que cualquier información. Sin estas capas de confianza, incluso la información mejor probada científicamente y mejor comunicada puede no ser creída.»
El Barómetro de Confianza de Edelman Informe especial: Confianza y salud, realizado el mes pasado en 10 mercados (Canadá, China, Francia, Alemania, Japón, México, Nigeria, Corea del Sur, Reino Unido y Estados Unidos), analizó el impacto de la confianza en los resultados de salud. Estas son las principales conclusiones de la encuesta:
1. La confianza influye en los resultados de salud individuales— Existe una diferencia de 21 puntos porcentuales (82 % frente a 61 %) en las tasas de vacunación entre quienes tienen una confianza alta y quienes tienen una confianza baja en el ecosistema sanitario, en los nueve mercados de nuestra media global. La diferencia es de 38 puntos porcentuales en Estados Unidos (84 % frente a 46 %). También hay una brecha de 19 puntos porcentuales en la realización de atención preventiva o revisiones rutinarias (66 % frente a 47 %) entre quienes tienen una confianza alta o baja en el ecosistema sanitario (con un nivel de cumplimiento sorprendentemente bajo, del 28 %, en Canadá entre quienes tienen una confianza baja, frente al 56 % de quienes tienen una confianza alta).
2. La confianza permite aceptar la ciencia en evolución—A medida que los expertos sanitarios actualizan sus recomendaciones con base en información en desarrollo, quienes tienen una confianza alta en el ecosistema sanitario tienen 21 puntos porcentuales más de probabilidades de aceptar voluntariamente las nuevas directrices (72 % frente a 51 %). Quienes tienen una confianza baja tienden más a dudar de los expertos.
3. La confianza permite aceptar las medidas de salud pública pese a las restricciones de las libertades personales—Quienes tienen una confianza alta en el ecosistema sanitario tienen 16 puntos porcentuales más de probabilidades de estar de acuerdo en anteponer los riesgos sanitarios de otras personas a las preocupaciones por las libertades individuales (58 % frente a 42 %). Los encuestados con una confianza baja tendían más a sostener que nadie debería verse obligado a aceptar tratamientos médicos ni a adoptar conductas protectoras de la salud que no desee.
4. La confianza mitiga las consecuencias sanitarias de las desigualdades sociales—Entre las personas con ingresos bajos, lograr un nivel más alto de confianza en el ecosistema sanitario aumenta las tasas de vacunación en 14 puntos porcentuales, equiparándolas a las de las personas con ingresos altos (79 %). El mismo efecto positivo se observa en la atención preventiva: las personas con ingresos bajos tienen casi la misma probabilidad de acudir a revisiones periódicas que las de ingresos altos si tienen una mayor confianza en el ecosistema sanitario.
5. La confianza se ve socavada por la política y la falta de información de calidad—En los últimos cinco años se ha producido una fuerte caída (de 10 puntos porcentuales) en la confianza para tomar decisiones sanitarias informadas, especialmente en los grupos de menores ingresos (una caída de 14 puntos porcentuales, hasta el 54 %). Más de la mitad (55 %) teme que la ciencia médica se utilice para respaldar una agenda política, cifra que es aún mayor entre las personas de ingresos altos (61 %), los habitantes de zonas urbanas (59 %) y los republicanos de Estados Unidos (61 %).
6. La confianza se ve comprometida por malos hábitos de consumo de información—Entre quienes no se vacunan porque no quieren hacerlo, la principal fuente de información sobre vacunas es la búsqueda en internet, seguida de amigos y familiares. Solo la mitad de los encuestados consume información sanitaria al menos una vez por semana; en casi todas las democracias occidentales, la proporción es inferior al 50 % (Reino Unido, 37 %).
7. La confianza depende de «Mi empleador»—Más de tres cuartas partes de los empleados quieren que su empleador desempeñe un papel significativo en su salud, desde el apoyo a la salud mental hasta la oferta de incentivos e información sanitaria.
8. La confianza en las empresas sanitarias está bajo presión—En el punto álgido de la pandemia, la confianza en las empresas sanitarias se disparó hasta el 73 %. Ese máximo se ha desvanecido y la confianza ha caído hasta el 62 %. A nivel mundial, la confianza en las empresas sanitarias es menor entre los encuestados de zonas rurales, suburbanas y de bajos ingresos, mientras que en Estados Unidos estas empresas tienen una confianza especialmente baja entre las personas negras e hispanas.
Este informe especial sobre la confianza es un llamamiento a la acción. Debemos reconocer que la ciencia ha sido secuestrada por la política, lo que ha dañado la confianza en el ecosistema sanitario. Además, el déficit de confianza en el gobierno ha ensombrecido los avances sanitarios, hasta el punto de que la rapidez con la que los fabricantes de vacunas las llevan al mercado se percibe no como un milagro, sino como una intervención insuficientemente probada e impulsada por el gobierno. Los ánimos siguen muy caldeados; basta con ver las masivas protestas en Ottawa contra los mandatos de vacunación convocadas por conductores de camiones en un país tan profundamente civil como Canadá.
La tarea de los comunicadores es reconocer que, al igual que ocurre con la confianza en el gobierno, la confianza general en la salud no se recuperará a corto plazo ni a través de los canales clásicos de los medios de comunicación convencionales. En cambio, hay que involucrar directamente a quienes tienen menos confianza en el sistema sanitario, a través de sus médicos, farmacéuticos, organizaciones religiosas y empleadores. Y, dado que la confianza se construye con acciones, las desigualdades raciales y económicas en el acceso a una atención sanitaria de calidad deben resolverse con urgencia.
