Esto es lo que ocurre cuando un colegio sustituye las patatas fritas por quinoa

French fries are prepared at 'BurgerArt' restaurant, as drought and heat wave in Europe this summer could cause a shortage of potatoes in Berlin, Germany, July 30, 2018. REUTERS/Fabrizio Bensch - RC1B295E7C90
Quito's schools are ditching French fries, hamburgers and pizza in favour of quinoa, amaranth and corn.Image: REUTERS/Fabrizio Bensch
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En Quito, alrededor del 70 % de las muertes se deben a enfermedades no transmisibles como la hipertensión y la diabetes. La obesidad es un factor de riesgo principal y, aquí, como en casi cualquier parte del mundo, sufrimos un aumento de las tasas de obesidad infantil.

Casi el 27 % de los niños en edad escolar tienen sobrepeso u obesidad en Ecuador, frente al 31 % en Estados Unidos. Los mismos factores de riesgo se aplican en ambos países y en el resto del mundo: más alimentos procesados, ricos en calorías procedentes del azúcar y la grasa, pero pobres en nutrientes; más bebidas azucaradas y refrescos; menos consumo de frutas y verduras, y menos ejercicio físico.

Los niños con sobrepeso u obesidad tienen más probabilidades de convertirse en adultos con los mismos problemas de peso. Además, el sobrepeso y la obesidad aumentan el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión, infartos, algunos tipos de cáncer y otras enfermedades no transmisibles.

La tendencia también empeora: más de 672 millones de personas cumplen los criterios de obesidad, es decir, más de una de cada ocho personas adultas en el mundo. Aquí, en Ecuador, las enfermedades no transmisibles (ENT) crónicas cuestan al gobierno federal 4300 millones de dólares al año.

Tanto en Ecuador como en Estados Unidos, y, una vez más, en casi todas partes, la pobreza y la consiguiente falta de alimentos asequibles desempeñan un papel significativo en la crisis de obesidad. El informe más reciente de las Naciones Unidas sobre nutrición pone de relieve cómo las desigualdades económicas alimentan estas disparidades sanitarias: “El mayor coste de los alimentos nutritivos, el estrés de vivir con inseguridad alimentaria y las adaptaciones fisiológicas a la restricción de alimentos ayudan a explicar por qué las familias con inseguridad alimentaria pueden tener un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad”.

Por eso, en Quito, trabajamos para combatir esta crisis en el lugar en el que sabemos que podemos llegar a los niños: la escuela. Como parte de la Alianza para Ciudades Saludables de Bloomberg Philanthropies, el programa piloto Pilas con las Vitaminas ofrece actualmente comidas saludables en quioscos de alimentos escolares en seis distritos, mientras que en las aulas se imparte un currículo de alimentación saludable. Al mismo tiempo, trabajamos con las comunidades para que todos comprendan la importancia de una nutrición más sana, de modo que las lecciones de nutrición que se enseñan y se ponen en práctica en el aula lleguen también a los hogares.

¿Cómo se ve esto desde la perspectiva del estudiante? Adiós a la comida rápida estadounidense, las patatas fritas, las hamburguesas y la pizza. En su lugar, las comidas disponibles para los estudiantes serán más tradicionales y de alimentación más sana: alimentos elaborados con chochos (judías de alto contenido proteico), quinoa, amaranto, plátano verde y maíz. Nuestros colegios ofrecerán más frutas y verduras, y menos grasa, sal y azúcar.

Los quioscos que venden los alimentos más saludables han sido renovados con imágenes llamativas y un plan de marketing que se adaptará a las estaciones y a las festividades. Los estudiantes han recibido estos cambios con recelo, pero nuestra comunidad educativa (docentes, directores de centros y personal) ha acogido esta nueva orientación y trabaja con las familias para que tenga éxito.

Sorprendentemente, el coste del nuevo programa ha sido mínimo. La puesta en marcha y la promoción de las nuevas opciones de menú y de las alternativas más saludables representaron solo alrededor del 20 % de nuestro presupuesto de alimentación escolar durante el primer año, y prevemos un ahorro de costes a medida que el programa se consolide.

Evaluaremos cómo funciona este proyecto piloto al final del curso escolar, pero ya hemos observado éxitos en otros lugares del mundo. En Estados Unidos, un chef de uno de los mejores restaurantes del mundo creó y sirvió un menú saludable para 3300 estudiantes en New London, Connecticut, y ahora amplía el alcance de sus operaciones en un programa piloto en el distrito menos acaudalado de la ciudad de Nueva York, el Bronx.

En Londres, Reino Unido, existe un movimiento para incorporar más chefs a los comedores escolares y evitar los nuggets y las patatas fritas preenvasados. Incluso existe una nueva ley, en vigor desde 2019, que prohíbe la apertura de nuevos restaurantes de comida rápida a menos de un cuarto de milla de cualquier centro de educación primaria o secundaria.

Un aspecto que nos llama la atención es cómo una alimentación saludable se traduce en mejores resultados académicos. Investigadores que analizaron colegios del estado de California observaron que, si bien las calificaciones de los estudiantes aumentaban cuando se servían comidas saludables, el incremento de las calificaciones era de hasta un 40 % mayor en los estudiantes procedentes de familias menos acaudaladas, que son los más propensos a necesitar el almuerzo escolar en primer lugar.

Pero los datos concretos sobre el almuerzo escolar y la obesidad infantil siguen siendo una prioridad en nuestros esfuerzos. En Japón, se comprobó que servir almuerzos escolares saludables ayuda a reducir las tasas de obesidad e incluso aumenta la estatura de los estudiantes. Investigaciones anteriores realizadas en Tokio establecieron la importancia de estas comidas para que los estudiantes de comunidades empobrecidas se alimenten bien y prosperen.

Como todos los alcaldes del mundo, quiero que mis conciudadanos gocen de buena salud y prosperen. Pero los gobiernos locales no pueden hacer todo el trabajo por sí solos. Necesitamos colaborar con los gobiernos regionales y nacionales para promover estilos de vida saludables, desde frenar la publicidad engañosa hasta crear políticas agrícolas que ayuden a los agricultores a producir alimentos más nutritivos.

Gracias a la iniciativa de almuerzos escolares, ahora tenemos una imagen más completa del bienestar de nuestros niños. Mientras seguimos desarrollando nuevas estrategias que limiten los factores de riesgo de las enfermedades no transmisibles, nuestra experiencia nos recuerda que todas las personas deberían tener los medios para crecer sanas y felices.

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