La COVID-19 ha hecho que más de una de cada dos personas pierda la confianza en la capacidad del sistema de salud para gestionar grandes crisis.
La disminución de la confianza en el ecosistema de salud hace que sea menos probable que las personas escuchen a los expertos o participen en el cuidado de su propia salud.
Para abordar esta situación, las empresas del sector salud deben ocuparse de cuestiones que van más allá de la atención médica, como el cambio climático, la pobreza, los precios de los alimentos y la injusticia racial.
«Prácticamente toda transacción comercial contiene en sí un elemento de confianza… gran parte del atraso económico del mundo puede explicarse por la falta de confianza mutua», escribió el premio Nobel Kenneth Arrow en 1972.
Treinta y seis años después, en el Barómetro de Participación en la Salud de 2008, Edelman descubrió que los consumidores buscaban confianza y autenticidad como características de su relación con las empresas y organizaciones de salud.
Al igual que Arrow relacionó la confianza con la macroeconomía, sabemos que la confianza sustenta e impulsa la economía de la salud y motiva directamente a las personas a participar en el cuidado de su salud.
Esto pone en marcha el círculo virtuoso que va de la salud individual a la comunidad, la nación y el mundo. Estamos conectados a través de nuestras redes sociales, tanto presenciales como en línea, más allá de nuestros círculos más cercanos. La investigación de Christakis y Fowler, publicada en su libro Conectados, planteó que nuestras acciones individuales en materia de salud no solo afectan a quienes nos rodean directamente, sino también a las redes de nuestras redes.
Esa es la promesa de la confianza en la salud y la atención sanitaria. Sin embargo, en 2022, el Informe especial del Barómetro de Confianza de Edelman: confianza y salud, publicado en marzo, nos ofrece una señal de alerta: el deterioro de la confianza ya ha perjudicado, y podría seguir perjudicando, los resultados de salud individuales y públicos en la era posterior a la COVID-19.
Algunos de los indicios sobre la confianza en la salud que destacó Edelman en 2022:
El 60 % de las personas en todo el mundo teme que haya otra pandemia aún peor que la COVID-19.
Más de una de cada dos personas siente que la pandemia ha reducido su confianza en que el sistema de salud esté bien preparado para afrontar grandes crisis sanitarias.
A la mayoría de las personas en todo el mundo le preocupa que la ciencia médica se esté politizando.
En los últimos cinco años, ha disminuido considerablemente la confianza de las personas en su capacidad para encontrar respuestas a sus preguntas sobre atención sanitaria y tomar decisiones informadas sobre su salud.
Hemos llegado a reconocer que la confianza es un factor determinante de la salud: las personas que confían menos en el ecosistema de salud tienen menos probabilidades de estar completamente vacunadas y de haber recurrido a la atención preventiva durante el último año, por ejemplo, mediante chequeos rutinarios y visitas al dentista.
¿Cómo contribuye el Foro Económico Mundial a crear un ecosistema mundial de salud inclusivo?
El Centro de Salud y Atención Sanitariaconecta a líderes para comprender los desafíos que afrontan los sistemas de salud de todo el mundo, incluidos el acceso, la equidad, la resiliencia y la preparación.
Mediante un diálogo basado en la confianza y la colaboración público-privada, el Centro ayuda a sus socios a coordinarse en torno a prioridades compartidas e impulsar la acción colectiva para mejorar los resultados de salud.
En el otro extremo del espectro, es más probable que quienes confían más en el ecosistema de salud a nivel mundial digan que aceptan los cambios en las recomendaciones de los expertos a lo largo de la pandemia, porque suponen que las nuevas recomendaciones se basan en los avances de la ciencia.
¿Y quién ha gozado de mayor confianza a la hora de decir la verdad sobre cuestiones de salud?
«Mi médico»: Edelman descubrió que el 76 % de la población mundial confía en él.
Arrow también tenía algo que decir sobre la confianza de los consumidores en los médicos:
«La desigualdad de información entre [el paciente] y el médico… conduce al establecimiento de una relación de confianza, una relación que el médico tiene la obligación social de honrar. Como el paciente no sabe tanto como el médico, al menos según cree, no puede exigir plenamente que se cumplan los estándares de atención».
Arrow hizo esa observación en 1963, antes de que las redes sociales e Internet se convirtieran en canales de referencia para que los consumidores accedieran a información sobre salud —y a información errónea—.
En el mismo ensayo sobre la incertidumbre y la economía del bienestar en la atención médica, Arrow señaló con perspicacia que «son muchos los factores que determinan la salud, y la prestación de atención médica es solo uno de ellos. Sobre todo cuando los ingresos son bajos, otros bienes, como la nutrición, la vivienda, la ropa y el saneamiento, pueden ser mucho más importantes».
Desde Hipócrates en el año 400 a. C. hasta el innovador trabajo del Dr. Tony Iton en el condado de Alameda,California, en 2002, se ha demostrado que los entornos naturales y locales de las personas influyen en su bienestar al menos tanto como su acceso a los servicios de salud.
¿Cómo contribuye el Foro Económico Mundial a crear un ecosistema mundial de salud inclusivo?
El Centro de Salud y Atención Sanitariaconecta a líderes para comprender los desafíos que afrontan los sistemas de salud de todo el mundo, incluidos el acceso, la equidad, la resiliencia y la preparación.
Mediante un diálogo basado en la confianza y la colaboración público-privada, el Centro ayuda a sus socios a coordinarse en torno a prioridades compartidas e impulsar la acción colectiva para mejorar los resultados de salud.
La nueva encuesta de Edelman sobre la confianza en la salud muestra que, para ganarse y conservar la confianza, las empresas del sector deben abordar otros factores determinantes de la salud, además de la atención médica, como la contaminación y el cambio climático, la pobreza y la desigualdad de ingresos, el alto costo de los alimentos nutritivos y la injusticia racial.
Al mismo tiempo, nuestros círculos de confianza se han vuelto más locales. Según el nuevo estudio de Edelman, amigos y familiares gozan de tanta confianza como las autoridades sanitarias nacionales a la hora de decir la verdad sobre cuestiones de salud. Y hablamos de los factores determinantes de la salud porque son pertinentes para nuestras comunidades, tanto locales como mundiales.
En Bowling Alone, Robert Putnam escribió que «el capital social facilita el funcionamiento de las comunidades y les permite avanzar con fluidez. Cuando las personas confían en los demás y son dignas de confianza, y mantienen interacciones repetidas con sus conciudadanos, las transacciones cotidianas, comerciales y sociales, cuestan menos…».
Putnam sostuvo que el capital social actúa mediante procesos psicológicos y biológicos para mejorar la vida de las personas. Quienes cuentan con abundante capital social afrontan mejor los traumas y combaten las enfermedades con más eficacia. Putnam citó investigaciones que mostraban que el capital social complementa al Prozac, los somníferos, los antiácidos, la vitamina C y otros productos disponibles en las farmacias.
¿Cómo podemos reconstruir la confianza mutua, el capital social y la confianza para reforzar la resiliencia en materia de salud? Podemos empezar a nivel local creando alianzas público-privadas que conecten con los valores y las preocupaciones reales de las personas, reconociendo y abordando los factores determinantes de la salud que van más allá de la atención médica, y comprendiendo que la salud y la atención sanitaria están arraigadas en nuestros hogares y comunidades locales, y se extienden luego a las economías nacionales y mundiales.
Esta forma de pensar reconoce el tejido conectivo entre la recuperación económica, una renovación de la salud pública y la equidad.
Y eso es bueno para todas las personas.

