La enfermedad de Alzheimer y las demencias relacionadas, también conocidas como ADRD, representan uno de los mayores desafíos para lo que la ONU ha declarado como «Decenio del Envejecimiento Saludable».
La comunidad mundial tiene un imperativo tanto ético como económico para mitigar los efectos de las ADRD.
La investigación y el desarrollo (I+D) de tratamientos representa una oportunidad notablemente infrafinanciada para generar beneficios sociales de amplio alcance.
Hemos entrado en lo que la Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha declarado «Decenio del Envejecimiento Saludable». Esta declaración y los objetivos colectivos fijados para los próximos diez años responden al creciente número de personas mayores de 60 años en todo el mundo, la mayoría de las cuales no recibe el apoyo que necesita para prosperar. Este llamado a la acción se enmarca en un movimiento más amplio para combatir la discriminación contra las personas mayores. Su objetivo es afirmar la dignidad y el valor de las personas de todas las edades, como un ámbito central de la equidad sanitaria mundial.
El «Decenio del Envejecimiento Saludable» también se plantea como un imperativo económico. Un reciente informe de la ONU sobre el «edadismo» concluyó que la estigmatización de las personas mayores y la baja prioridad concedida a sus necesidades generan pérdidas de miles de millones de dólares solo en Estados Unidos. Estos hallazgos respaldan la idea de que las personas mayores aportan un dividendo de longevidad – a medida que aumentan la esperanza de vida y la proporción de población mayor, garantizar el bienestar de las personas mayores adquiere un valor económico cada vez mayor y se convierte en un factor importante para un crecimiento económico mundial equitativo.
Las ADRD representan uno de los mayores desafíos del «Decenio del Envejecimiento Saludable»
La enfermedad de Alzheimer y las demencias relacionadas (ADRD) comienzan a desarrollarse en la mediana edad y, por lo general, pasan desapercibidas hasta que aparecen los síntomas. Las ADRD provocan invariablemente pérdida de funciones y la muerte, y en 2019 se clasificaron como la sexta causa principal de carga de morbilidad en las personas mayores y es probable que aumenten en las próximas décadas. También suponen un elevado gasto sanitario y social, así como una carga para los cuidadores informales. Un estudio reciente estima que el costo mundial anual de las demencias ascendía a 1,33 billones de dólares en 2020 y se duplicará cada década, hasta alcanzar los 9,12 billones de dólares en 2050.

A pesar de las grandes y crecientes cargas sanitarias y económicas, no existen terapias disponibles que modifiquen de forma significativa el proceso de la enfermedad. Si bien existen apoyos que pueden mejorar sustancialmente la calidad de vida y reducir la carga de los cuidadores, así como estrategias prometedoras para prevenir la aparición de las ADRD, no existen tratamientos farmacológicos realmente eficaces. Esto se debe en parte a la complejidad de la enfermedad, pero también a la falta de inversión derivada del mismo edadismo que el «Decenio del Envejecimiento Saludable» busca abordar.
La comunidad mundial debe invertir para mitigar los efectos de las ADRD como parte tanto del imperativo ético contra el edadismo como del imperativo económico de desbloquear una nueva forma de dividendo demográfico. La prevención de las ADRD y la mejora de la calidad de vida de las personas con ADRD mediante estrategias bien probadas son áreas que requieren una inversión más sólida.
El enfoque de este documento se centrará en la I+D de tratamientos (investigación y desarrollo), ya que representa una oportunidad notablemente infrafinanciada para generar beneficios sociales de amplio alcance.
Problemas de «gorrón» y asignación inadecuada del riesgo en la I+D de las ADRD
La I+D de las ADRD enfrenta dos problemas distintos: en primer lugar, el conocimiento básico generado por la I+D es difícil de patentar y, en consecuencia, los mercados privados lo proveerán de forma crónicamente insuficiente. En segundo lugar, incluso en inversiones que dan lugar a resultados patentables, la extrema incertidumbre de los rendimientos de la I+D de las ADRD desalienta la inversión privada, dada su limitada capacidad para asumir riesgos. Ambos problemas pueden abordarse mediante una intervención gubernamental económicamente sólida.
El conocimiento generado por la investigación básica es un bien público mundial, ya que el sector privado no puede apropiarse de todos los beneficios de la investigación básica. Como ocurre con otros bienes públicos, el sector privado siempre producirá muy poco en relación con el beneficio potencial mundial. Por ello, una inversión pública sólida en I+D es una necesidad.
Para abordar esto, la colaboración entre actores con amplios recursos podría desarrollar un ecosistema mundial de I+D sobre las ADRD de libre acceso para todos. Esto aumentaría la equidad en cuanto a quién puede participar y aceleraría la I+D a nivel mundial. La pandemia de COVID-19 demuestra este principio: invertir en la creación de una sólida infraestructura de colaboración puede dar lugar a nuevos descubrimientos a un ritmo increíble. Las ADRD plantean un desafío de I+D distinto al de la COVID-19, pero también requieren una inversión mundial coordinada.
Otro factor que hace necesaria la intervención pública es la extrema incertidumbre del desarrollo terapéutico de las ADRD. Los ensayos clínicos para las ADRD han tenido bajas tasas de éxito: hasta 2017, hubo 146 ensayos clínicos de la enfermedad de Alzheimer que fracasaron y 4 que dieron lugar a la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA), mientras que la tasa de éxito de los programas de desarrollo de fármacos en general es del 13,8 %. Este alto riesgo en la etapa de descubrimiento desalienta la inversión en ensayos clínicos individuales.
Se están desarrollando varios mecanismos de financiación innovadores para mitigar este problema. Por ejemplo, Andrew Lo, del MIT, recomienda la creación de un megafondo – una cartera de inversiones en ensayos clínicos – como vehículo financiero que permite a los inversores reducir el riesgo al distribuir la inversión entre una amplia variedad de posibles tratamientos. Otros han recomendado mecanismos de financiación innovadores de tipo «de demanda» (pull), mediante los cuales los compradores fijan de antemano un precio que estarían dispuestos a pagar por terapias exitosas, lo que reduce la incertidumbre sobre su rendimiento en el mercado y aumenta el interés por la inversión.
Por último, las ADRD representan una amenaza desproporcionada en las naciones con menos recursos y entre las poblaciones que sufren discriminación, ya que los factores de riesgo de las ADRD están asociados con un menor acceso a recursos. Para que las nuevas terapias lleguen a estas poblaciones y promuevan la equidad sanitaria y económica mundial, los actores con más recursos deberán subvencionar estos costos.
Recomendaciones para abordar las ADRD durante un decenio de envejecimiento saludable
Las ADRD deben abordarse como parte de los imperativos económicos, de equidad sanitaria, morales y de derechos humanos del «Decenio del Envejecimiento Saludable». En particular, los desafíos de I+D en terapéutica para las ADRD pueden superarse mediante la colaboración mundial para desarrollar dos nuevos bienes públicos fundamentales: un ecosistema de I+D sobre las ADRD activo y bien estructurado, y mecanismos de financiación innovadores.
Los autores realizaron el trabajo aquí expuesto como consultores de Data for Decisions, LLC.
