El ADN de un embrión humano se «edita» para eliminar una enfermedad. Los cirujanos practican procedimientos complejos en modelos creados con impresoras 3D. Un dron preprogramado recoge muestras de sangre de los habitantes de una aldea rural y regresa a la capital.
Estas situaciones asombrosas se han producido recientemente en lo que sin duda es una época dorada de innovación en la atención sanitaria.
El cambio rápido y las oportunidades sin precedentes son ahora los rasgos distintivos de la industria biofarmacéutica. Pero el futuro de la salud no estará definido únicamente por las innovaciones que nos proponemos crear; también dependerá de cómo respondamos a los desafíos y las consecuencias de cada gran avance, y cómo los anticipemos. Cuanto más sabemos, más «incógnitas conocidas» salen a la luz. Los límites de los ámbitos que aún pueden explorar los investigadores se amplían constantemente, mientras proliferan las posibles aplicaciones de las nuevas tecnologías.
Al trazar nuevos territorios para la atención sanitaria, debemos asegurarnos de que cada ruta conduzca de vuelta a los pacientes. Los cambios a gran escala impulsados por la innovación tecnológica solo tienen valor en función de su impacto en la vida de las personas, vidas que nos esforzamos constantemente por mejorar y prolongar. Creo que la mejor manera de proteger y tratar a las personas a las que servimos es identificar los posibles beneficios y desafíos de cada nuevo avance. Aprovechar la innovación con criterio nos permitirá ayudar a más pacientes que nunca.
Nuevas terapias, nuevas preguntas
Inmunooncología
Pensemos en la inmunooncología, una prometedora rama de la investigación del cáncer que estimula al propio sistema inmunitario del organismo para combatir la enfermedad. A diferencia de los enfoques tradicionales, como la radioterapia y la quimioterapia, que destruyen tanto las células sanas como las cancerosas, las inmunoterapias atacan las células cancerosas al potenciar la capacidad innata del organismo para combatir a los invasores peligrosos.
Las inmunoterapias han producido resultados notables en muchos pacientes, aunque no en todos. El desafío de la inmunooncología radica en que cada descubrimiento abre nuevas preguntas. La futura lucha contra el cáncer dependerá de comprender por qué algunas células tumorales pueden empezar a resistir estas terapias y de desarrollar nuevas combinaciones de tratamientos basadas en las características únicas de los tumores y de cada paciente. Encontrar respuestas a dilemas tan complejos requiere una verdadera colaboración. Por eso Pfizer persiste en su empeño por avanzar en las terapias contra el cáncer mediante la creación de las alianzas adecuadas.
Terapia génica
Otra área en auge de la atención sanitaria es la terapia génica, que actúa sobre un gen ausente o que no funciona en el ADN de un paciente y lo añade o sustituye por un gen funcional capaz de producir una proteína necesaria. A partir de entonces, los tejidos o las células afectados que dependen de esa proteína podrán funcionar con normalidad. En condiciones ideales, el paciente no necesitará tratamiento continuo.
Aunque podría parecer una «cura potencial» bastante sencilla, todavía no sabemos cuánto tiempo responderá el organismo a las modificaciones genéticas, ni cómo reaccionará con el tiempo el sistema inmunitario de las personas a estas intervenciones (o incluso de inmediato, en algunos casos). Además, en muchas enfermedades interviene más de un gen. Confiamos en que nuestras alianzas con especialistas en terapia génica, como Spark Therapeutics, impulsen el avance de este campo.
Medicina personalizada
La medicina personalizada, adaptada a las necesidades particulares, la composición genética y el estilo de vida de cada paciente, seguirá siendo una tendencia importante en la atención sanitaria. Dejar atrás un enfoque uniforme podría reducir las intervenciones ineficaces y mejorar los resultados. Por ejemplo, un reciente informe de PriceWaterhouseCoopers concluyó que el uso de una prueba genética en pacientes con cáncer de mama redujo en un 34% el uso de quimioterapia.
