África tiene una brecha en investigación científica. Así se puede cerrar

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  • La capacidad de investigación mundial no se distribuye de forma equitativa y África es una de las regiones más desatendidas.

  • La financiación de la investigación posdoctoral africana está mejorando, pero esto no se ve acompañado de oportunidades posteriores.

  • Las alianzas internacionales de investigación equitativas que aprovechan al máximo la experiencia local pueden nivelar las condiciones.

El mundo disfruta de niveles de interconexión sin precedentes, lo que ha aportado enormes beneficios, pero también algunas consecuencias negativas, como la propagación fácil y rápida de enfermedades por todo el planeta. Esto ha quedado patente en los recientes brotes de ébola y zika, y en la COVID-19, que quizá representa el mayor desafío mundial de los últimos tiempos.

Según la OMS, el cambio climático está creando nuevos riesgos para la salud y actúa como un «multiplicador de amenazas». Un estudio reciente revela que está agravando los desafíos de salud existentes: están surgiendo nuevas enfermedades y reapareciendo otras antiguas, y ambas cruzan fronteras geográficas. Gracias a la investigación en salud se identificaron los agentes causantes del ébola, el zika y la COVID-19, y se detectaron en personas infectadas. La investigación también facilitó el desarrollo de medidas de protección, el diseño de pautas y regímenes de tratamiento, y la fabricación de diversas vacunas. Sin duda, la investigación y la innovación (I+i) serán fundamentales para combatir futuras epidemias y otras amenazas para la salud.

Aunque no se puede subestimar la importancia de la investigación en salud, la capacidad de investigación no se ha distribuido equitativamente en todo el mundo. África está muy rezagada: por ejemplo, con solo 20 investigadores en salud por cada millón de habitantes, el continente tiene la proporción más baja del mundo (Europa cuenta con 246 investigadores por cada millón de habitantes). Aunque en algunas partes de África ha aumentado la inversión en formación doctoral, este incremento no ha ido acompañado de oportunidades una vez concluido el doctorado.

Además, muchos investigadores africanos en etapas iniciales de su carrera posdoctoral no pueden acceder a formación en competencias técnicas, de liderazgo y transferibles esenciales, que les permitan desarrollar sus propias ideas, enriquecidas por los conocimientos indígenas y las necesidades de salud locales actuales, y convertirlas en propuestas de investigación convincentes y financiables. Tampoco tienen acceso a mentores experimentados, centros de excelencia en investigación, redes de investigación ni programas internacionales de investigación colaborativa. A estos desafíos se suma que los investigadores francófonos, lusófonos y otros que hablan la multitud de idiomas utilizados en el continente deben afrontar el hecho de que la mayoría de las investigaciones africanas publicadas internacionalmente están en inglés.

África tiene el menor número de investigadores en salud per cápita.Image: OMS

Las científicas africanas también afrontan problemas de desigualdad de género en el ámbito de la investigación. Se han identificado el desequilibrio de género, las expectativas culturales y la falta de mujeres sénior que puedan servir de referentes y mentoras como obstáculos para la igualdad de género en las instituciones africanas de investigación, lo que afecta a la producción de investigación e innovación (I+i) de las investigadoras, como publicaciones, patentes y citas. De hecho, los sesgos y estereotipos de género persistentes arraigados en las instituciones africanas de investigación crean un entorno laboral a menudo difícil para las científicas, que con frecuencia deben compaginar las responsabilidades familiares con sus carreras.

La combinación de los desafíos mencionados —a) falta de inversión en formación posterior al doctorado en África; b) falta de estructuras de apoyo; y c) persistente desigualdad de género en la investigación— lleva a muchos investigadores africanos emergentes en salud a abandonar por completo la profesión y buscar otras fuentes de ingresos fuera de África; esto causa una importante pérdida de capital humano y una infrautilización de la economía local del conocimiento. Según Daniel Hawkins Iddrisu, investigador del Centro de Investigación para el Acceso y el Aprendizaje Equitativos (REAL), de la Universidad de Cambridge, el sesgo actual a favor de la investigación no africana y la utilización marginal del conocimiento local perpetúan el «subdesarrollo africano». Añade que «se descartan los conocimientos y las pruebas reales que pueden orientar soluciones e intervenciones, y se toman prestadas soluciones externas y se las obliga a encajar en un contexto totalmente distinto».

En la misma línea, Lucy Heady, directora ejecutiva de Education Sub-Saharan Africa, pide que se preste más atención a las alianzas internacionales de investigación equitativas y a la investigación dirigida localmente, ya que los investigadores africanos están en la mejor posición para afrontar los desafíos que supone mejorar la salud en sus países. Sus conocimientos lingüísticos, su comprensión de las dinámicas sociales y culturales y su apreciación de cómo utilizar la tecnología de la manera más eficaz en cada lugar les ofrecen una perspectiva única para entender la compleja interacción de estas dinámicas.

Para abordar estos desafíos, es necesario dar prioridad a las alianzas de investigación equitativas tanto a escala internacional como local. Las alianzas internacionales de investigación equitativas deben procurar reducir los desequilibrios de poder existentes en el ecosistema mundial de investigación y reparar la injusticia reconocida de las malas prácticas de investigación: por ejemplo, la investigación «paracaidista» o «en helicóptero», en la que investigadores de países de ingresos altos trabajan en el Sur Global sin la participación o el apoyo adecuados de investigadores e infraestructuras locales. A escala local, la equidad en la investigación debe garantizar una mayor igualdad de género y la inclusión de investigadores africanos francófonos y lusófonos en el ámbito de la investigación.

Organizaciones como la nuestra, el Fondo para la Excelencia en la Investigación de África (AREF), creemos que para afrontar los desafíos anteriores son fundamentales la formación posdoctoral de capacidades dirigida localmente —como liderazgo en investigación, talleres de redacción de solicitudes de subvención, mentoría y financiación de becas que apoye la investigación dirigida localmente—, así como el fortalecimiento de capacidades que respalde a las instituciones africanas de investigación. El apoyo a los investigadores de África para que establezcan, mantengan y prosperen en alianzas de investigación equitativas, ya sean internacionales o más locales, es un hilo conductor de todas las oportunidades de desarrollo profesional que ofrecemos.

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La necesidad imperiosa de mejorar la equidad de género en la investigación en salud ha llevado a AREF a forjar alianzas con diversas entidades, como Consolidated Contractors Company (CCC), para ofrecer un Programa de Liderazgo de Investigación para Mujeres y un Programa de Redacción de Solicitudes de Subvención dirigido específicamente a mujeres. También se destaca una red de investigación que integra a investigadores posdoctorales de todo el continente, en la que los participantes amplían sus redes, mejoran sus prácticas, colaboración y producción investigadoras, y tienen las mismas oportunidades de triunfar en la ciencia de la investigación posdoctoral.

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