La resistencia a los antimicrobianos (RAM) es la tercera causa de muerte en el mundo.
La RAM estuvo asociada a 4,95 millones de muertes prematuras en 2019, una cifra superior a la del VIH/sida o la malaria, que podría superar los 10 millones en 2050.
La reunión de alto nivel (HLM, por sus siglas en inglés) de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la RAM, que tendrá lugar este septiembre, ofrece la oportunidad de revitalizar la lucha contra la RAM y trazar el camino a seguir.
El impacto de las bacterias capaces de vencer al arsenal actual de tratamientos, incluidos los antibióticos, se está acelerando. La resistencia a los antimicrobianos (RAM) ya es la tercera causa de muerte en el mundo y estuvo asociada a 4,95 millones de muertes prematuras en 2019, una cifra superior a la del VIH/sida o la malaria, que podría superar los 10 millones en 2050.
La última revisión de la Organización Mundial de la Salud sobre los medicamentos en desarrollo revela una brecha en los productos destinados a combatir los patógenos resistentes a los fármacos. Existe un riesgo muy real de volver a una era anterior a los antibióticos, en la que infecciones bacterianas comunes causadas por heridas leves, infecciones urinarias o infecciones de transmisión sexual podrían volver a poner en peligro la vida.
La RAM también tiene un alto coste económico. El Banco Mundial estima que el impacto económico de la RAM sin mitigar podría reducir el PIB mundial anual entre un 1,1 % y un 3,8 % para 2050.
La reunión de alto nivel (HLM, por sus siglas en inglés) de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la RAM, que tendrá lugar este septiembre, es una oportunidad para revitalizar esta lucha y trazar el camino a seguir. Avanzar en estas tres acciones podría permitir que todos los actores —el sector público, el privado y la sociedad civil— contribuyan a crear un mundo más seguro.
Tres formas de combatir la resistencia a los antimicrobianos
En primer lugar, es importante cerrar la brecha de acceso y garantizar que todas las personas, vivan donde vivan, puedan obtener los antibióticos que necesitan, especialmente en los países de bajos ingresos. Para ello, será fundamental impulsar la innovación. El mercado actual de los antimicrobianos no logra estimular la investigación y el desarrollo, garantizar el acceso a productos nuevos y existentes ni proteger contra el uso excesivo.
Estos tres objetivos —innovación, acceso y uso responsable— deben equilibrarse para garantizar la sostenibilidad y la equidad. Es esencial combinar nuevos incentivos de «empuje» y de «atracción» para generar antibióticos verdaderamente novedosos. Sin innovación, nuestro arsenal médico seguirá reduciéndose, más empresas abandonarán el mercado y el acceso continuará siendo lento e insuficiente.
Algunos gobiernos y fundaciones privadas intentan establecer incentivos de «empuje», como CARB-X y GARDP, que permiten establecer prioridades estratégicas y reducir los riesgos del proceso de investigación y desarrollo. Los innovadores farmacéuticos respondieron creando el Fondo de Acción contra la RAM, que complementa los incentivos de empuje con apoyo financiero para desarrolladores de productos con proyectos en fases avanzadas de desarrollo. Estos esfuerzos se beneficiarían de incentivos de «atracción» que recompensen la innovación en antimicrobianos en función de su valor social.
En el ámbito del G7, los ministros de Finanzas están empezando a apoyar y probar mecanismos de incentivos de atracción. Estos podrían «desvincular» las inversiones en investigación y desarrollo de los volúmenes de ventas y los precios, lo que permitiría crear un mercado viable y promover al mismo tiempo el uso responsable. Así se intentaría corregir la falla del mercado que impide a las pequeñas y medianas empresas reunir el capital necesario para llevar sus investigaciones hasta el desarrollo, la concesión de licencias y la distribución de productos, garantizando a la vez el acceso para países de todos los niveles de ingresos.
A todos les beneficiaría que más países demostraran liderazgo financiero para impulsar un incentivo de alcance mundial, sobre la base de los proyectos piloto dirigidos por el Reino Unido, Suecia, Japón y Canadá.
Los sectores agrícola y de procesamiento de alimentos también tienen un papel que desempeñar al evaluar cómo promover el uso responsable de los antibióticos. Entre las opciones podría figurar sustituir el uso de antibióticos para promover el crecimiento y como profilaxis por métodos de producción sostenibles e higiénicos. Los compromisos voluntarios de la industria para aportar financiación en apoyo de la innovación desatendida —por ejemplo, respaldando o replicando el Fondo de Acción contra la RAM— o para limitar el nivel de antibióticos utilizados en los piensos podrían ser un primer paso.
En segundo lugar, la inteligencia artificial (IA), incluidas las herramientas de diseño biológico, podría acelerar el descubrimiento de fármacos y los ensayos clínicos, y reducir sus costes, sobre todo en el caso de nuevas clases de antibióticos y diagnósticos. Innovar también implica colaborar con posibles agentes disruptivos, entre ellos empresas tecnológicas que ya se han aventurado en el descubrimiento de fármacos junto con innovadores farmacéuticos tradicionales.
En tercer lugar, la financiación sostenible y los recursos para la acción son fundamentales para tener éxito. Las instituciones e instrumentos financieros mundiales existentes podrían facilitar a los países de bajos ingresos el acceso a sus líneas de financiación para intervenciones contra la RAM. Además de recursos para actuar, necesitamos conocimiento: mecanismos nacionales, regionales y mundiales de vigilancia que se desarrollen y reciban apoyo y, algo fundamental, que se compartan en todo el mundo.
Sin embargo, el conocimiento también debe traducirse en evidencia que impulse la acción. La RAM es compleja y no conoce fronteras: los microbios resistentes se propagan con facilidad entre países y continentes, por lo que constituyen una amenaza que exige esfuerzos internacionales coordinados para responder eficazmente.
Un panel internacional e independiente, similar al IPCC sobre cambio climático, que examine la RAM y formule recomendaciones podría ser un paso decisivo para abordar este problema. El panel podría sintetizar la evidencia científica existente, contar con una participación activa del Sur Global y formular recomendaciones para la acción.
Estamos viendo avances: para acelerar modelos innovadores de cooperación entre sectores y entre la industria y los gobiernos, el Foro Económico Mundial ha creado un nuevo Consejo Global del Futuro. Además, esta semana, partes interesadas de todos los sectores y países se reúnen en Nueva York para compartir sus prioridades de cara a la reunión de alto nivel sobre la RAM de este septiembre.
Las necesidades están claras. La reunión de alto nivel y los preparativos previos representan un hito para que las empresas, los gobiernos y las organizaciones filantrópicas intensifiquen la lucha contra la RAM. Los gobiernos, el sector privado y otros financiadores podrían considerar reforzar la cartera de proyectos con incentivos de «empuje» y «atracción», y asumir compromisos sustanciales para reducir el uso excesivo y nutrir esa cartera con fármacos nuevos y eficaces.
Los innovadores farmacéuticos podrían ampliar la diversidad de participantes y aprovechar las ventajas de la IA y otras innovaciones disruptivas. Por último, la comunidad internacional podría colaborar para crear y respaldar un panel independiente que refuerce la base empírica y promueva el trabajo intersectorial.
Dame Sally Davies es la enviada especial del Reino Unido para la resistencia a los antimicrobianos y copresidenta del Consejo Global del Futuro sobre el futuro de la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos del Foro Económico Mundial. Hemant Ahlawat es socio sénior de McKinsey & Company, colíder del McKinsey Health Institute y miembro del Consejo Global del Futuro. Shyam Bishen es director del Centro de Salud y Atención Sanitaria del Foro Económico Mundial.

