Para reinventar el futuro, debemos trabajar todos juntos

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  • La COVID-19 ha hecho aún más evidentes las deficiencias existentes en nuestros sistemas sociales y económicos.

  • También nos ofrece la oportunidad de llevar a cabo reformas fundamentales que sitúen a las personas en el centro de la economía mundial.

  • Con el liderazgo adecuado y un propósito común, podemos lograrlo. He aquí un plan de acción de cinco puntos para encaminarnos.

A principios de junio, Klaus Schwab, presidente del Foro Económico Mundial, pidió un «gran reinicio» tras la pandemia. Al defender la necesidad de una acción colectiva rápida, Schwab afirmó que la respuesta a la COVID-19 demostró que es posible reiniciar nuestros cimientos económicos y sociales. Añadió que ahora tenemos la mejor oportunidad para lograrlo.

Estoy de acuerdo. Cada vez está más claro que la economía mundial ya no ofrece lo que se necesita. Aunque sigue siendo el motor de progreso social más poderoso que se haya creado, siempre ha dependido de un sistema de reglas y normas, que ahora ya no funciona. Los síntomas más evidentes de este deterioro incluyen el cambio climático, la desigualdad y el populismo. El progreso social se hadesvinculado del progreso económico. En pocas palabras, tenemos un problema de diseño. Y ahora la COVID-19 está haciendo aún más evidentes las deficiencias.

¿Cómo podemos hacer evolucionar nuestros sistemas económicos para lograr resultados sostenibles para la sociedad? Necesitamos una reforma fundamental que sitúe a las personas en el centro de la economía. La sociedad civil, los empleados y la comunidad empresarial tienen todos un papel crucial que desempeñar.

Para las empresas, esto significa adoptar el concepto de capitalismo de las partes interesadas, liderando y gestionando negocios rentables y sostenibles que generen un impacto positivo para todas sus partes interesadas, incluidos los empleados, los clientes, los proveedores, las comunidades locales y la sociedad en general.

Cinco acciones clave

Convertir esa aspiración en realidad en medio de la crisis económica más profunda que muchas personas hayan vivido es un enorme desafío. El desempleo, la caída de los salarios, las cadenas de suministro tensionadas y la disminución de la demanda plantearán grandes retos. Es probable que los niveles de deuda pública y empresarial sean elevados y que a menudo se hayan contraído para financiar gastos cotidianos en lugar de inversiones. Sin una recuperación sólida, la confianza en los gobiernos, las empresas y las instituciones de la sociedad, que ya es frágil, podría quebrarse. Mientras tanto, las tensiones entre países podrían aumentar a medida que se desarrollen las implicaciones geopolíticas de la pandemia.

En este contexto, debemos resolver el problema del «y». No puede tratarse de elegir entre la sostenibilidad a largo plazo y las mejoras económicas a corto plazo. Necesitamos ambas cosas.

Para resolver este problema, necesitamos un marco que nos permita abordar varios asuntos en paralelo. Cinco acciones serán clave:

1. Reparar. Para solucionar los problemas del mañana, tenemos que llegar al mañana. Por eso, la prioridad inmediata es reparar lo que más ha dañado la crisis sanitaria y la necesidad de confinar las economías. Los gobiernos y las empresas han adoptado un enfoque muy audaz. Será importante mantener esta disposición a pensar de otra manera sobre el funcionamiento de nuestros sistemas económicos.

2. Repensar. En tiempos de disrupción, existe la tentación de intentar volver a cómo eran las cosas. Ese sería el enfoque equivocado, tanto para las empresas como para los gobiernos. Las empresas no deberían pensar que las cadenas de suministro, las prácticas laborales o las decisiones de inversión del pasado son las adecuadas para el futuro. En cuanto a los gobiernos, la COVID-19 ha puesto de relieve los desafíos estructurales que afrontan nuestras sociedades y ha creado un momento único para llevar a cabo cambios fundamentales. Debemos reflexionar profundamente sobre cómo puede nuestro sistema responder a desafíos que van desde el cambio climático hasta la automatización. Lo mismo se aplica a las organizaciones multilaterales. Al reforzar las instituciones que facilitan la cooperación internacional, estaremos mejor preparados para afrontar la próxima amenaza mundial.

3. Reconfigurar. El mayor desafío consiste en hacer realidad el cambio. Las organizaciones de todo tipo necesitarán nuevas estructuras y formas de trabajar que reflejen los cambios tecnológicos y sociales, la presión económica y la necesidad de rendir cuentas de manera fundamental ante las partes interesadas, no solo ante los accionistas. A nivel social, tendremos que introducir cambios importantes en la forma en que tomamos decisiones, como dejar atrás el PIB y adoptar una medida más integral del progreso social, así como reformar sistemas que abarcan desde la educación y la atención sanitaria hasta la fiscalidad.

4. Reiniciar. Innumerables empresas que no han podido reparar lo que está roto y han quebrado durante la crisis tendrán que empezar desde cero en un mundo muy distinto. Tendrán que dar los pasos habituales: elaborar un plan de negocio, conseguir financiación, contratar empleados, crear una marca, etc. Pero también habrá nuevas complejidades que abordar y más disrupciones que gestionar. Algunas áreas del sector público, incluidas partes del sistema sanitario, afrontan desafíos similares para reiniciarse.

5. Por último, pero no menos importante: informar. La pandemia ha llevado a la gente a buscar respuestas con urgencia sobre todo tipo de cuestiones, desde cómo aplica una empresa las medidas de confinamiento hasta cómo gestionan los gobiernos la crisis. Esta demanda de transparencia será permanente, y las empresas y los gobiernos tendrán que mostrar cómo cumplen sus responsabilidades más amplias ante las partes interesadas. Para las empresas, esto significa informar sobre una gama más amplia de métricas y divulgaciones ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), una iniciativa que PwC acoge con satisfacción y que está impulsando junto con elConsejo Empresarial Internacional del Foro Económico Mundial. La presentación de informes transparente y coherente ayudará a crear las condiciones para el progreso y una mayor confianza. Crea el contexto necesario para que el mercado funcione, al ofrecer a las partes interesadas más información para tomar decisiones, como dónde comprar, invertir o buscar empleo; y nos permite a todos ver dónde se producen avances.

Avanzar hacia el mundo que queremos

La pandemia ha dejado más claro que nunca que los gobiernos y las organizaciones deben cambiar radicalmente. Esto no se refiere solo a la COVID-19, sino también a los profundos problemas que ya existían: la desigualdad mundial e intergeneracional, la escasa confianza en las instituciones, el cambio climático y la privacidad personal en un mundo digital.

Si trabajamos juntos, podemos lograr todo esto. De hecho, debemos hacerlo. Y el momento es ahora. La COVID-19 ha generado una experiencia mundial compartida de un momento decisivo en la historia de la humanidad. Ahora se inicia un período de reflexión, en el que la gente no piensa en volver al mundo que tenía, sino en crear y avanzar hacia el mundo que desea. Con el liderazgo adecuado y un nuevo sentido de propósito impulsado por la pandemia, creo que podemos dar el salto.

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