La pandemia de coronavirus también podría enfermar a los edificios

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Potential waterborne diseases may be developing in unused pipes.Image: Unsplash/Abigail Lynn
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  • Las oficinas sin uso tienen agua estancada en las tuberías

  • Preocupan los niveles peligrosos de cobre y plomo en el agua, así como la bacteria que causa la enfermedad del legionario

  • Millones de trabajadores de todo el mundo han pasado al teletrabajo en la era de la COVID-19

Mientras millones de personas tienen la orden de quedarse en casa durante la pandemia de coronavirus, el agua permanece en las tuberías de oficinas y gimnasios vacíos, envejece y se vuelve potencialmente peligrosa.

Cuando el agua no circula, pueden acumularse organismos y sustancias químicas en las tuberías. Esto puede ocurrir en gimnasios infrautilizados, edificios de oficinas, escuelas, centros comerciales y otras instalaciones. Estos organismos y sustancias químicas pueden alcanzar niveles peligrosos cuando el agua permanece en las tuberías apenas unos días. Pero ¿qué ocurre cuando permanece allí durante semanas o meses?

No hay estudios a largo plazo sobre los riesgos y solo hay orientaciones mínimas para ayudar a los propietarios de edificios a preparar el agua para volver a utilizarla tras un cierre prolongado.

Como investigadores dedicados a la seguridad del agua en edificios, estudiamos estos riesgos y asesoramos a propietarios de edificios y funcionarios públicos sobre las medidas que pueden tomar para reducir la posibilidad de que se propaguen enfermedades transmitidas por el agua. Un nuevo artículo destaca estos problemas y nuestra preocupación de que las órdenes de confinamiento por la COVID-19 puedan aumentar el riesgo de exposición a agua nociva cuando la gente regrese.

¿Qué ocurre cuando el agua envejece?

Al igual que los alimentos que permanecen demasiado tiempo en el refrigerador, el agua que queda demasiado tiempo en las tuberías de un edificio puede enfermar a las personas.

Los organismos nocivos, como las bacterias que causan la enfermedad del legionario, pueden proliferar. Si no se les da mantenimiento, dispositivos como los filtros, los depósitos de agua, los calentadores y los descalcificadores pueden convertirse en incubadoras de organismos.

Con ciertos materiales de tubería, el agua puede acumular niveles peligrosos de plomo y cobre, que pueden causar discapacidades de aprendizaje y efectos cardiovasculares, náuseas y diarrea.

El agua estancada puede contener cobre procedente de las tuberías, que puede causar enfermedades si se ingiere.Image: Andrew Whelton, CC BY-ND

Beber esta agua es un problema, pero también pueden producirse infecciones al inhalar organismos nocivos. Esto ocurre cuando el agua salpica y se convierte en aerosol, como puede suceder en duchas, bañeras de hidromasaje y piscinas y al tirar de la cadena o lavarse las manos. Algunos de estos organismos pueden causar enfermedades similares a la neumonía, especialmente en personas con el sistema inmunitario debilitado.

El agua dentro de un edificio no tiene fecha de caducidad: pueden surgir problemas en cuestión de días en grifos individuales, y todos los edificios con un consumo bajo de agua están en riesgo.

Mantener el agua en circulación

Para evitar problemas con el agua, el agua «fresca» debe circular con regularidad hasta los grifos de un edificio. La mayoría de los proveedores de agua de EE. UU. añaden un desinfectante químico al agua que suministran para eliminar los organismos, pero este producto químico desaparece con el tiempo.

Los centros médicos, dada la vulnerabilidad de sus pacientes, tienen la obligación de contar con un plan de seguridad del agua del edificio para mantener el agua fresca y evitar la proliferación de organismos. Se recomienda a las escuelas, que atraviesan largos periodos de bajo consumo durante el verano, mantener el agua fresca para reducir sus niveles de plomo.

Las agencias de salud de EE. UU., Canadá, Inglaterra, Europa y algunos estados han publicado recomendaciones en las últimas semanas, aconsejando mantener fresca el agua de los edificios durante las órdenes de confinamiento por la COVID-19. Hay cierto debate sobre cuál es la mejor manera de hacerlo, pero el mensaje central es el mismo: No dejes que el agua se estanque en los edificios.

Si no se está utilizando el agua de un edificio, se puede purgar de forma deliberada para sustituir toda el agua antigua por agua nueva al menos una vez a la semana. Esto también ayuda a eliminar los sedimentos que se acumulan en las paredes de las tuberías.

Es necesario renovar el agua de los grifos, calentadores de agua y descalcificadores, los electrodomésticos, como los refrigeradores, los inodoros y otros sistemas de agua, incluidas las torres de refrigeración. Algunos de estos elementos pueden requerir atención especializada. Deben retirarse los aireadores de los grifos porque acumulan materiales y reducen el caudal.

El tiempo que lleva purgar depende del diseño de las tuberías del edificio, de los dispositivos y de la velocidad con que sale el agua de los grifos. Todos los edificios son distintos.

Se tardó más de 80 minutos de purga para que llegara agua fresca al grifo más alejado de un edificio de 10 000 pies cuadrados. En otro edificio, se tardó 60 minutos solo en hacer llegar agua fresca desde el contador hasta el sótano de un edificio situado a 30 pies de la calle. Purgar un edificio grande puede llevar horas o días.

Es más fácil evitar la contaminación que eliminarla

Para los administradores de edificios que no han dejado correr el agua durante la pandemia, el agua estancada en las tuberías quizá ya presente problemas importantes. Para realizar la purga, podría ser necesario contar con equipos de protección, incluidas mascarillas, actualmente escasas, para proteger a los trabajadores.

Una reactivación lenta de la economía significa que los edificios tardarán un tiempo en recuperar el consumo normal de agua. Quizá haya que purgarlos una y otra vez.

También puede ser necesaria una desinfección de choque, que consiste en añadir a las tuberías una alta concentración de desinfectante químico para eliminar los organismos que viven en ellas. Esto es obligatorio en los edificios nuevos y, a veces, se hace cuando el agua de los edificios nuevos permanece estancada demasiado tiempo.

Los administradores de edificios pueden analizar el agua para detectar bacterias y depósitos metálicos.Image: Caitlin Proctor/Universidad de Purdue, CC BY-ND

Las pruebas económicas de desinfectantes químicos pueden ayudar a determinar si el agua está «fresca». Algunas organizaciones recomiendan analizarla para detectar organismos nocivos. El análisis puede tardar varios días y se necesitan conocimientos especializados para interpretar los resultados. También podrían ser necesarias pruebas para detectar metales. Los departamentos de salud pública pueden ofrecer recomendaciones específicas sobre todas estas medidas y sobre cómo comunicar los riesgos.

La necesidad de normas y seguridad del agua

El agua que queda estancada en las tuberías de los edificios puede entrañar graves riesgos para la salud.

Faltan normas, que son muy necesarias, para reactivar las instalaciones de fontanería y garantizar la seguridad continua del agua una vez que pase la pandemia.

En este momento, los administradores de edificios pueden tomar medidas inmediatas para evitar que la gente enferme cuando regrese.

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