La vida sigue su curso con normalidad en Suecia: los científicos explican el polémico enfoque

A cleaner wearing a face mask cleans a bench on a deserted platform for trains bound for Arlanda Airport, at Stockholm Central station, Sweden March 21, 2020. Very few passengers pass the Central station due to the coronavirus COVID-19 disease outbreak. TT News Agency/Anders Wiklund/via REUTERS ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. SWEDEN OUT. - RC2DOF91P2WV
Sweden has adopted a more relaxed approach than its neighbours.Image: via REUTERS
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  • Suecia ha adoptado un enfoque más relajado que sus vecinos nórdicos.

  • Esta es la ciencia y los modelos que sustentan esa decisión, y lo que podría significar a corto y largo plazo.

Todos los datos son correctos en la fecha de publicación original, 27 de marzo de 2020, salvo que se indique lo contrario.

Un número creciente de médicos y científicos suecos están dando la voz de alarma sobre el enfoque del gobierno sueco ante la COVID-19. A diferencia de sus vecinos nórdicos, Suecia ha adoptado una estrategia relativamente relajada, que aparentemente asume que la sobrerreacción es más perjudicial que la subreacción.

Aunque el gobierno ha prohibido ya las reuniones de más de 50 personas, esta medida no incluye lugares como escuelas, restaurantes y gimnasios, que siguen abiertos. Y eso a pesar de que 3.046 personas han dado positivo. Aunque Noruega tiene el mayor número de casos confirmados (3.066) de Escandinavia, las muertes por COVID-19 en Suecia son, con mucho, las más numerosas (92), en comparación con Noruega (15) y Dinamarca (41).

Hoy en día la gente se posiciona, y algunos sostienen que criticar públicamente a las autoridades solo sirve para socavar la confianza pública en un momento en que tanto se necesita. Otros están convencidos de que Suecia se precipita hacia un desastre de proporciones bíblicas y de que el rumbo debe cambiar. La verdad es que ninguna de estas opiniones se basa en la experiencia directa de una pandemia mundial. Nadie sabe con certeza lo que nos espera.

Casos confirmados acumulados en SueciaImage: Statista

En las epidemias, los modelos de predicción ayudan a orientar la elección de las intervenciones, evaluar los probables impactos sociales y económicos y estimar las necesidades de capacidad hospitalaria para hacer frente a un aumento repentino de casos. Todos los modelos de predicción requieren datos de entrada, idealmente derivados de experiencias pasadas en escenarios comparables. Y sabemos que la calidad de dichos datos de entrada es deficiente.

La mayoría de los modelos de predicción actuales de la COVID-19 utilizan datos recopilados de las epidemias de COVID-19 en China e Italia, y de brotes anteriores de otras enfermedades infecciosas como el ébola, la gripe y otros coronavirus (SARS y MERS). Sin embargo, la demografía y los patrones de interacción social difieren de un país a otro. Suecia tiene una población reducida y solo una gran área metropolitana. Idealmente, necesitaríamos datos de Suecia sobre la propagación comunitaria de la COVID-19, pero para ello se requieren programas de cribado que actualmente no existen.

Los escasos datos fiables sobre la COVID-19 en Suecia se refieren a los ingresos hospitalarios y a las muertes. Estas últimas pueden utilizarse para obtener una “estimación del pobre”, que proporciona aproximadamente cuántas muertes se producen entre los infectados. Pero, con un retraso de dos semanas entre el diagnóstico y la muerte, se trata de un instrumento muy burdo para orientar la toma de decisiones.

En Suecia, las autoridades de salud pública han publicado simulaciones para orientar sobre los “requisitos de capacidad ante un aumento repentino”. Se trata del grado en que los hospitales tendrán que ampliar su capacidad para atender el elevado número de pacientes de COVID-19 muy graves que probablemente necesitarán atención especializada en las próximas semanas. A partir de estas simulaciones, queda claro que el gobierno sueco prevé muchas menos hospitalizaciones por cada 100.000 habitantes que las previstas en otros países, incluidos Noruega, Dinamarca y el Reino Unido.

