El liderazgo que necesitamos para afrontar los desafíos más difíciles del mundo

Mosquitoes used for research are seen inside a laboratory at the International Centre of Insect Physiology and Ecology (ICIPE) headquarters in Nairobi, Kenya May 11, 2020. Picture taken May 11, 2020. REUTERS/Jackson Njehia - RC22RG948W07
Malaria is arguably the world's oldest disease - and momentum is building to end itImage: REUTERS/Jackson Njehia - RC22RG948W07
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  • El movimiento climático de Greta Thunberg y Black Lives Matter son ejemplos de un nuevo tipo de liderazgo.

  • La desigualdad, la desesperación y la frustración están impulsando nuevos enfoques del liderazgo.

  • Las empresas deben mirar más allá de los beneficios hacia una responsabilidad social más amplia.

Para abordar los desafíos más apremiantes del mundo, desde el cambio climático y la degradación medioambiental hasta la injusticia social y las pandemias, necesitamos liderazgo. Mientras que en el pasado los gobiernos o los partidos políticos organizados dictaban la agenda, hoy el liderazgo se difunde, adopta formas diversas y, a menudo, resulta inesperado.

En cuestión de meses, Greta Thunberg pasó de ser una alumna más a convertirse en líder del movimiento mundial contra el cambio climático. Tras un tiroteo escolar en Florida en 2018, estudiantes de secundaria se convirtieron en los líderes de facto de una campaña nacional para poner fin a la violencia armada. El movimiento Black Lives Matter, que comenzó con una publicación en redes sociales, ha crecido hasta convertirse en un fenómeno mundial. Estos movimientos han surgido como consecuencia de la desigualdad, la desesperación ante el estado del mundo y la respuesta insuficiente de quienes ocupan el poder.

Este nuevo liderazgo funciona porque es auténtico. Reconoce que necesitamos más voces y encontrar nuevas soluciones a viejos desafíos.

¿Cuál es el papel de las empresas en esta nueva era? ¿Podemos esperar un liderazgo similar por parte de las empresas y sus líderes y, en caso afirmativo, cómo sería? A lo largo de la historia, las empresas se han unido en asociaciones comerciales y cámaras para influir en los responsables políticos y los reguladores. En definitiva, el objetivo era crear un entorno empresarial favorable. Abordar las preocupaciones sociales no ocupaba un lugar destacado en la agenda.

Sin embargo, las empresas con visión de futuro se dan cuenta de que el mundo ha cambiado. Por ejemplo, el número de inversores institucionales comprometidos con la reducción de las acciones de combustibles fósiles de sus carteras ha aumentado de 180 en 2014 a más de 1.100 en 2019, lo que representa 11 billones de dólares bajo gestión. En países como Suecia, más de el 70 por ciento de los consumidores tienen en cuenta las preocupaciones en materia de sostenibilidad a la hora de comprar bienes y servicios. Las empresas que busquen inversores, financiación o consumidores en los próximos años deberían tomar nota.

Así pues, las empresas pueden liderar o seguir. En Indonesia, Myanmar y Tailandia, un grupo de líderes empresariales ha optado por la primera opción. Lideran un ámbito que a primera vista puede parecer sorprendente.

Se han unido para liderar la iniciativa del sector privado contra la malaria en sus países. Junto con la Asia Pacific Leaders Malaria Alliance, pusieron en marcha M2030 en 2018. Las empresas participantes utilizan sus plataformas para concienciar y recaudar fondos para los programas contra la malaria. Además, sus fundadores y directores ejecutivos utilizan su influencia para defender la eliminación de la malaria y el mantenimiento de la financiación pública para la salud.

No hay ningún motivo oculto. Por el contrario, existe un objetivo claro y abiertamente declarado: erradicar la malaria de Asia.

Hay varias razones por las que han hecho de la malaria su causa. En primer lugar, es posiblemente la enfermedad más antigua del mundo y la plaga que ha matado a más seres humanos a lo largo de la historia. Y, sin embargo, por primera vez, podemos ver el fin de la malaria en Asia para 2030 o antes. Pero para alcanzar ese objetivo, necesitamos que todos pongan manos a la obra. En segundo lugar, acabar con la malaria permitirá liberar miles de millones de dólares en costes sanitarios y generar ganancias económicas a largo plazo. Los líderes empresariales saben reconocer una inversión inteligente cuando la ven. Y, en tercer lugar, los programas contra la malaria ayudan a hacer del mundo un lugar más seguro. Los fondos destinados a la malaria se utilizan para formar a trabajadores sanitarios, reforzar las cadenas de suministro y los sistemas de seguimiento, y crear redes de agentes de salud comunitarios. En definitiva, los programas contra la malaria permiten que el mundo esté mejor preparado también para hacer frente a otras enfermedades, incluida la COVID-19.

Hemos entrado en los últimos diez años para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Con el lema de una Década de Acción, la ONU hace un llamamiento a todas las personas del mundo para movilizarse, exigir acción, y impulsar las ideas hasta convertirlas en soluciones. Es un reconocimiento de que nos estamos quedando atrás y de que necesitamos que todos, desde las personas y las organizaciones de la sociedad civil hasta los gobiernos y el sector privado, redoblen sus esfuerzos. En un mundo hipercomplejo e interconectado como el actual, las acciones de un solo actor o sector simplemente no bastan.

El liderazgo para abordar las preocupaciones sociales suele surgir como reacción a los acontecimientos. Cuando eso ocurre, el progreso puede ser rápido. Pero no podemos permitirnos esperar a que el liderazgo surja espontáneamente. Como ha demostrado M2030, es posible crear plataformas con un propósito definido para impulsar acciones conjuntas. Existen otros muchos ejemplos. En abril de este año, un grupo de líderes de opinión, empresas y fundaciones puso en marcha la Pandemic Action Network. Su objetivo es impulsar un movimiento mundial para poner fin a la COVID-19 y garantizar que el mundo esté mejor preparado para la próxima pandemia.

Necesitamos más iniciativas como esta. No todo el mundo puede crear su propia red. Pero quienes tenemos capacidad de acción podemos apoyar, patrocinar y sumarnos a movimientos que nos ayuden a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Y, al hacerlo, todos lideramos. El futuro del mundo depende de ello.

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