En espacios públicos, como los hospitales, podría haber termómetros infrarrojos para ayudar a detectar la COVID-19.
Los termómetros infrarrojos son muy prácticos, pero quizá no aporten suficiente información sobre la temperatura corporal profunda y pueden generar falsos positivos.
Los termómetros infrarrojos podrían detectar la fiebre con mayor precisión si midieran la diferencia entre la temperatura de la mano y la del ángulo del ojo.
Durante la pandemia, es probable que, al entrar en un aeropuerto o en la consulta de un médico, alguien te apunte a la frente con un termómetro infrarrojo para medir tu temperatura. Se mide la temperatura de la piel para intentar determinar si tienes o no elevada la temperatura corporal profunda, lo que indica fiebre, uno de los principales signos de la COVID-19.
Lo bueno de usar termómetros infrarrojos es que son rápidos, sencillos y no invasivos. Permiten examinar rápidamente a muchas personas sin causarles molestias, por ejemplo, a viajeros que pasan por un aeropuerto o a quienes entran en un estadio deportivo. Pero, para ser útiles como herramientas de cribado masivo, los termómetros infrarrojos también deben ser precisos, y ahí es donde surgen los problemas.
Aunque la fiebre es uno de los principales síntomas de la COVID-19, muchas personas infectadas no presentan síntomas, o desarrollan fiebre después de haberse vuelto contagiosas, haber enfermado e ingresado en el hospital. Al menos el 11 % de las personas con COVID-19 no tiene fiebre, y solo elel 43 % de los pacienteslo bastante enfermos como para ser ingresados en el hospital la tienen. Por tanto, buscar fiebre no es un método infalible.
Además, aunque un termómetro infrarrojo puede medir con precisión la temperatura de la piel, laverdadera preguntaes: ¿la temperatura de la frente nos dice algo sobre la temperatura corporal profunda, el verdadero indicador de fiebre? En ciertas circunstancias muy controladas, una temperatura elevada en la frente puede indicar que la temperatura corporal profunda también está elevada. Por eso la gente te pone la mano en la frente cuando dices que no te encuentras muy bien.
Pero el problema es que la temperatura de la frente o de la piel puede subir o bajar independientemente de la temperatura corporal profunda, por muchas razones. Haber estado hace poco en un ambiente frío o caluroso, tener quemaduras solares, haber hecho ejercicio, llevar demasiada ropa, haber bebido alcohol, haber comido hace poco o tener diversas afecciones cutáneas: todo ello puede influir en la temperatura de la piel.
Estos factorespueden dar lugar a falsos positivos, cuando se sospecha que alguien tiene fiebre aunque no la tenga, y a falsos negativos, cuando alguien supera una prueba de cribado pese a tener fiebre. Ninguno de los dos resultados es bueno. En el primer caso, habrá que someter a las personas a más pruebas o impedirles realizar ciertas actividades. En el segundo, las personas infectadas pueden acceder a lugares donde contagiar a otros o creer que no tienen el virus y que, por tanto, no necesitan tomar otras precauciones, como llevar mascarilla, mantener la distancia física o lavarse las manos.
Y aunque un termómetro infrarrojo pudiera identificar con precisión a las personas con una temperatura corporal profunda elevada, ¿eso indicaría siempre que tienen fiebre? De nuevo, la respuesta es, obviamente, no. Hay otras cosas que pueden elevar la temperatura corporal profunda; la más evidente es el ejercicio, sobre todo si se realiza en un lugar caluroso y se lleva demasiada ropa. Como puede ocurrir cuando corres de una terminal del aeropuerto a otra para tomar un vuelo de conexión.
Todo lo anterior ha llevado al Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades aconcluirque, aunque algunos casos de COVID-19 sí se detectan mediante los controles de temperatura en los aeropuertos, las pruebas indican que, en conjunto, estas medidas no son eficaces.
En el Reino Unido, la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios también haadvertidoque «los productos de control de temperatura, algunos de los cuales afirman directamente que sirven para detectar la COVID-19, no son una forma fiable de determinar si las personas tienen el virus». Hace años, la Agencia Canadiense de Medicamentos y Tecnologías en Salud tambiénseñalóque «la precisión de los termómetros infrarrojos para la piel es incierta y requiere más investigación».
Coordinación entre mano y ojo
Dado que sigue siendo necesario contar con un método preciso de cribado masivo y que los termómetros infrarrojos ya son muy populares, ¿qué se puede hacer para mejorar su precisión?
Una formaque hemos investigadopodría consistir en seguir usando el mismo equipo, pero cambiar un poco la forma de utilizarlo. Sabemos que las extremidades del cuerpo reaccionan más al perfil térmico general del organismo: por ejemplo, la temperatura de los dedos sube o baja bastante cuando la temperatura corporal profunda aumenta o disminuye ligeramente. En cambio, la cabeza, y en particular los ángulos de los ojos, es más estable y refleja mejor la temperatura corporal profunda.
Observar estas partes del cuerpo y la diferencia de temperatura entre ellas podría ofrecer una indicación más precisa de si la temperatura corporal profunda está elevada debido a la fiebre. Esto funcionaría porque, en muchas situaciones en las que aumenta la temperatura corporal profunda, también sube la temperatura de las extremidades; por ejemplo, al hacer ejercicio, beber alcohol o acalorarse por llevar demasiada ropa. Como resultado, disminuye la diferencia entre la temperatura del ojo y la de los dedos.
Pero cuando hay fiebre, la temperatura corporal profunda aumenta mientras que lasmanos se enfrían, por lo que aumenta la diferencia entre la temperatura del ojo y la de los dedos. Por tanto, una forma más precisa de usar termómetros infrarrojos para detectar la COVID-19 podría ser medir la temperatura de la mano y del ángulo del ojo y calcular la diferencia.
Este método no sería perfecto. Otras situaciones también pueden aumentar esta diferencia, incluidas algunas afecciones relacionadas con la edad. Y, como hemos señalado, no todas las personas infectadas desarrollan síntomas de fiebre. Pero sería un paso en la dirección correcta y, por tanto, merece que se estudie más. Es poco probable que la COVID-19 sea la última pandemia, y tenemos la responsabilidad ante las generaciones futuras de aprender todo lo posible de esta para ayudar a prepararnos para la próxima.