El número correspondiente de muertes en Suecia previsto con las simulaciones del Reino Unido es mucho mayor que el que sugieren las simulaciones del gobierno sueco. La razón parece ser que las autoridades suecas creen que hay muchas personas infectadas sin síntomas y que, de quienes acuden a la atención clínica, solo una de cada cinco necesitará hospitalización. En este momento, es difícil saber cuántas personas son asintomáticas, ya que en Suecia no existe un cribado estructurado ni una prueba de anticuerpos que permita comprobar quién ha tenido realmente la COVID-19 y se ha recuperado. Pero subestimar de forma sustancial las necesidades de capacidad hospitalaria ante un aumento repentino sería, no obstante, devastador.

Propagación desigual

Como en muchos otros países, la propagación de la COVID-19 es bastante desigual en Suecia. La mayoría de los casos se han diagnosticado y tratado en el área metropolitana de Estocolmo, y, recientemente, también en la provincia septentrional de Jämtland, un destino popular para los esquiadores. Por otro lado, algunas otras zonas geográficas están relativamente libres de contagios, al menos por el momento. En Malmö, la tercera ciudad más grande de Suecia, todavía solo se han hospitalizado unos pocos casos en el momento de redactar este texto.

No cabe duda de que la epidemia se propagará, pero la velocidad de esta propagación es objeto de debate. Las autoridades nacionales de salud pública también son escépticas respecto a la necesidad de un confinamiento en la mayor parte del país, pero actualmente se están debatiendo medidas para aplicar dicha intervención en la zona de la capital.

Existen varios argumentos que respaldan la estrategia oficial sueca actual. Entre ellos, la necesidad de mantener abiertas las escuelas para que los padres que trabajan en empleos clave en la atención sanitaria, el transporte y las cadenas de suministro de alimentos puedan seguir en su puesto. A pesar de que otras enfermedades infecciosas se propagan rápidamente entre los niños, las complicaciones de la COVID-19 son relativamente poco frecuentes en los niños. Un confinamiento prolongado también es probable que tenga importantes consecuencias económicas que, en el futuro, podrían perjudicar a la atención sanitaria por falta de recursos. Esto podría terminar causando aún más muertes y sufrimiento que los que provocará la pandemia de COVID-19 a corto plazo.

Inmunidad de rebaño

Las mejores estimaciones de la tasa de letalidad de la COVID-19 (CFR, por sus siglas en inglés), es decir, la proporción de infectados que fallecen, se sitúan actualmente en entre el 0,5 y el 1,0 %. En comparación, la gripe española de 1918-1919 tuvo una CFR del 3 % en algunas zonas del norte de Suecia. Hace un siglo, Suecia se estaba recuperando de la Primera Guerra Mundial, aunque el país se mantuvo neutral.

Los sistemas de transporte y comunicación internos estaban menos desarrollados que en muchos otros países en aquella época, lo que contribuyó a frenar la propagación de la epidemia. A corto plazo, esto se consideró positivo, pero, como no se logró inicialmente la inmunidad de rebaño (situación en la que suficientes personas han sido infectadas como para hacerse inmunes al virus), se produjeron al menos dos epidemias adicionales del virus de la gripe española en el plazo de un año. La segunda oleada de infecciones tuvo una tasa de mortalidad más alta que la primera.

Aprendiendo de esta lección, muchas personas en Suecia confían ahora en que se pueda alcanzar la inmunidad de rebaño. En comparación con la gripe española, la COVID-19 es menos grave, y se cree que muchos infectados son asintomáticos. Aunque esto contribuye a una propagación más rápida, también significa que el umbral para la “inmunidad de rebaño” se sitúa en torno al 60 %. Esto podría alcanzarse rápidamente en países que no aplican estrategias intensivas de mitigación o supresión.

Esto también podría reducir el riesgo de nuevas oleadas de la epidemia. Por ello, cuando en el futuro analicemos las lecciones aprendidas de la pandemia de COVID-19, es probable que se preste mucha atención al éxito o fracaso de la estrategia inicial relativamente relajada de Suecia. Este análisis tendría en cuenta no solo la pérdida de vidas causada por la pandemia, sino también las consecuencias negativas sociales y económicas a largo plazo y las muertes que estas puedan provocar.

En definitiva, dada la propagación desigual y relativamente moderada del virus en Suecia en este momento, su estrategia inicial podría no resultar temeraria. Pero, en adelante, es probable que Suecia tenga que imponer restricciones más estrictas en función de cómo se propague el virus, especialmente en las áreas metropolitanas o cuando el sistema sanitario esté sometido a una presión severa.

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