Gran parte del mundo desarrollado se enfrenta a un problema de envejecimiento de la población que, en una o dos generaciones, podría tener consecuencias devastadoras. Incluso a corto plazo, planteará a los gobiernos una serie de retos complejos y difíciles de resolver.
La alimentación de mayor calidad, la erradicación de varias enfermedades importantes, una mejor atención sanitaria y tratamientos mejorados para enfermedades que, de otro modo, limitarían la vida, como el cáncer, son solo algunos de los factores que explican el aumento de la esperanza de vida. Y aunque sin duda es algo que debemos celebrar, como tantas cosas en la vida, no está exento de consecuencias.
Pero quizá haya una ayuda a nuestro alcance en forma de una planta que, según se cree, consumía la antigua clase guerrera de Japón: los samuráis.
El Japón actual es la tercera economía más grande del mundo. Sin embargo, muchos economistas predicen una disminución del 25 % del PIB del país durante los próximos 40 años. Esta caída algo abrupta, si llega a producirse, será consecuencia de los cambios demográficos: el 27 % de la población japonesa tiene 65 años o más. El país también tiene una tasa de natalidad peligrosamente baja.
Esa baja tasa de natalidad está acumulando problemas para el futuro. Pero la edad de la población actual plantea una preocupación más inmediata. Con una esperanza de vida media de 85,7 años, los trabajadores japoneses pueden esperar una larga jubilación, aunque cada vez más personas están optando por seguir trabajando mucho después de alcanzar la edad en que pueden empezar a cobrar la pensión.
Del folclore al laboratorio de investigación
Sin embargo, el envejecimiento conlleva inevitablemente un deterioro de la salud física, la fuerza y la resiliencia. Desde la pérdida de visión y audición hasta las dolencias musculoesqueléticas, la diabetes y la demencia, una vida larga trae consigo numerosos problemas indeseados. Muchos de ellos requerirán atención médica, intervenciones quirúrgicas y cuidados ambulatorios.
La salud y la esperanza de vida no van a la par: aquí es donde podría ayudar la planta japonesa ashitaba.
Esta resistente planta perenne, conocida científicamente como keiskei koidzumi, alcanza unos 120 cm de altura. Originaria de la región japonesa del Pacífico, la ashitaba tiene un sabor ligeramente amargo y, según cuenta la leyenda, es un alimento ideal contra el envejecimiento. Su nombre se traduce como «hoja del mañana». Ahora, los científicos han revelado que esa creencia tiene más fundamento que la mera conjetura y el folclore.
Investigadores de la Universidad de Graz, en Austria, han identificado las propiedades antienvejecimiento de un compuesto natural llamado flavonoide 4,4′-dimetoxichalcona (DMC). Se ha descubierto que el compuesto ralentiza el proceso de deterioro por el que pasan todas las células humanas. También se observó que prolongaba la esperanza de vida de levaduras, gusanos y moscas.
Frenar el envejecimiento
En total, el equipo de investigación de Graz examinó 180 compuestos distintos y analizó sus propiedades antienvejecimiento. Según los autores del informe, se determinó que la DMC era el compuesto de mejor rendimiento general, con potencial para «reducir la muerte celular relacionada con la edad cronológica» y promover «la longevidad en distintas especies».
La DMC pertenece a una familia de compuestos llamados flavonoides, el mayor grupo de fitonutrientes del mundo vegetal. Hay más de 6.000 flavonoides distintos y desde hace tiempo se los relaciona con los beneficios para la salud de las frutas y verduras. La planta ashitaba es una fuente rica en DMC y, por consiguiente, ofrece más que los beneficios habituales de una dieta rica en frutas y verduras. Actúa estimulando un proceso llamado autofagia: una desintoxicación natural a nivel celular.
Esta podría ser una de las razones por las que los japoneses siguen trabajando hasta una edad avanzada y superan ampliamente la longevidad de sus contemporáneos de otros países.
Pero Japón está lejos de ser el único país que afronta los desafíos socioeconómicos que plantea el envejecimiento de la población. Italia, Portugal, Alemania, Finlandia, Bulgaria y Grecia tienen poblaciones en las que más del 20 % de las personas tienen al menos 65 años.
Muchos otros países no se quedan atrás, lo que hace aún más necesario que continúe la búsqueda del elixir de la juventud.