A medida que avanzamos hacia un panorama de atención sanitaria cada vez más personalizado para algunos pacientes, tanto en el tratamiento como en los servicios, también debemos ampliar el acceso para que más pacientes puedan beneficiarse de sus ventajas.
Un futuro digital
Inteligencia artificial
La capacidad de procesamiento de la IA reducirá drásticamente el tiempo que los científicos dedican a analizar datos y probar combinaciones moleculares mientras ajustan fórmulas y desarrollan otras nuevas. Los laboratorios farmacéuticos de I+D ya utilizan la IA para predecir las relaciones entre los mecanismos biológicos y los síntomas de las enfermedades. La IA también puede mejorar el diagnóstico y los planes de tratamiento de los pacientes.
Aun así, debemos asegurarnos de que el criterio de expertos humanos se aplique a los hallazgos de la IA. El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) es un importante centro de descubrimientos en IA, por lo que su reciente iniciativa multimillonaria con Harvard para desarrollar normas éticas en este ámbito es un buen ejemplo de cómo combinar el afán por impulsar la IA con el compromiso de comprender también sus límites.
Dispositivos digitales ponibles
Los datos que recogen estos dispositivos desempeñan un papel cada vez más importante en la atención sanitaria. Dispositivos como el Apple Watch no solo están cada vez más extendidos, sino que también están a punto de convertirse en una herramienta valiosa para incentivar hábitos saludables. Este otoño, la aseguradora de vida John Hancock anunció que ofrecería a sus asegurados un Apple Watch por solo 25 dólares, siempre que hicieran ejercicio con regularidad durante los dos años siguientes. (Quienes no mantengan la rutina tendrán que pagar el precio total del reloj a plazos). También se ha informado de que Aetna podría estar considerando algo similar.
Los dispositivos ponibles pueden generar datos de los pacientes en tiempo real y permitirles describir con mayor precisión sus propios síntomas subjetivos. Nuestra división de Oncología lanzó recientemente una aplicación gratuita, LivingWith, que ayuda a los pacientes con cáncer a mantenerse en contacto con sus seres queridos, gestionar sus citas y registrar cómo se sienten. La aplicación también se sincroniza con dispositivos ponibles de actividad física, lo que permite a los pacientes compartir con sus médicos una imagen más completa de su salud. Además, para los pacientes con hemofilia, nuestra división de Enfermedades Raras desarrolló HemMobile Striiv Wearable, un dispositivo que registra la actividad y la frecuencia cardíaca, así como las infusiones y los episodios hemorrágicos. Esta información detallada permitirá realmente a los profesionales sanitarios ofrecer una atención personalizada y también ayudará a los pacientes a asumir un papel más activo en la gestión de su propia salud.
Pero, al aprovechar el potencial de los datos personales de salud, también debemos tener presentes los riesgos que podríamos encontrar en el camino hacia un futuro más basado en los datos. La privacidad, por supuesto, es de suma importancia. Si bien compartir datos puede abrir la puerta a comodidades y beneficios potencialmente transformadores para los pacientes, en las manos equivocadas también puede exponerlos a riesgos y discriminación innecesarios.
En el mundo tecnológico se ha popularizado adoptar una mentalidad de «fracasar rápido» o defender la idea de que «hecho es mejor que perfecto». Aunque valoro sin duda el enfoque iterativo y austero de las empresas emergentes, también creo que los cambios más significativos en la atención sanitaria surgirán de la combinación adecuada de innovación y reflexión. Mientras ampliamos con entusiasmo las fronteras de los nuevos descubrimientos e imaginamos el potencial que tienen para ofrecer una atención personalizada y mejor a más pacientes, debemos crear al mismo tiempo mecanismos que examinen cada innovación desde perspectivas sociales, económicas y políticas para anticipar mejor sus consecuencias.
Con los pacientes siempre presentes, espero aprovechar las promesas de los descubrimientos impulsados por la tecnología y afrontar los desafíos que los acompañan, mientras nos adentramos en esta época fascinante y llena de esperanza para la atención sanitaria.


