La transparencia se ha convertido en un tema destacado en los debates sobre la atención sanitaria, en particular en lo que respecta a la política farmacéutica. Se reclama con fuerza la transparencia de los precios y, de hecho, una mayor transparencia en los costes de investigación y desarrollo, las patentes y los ensayos clínicos, así como declarar cuántos fondos públicos se han destinado al desarrollo de medicamentos.
La exigencia de transparencia suena razonable, incuestionable y evidente. Arrojar luz promete claridad, buena gobernanza y una mejor comprensión, y, con suerte, mejorará las cosas en general. Pero, por mucho que la luz del sol sea buena para nuestra salud, también puede causar daño.
Precios claros
Algunos sostienen que la transparencia de los precios netos reduciría el coste de los medicamentos. Conocer los precios pagados en otros lugares sustenta la política de fijación de precios farmacéuticos denominada precio de referencia externo (ERP, por sus siglas en inglés), es decir, fijar los precios en un país determinado tomando como referencia los precios de otros países y garantizando que los primeros no superen a los segundos.
Sin embargo, la teoría económica afirma que el ERP puede tener efectos secundarios no deseados. Puede llevar a un precio uniforme a largo plazo, lo que perjudicará a quienes se beneficiaban de descuentos más elevados y beneficiará a quienes tenían que pagar más.
¿Por qué es relevante esto? Los estudios han demostrado que Alemania paga más por el mismo medicamento que Grecia. Si el ERP conduce a un precio uniforme, socava la denominada fijación diferencial de precios (aquella en la que los países de mayor renta pagan más y los de menor renta pagan menos), porque toma como referencia a los países de menor renta. Si bien el sistema actual (precios netos no divulgados y precios de catálogo públicamente disponibles) puede haber mitigado estos efectos secundarios del ERP, la transparencia de los precios netos no lo hará. Incluso puede fomentar el ERP, ya que es un comportamiento económico normal no pagar más que el vecino. Por último, incluso las instituciones que pidieron transparencia en los precios han reconocido que las pruebas a favor de dicha transparencia (es decir, la divulgación del precio neto de los medicamentos) no eran concluyentes.
¿Socava en última instancia la transparencia de los precios unos precios justos? Depende. La fijación diferencial de precios existe en otros ámbitos de la vida cotidiana: por ejemplo, los estudiantes y las personas mayores pueden comprar una entrada de cine por menos que un espectador habitual, y esto se hace transparente en la taquilla. Las familias pueden obtener descuentos especiales en restaurantes, lo que se menciona en la carta, y así sucesivamente. Este tipo de fijación diferencial de precios funciona a pesar de la transparencia porque existe un cierto acuerdo, incluso un «contrato social», entre los ciudadanos de que este tipo de discriminación es justa, y todos, incluidos los no estudiantes, las no personas mayores y las no familias, aceptan estas reglas. Sin embargo, esto puede no ser así en lo que respecta al ERP y a los gobiernos, ya que no existen normas ni acuerdos internacionales vigentes para la fijación diferencial de precios. En definitiva, no hay necesidad de que los gobiernos jueguen limpio.
Confidencialidad de los precios
¿Es la confidencialidad de los precios mejor? Depende. En primer lugar, los precios confidenciales no son un secreto absoluto. Ambas partes de la negociación, el pagador y el fabricante, los conocen bien. Si bien confiaríamos en el criterio de los pagadores y los gobiernos en las negociaciones, dados sus intereses divergentes, la cuestión es si el conocimiento de los precios sería de alguna ayuda, salvo para los países que utilizan el ERP (véase más arriba). En ese sentido, la confidencialidad podría ayudar a alcanzar precios justos, al menos en un mundo con ERP y sin normas internacionales.
¿Qué ocurre con la transparencia en otros ámbitos? La transparencia en la investigación y el desarrollo forma parte de una buena gobernanza. Por eso la industria ha acordado dar a conocer qué ensayos clínicos se llevan a cabo, así como sus resultados. Al mismo tiempo, la plena transparencia de las actividades de investigación y desarrollo puede exponer innecesariamente a un inventor, haciendo que su invención sea accesible para todos y copiable por cualquiera. Esto puede resultar doloroso si la investigación y el desarrollo requirieron mucho tiempo e inversión, cosas que no le importan a un copión. ¿Quién no ha visto cómo alguien presentaba como suya su buena idea? ¿Volvería el inventor original a invertir tiempo y dinero en el futuro?
Las patentes ayudan a los inventores a cosechar los frutos de su trabajo e inversión. La otra cara de la patente es que la invención debe hacerse pública para que otro investigador pueda basarse en ella. En este sentido, la transparencia contribuye al progreso científico.
Por último, está la denominada «Directiva de Transparencia», a menudo confundida con la transparencia de los precios. Esta directiva tiene como objetivo obtener transparencia sobre la fijación de precios: es decir, una «visión general de los sistemas nacionales de fijación de precios, incluida la forma en que operan en casos concretos, y todos los criterios en los que se basan, y garantizar el acceso público a ellos para todas las personas implicadas en el mercado de productos médicos de los Estados miembros; considerando que esta información debe ser pública». En definitiva, transparencia en lo que respecta a la toma de decisiones sobre fijación de precios y reembolso.
La transparencia de los precios hace que la toma de decisiones sobre reembolso sea responsable, al tiempo que socava la fijación diferencial de precios y el acceso. La transparencia de las patentes, por su parte, contribuye al progreso científico. En definitiva, ¿es la transparencia buena o mala? Depende.
Pero el acalorado debate sobre la transparencia puede haber cegado a muchos ante la cuestión más profunda: la confianza. El hecho de que la transparencia de los precios se haya debatido tan destacadamente en el contexto del Foro de Precios Justos de la OMS parece confirmarlo. Por ello, un primer paso hacia la confianza podría ser una conversación transparente sobre los principios que compartimos como partes interesadas. Uno de esos principios es, sin duda: que no existe una innovación valiosa sin un paciente que pueda acceder a ella y beneficiarse de ella.

