En un mundo altamente interconectado, ninguna disciplina, sector ni país puede gestionar por sí solo la amenaza de las enfermedades infecciosas.
Esta idea es la base de la iniciativa Una sola salud, creada por organismos internacionales para reforzar la cooperación mundial en materia de salud.
Se puede hacer más para combatir los efectos de las enfermedades zoonóticas emergentes (las que se originan en animales), la resistencia a los antimicrobianos y el cambio climático.
«Entre la medicina animal y la humana no hay líneas divisorias, ni debería haberlas».
Rudolf Virchow, el médico alemán ampliamente considerado el padre de la patología moderna, hizo esa declaración en 1856, en un contexto de múltiples crisis sanitarias mundiales y regionales.
La tercera pandemia de cólera (1846-1860) se había originado en la India y se extendía por amplias zonas de Asia, Europa, África y América del Norte; finalmente causó más de un millón de muertes. Un brote de triquinosis, una infección parasitaria causada por consumir carne cruda o poco cocida, enfermó a miles de personas en Europa y causó cientos de muertes. Y el tifus, una enfermedad bacteriana a menudo mortal que se transmite por pulgas, piojos o ácaros infectados, había asolado en 1848 zonas caracterizadas por la falta de higiene, la pobreza y el hacinamiento.
Estos acontecimientos convencieron a Virchow de que las enfermedades eran tanto problemas sociales y ambientales como biológicos.
A mediados del siglo XIX, Virchow tenía claro el vínculo entre la salud animal, la humana y la de los ecosistemas. Sin embargo, no fue hasta unos 150 años después cuando tomó forma el concepto moderno de «Una sola salud». Se formuló en los Principios de Manhattan de 2004, tras el brote mundial de SARS de 2003, desencadenado por un nuevo coronavirus presente en murciélagos de herradura.
El mensaje central de los principios era que ninguna disciplina ni sector puede gestionar adecuadamente por sí solo la amenaza de las enfermedades en un mundo globalizado. Es esencial un enfoque transdisciplinario y multisectorial que incluya la salud ambiental como componente clave de la salud humana y animal.
A partir de los Principios de Manhattan, las organizaciones internacionales empezaron a formalizar la colaboración en torno a Una sola salud. Esto dio lugar a la Alianza Cuatripartita de Una sola salud actual, integrada por la Organización Mundial de la Salud, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organización Mundial de Sanidad Animal.
La creciente amenaza de las enfermedades infecciosas
La labor de promoción de la Alianza Cuatripartita nunca había sido tan urgente. Más del 60 % de las enfermedades infecciosas conocidas y hasta el 75 % de las enfermedades emergentes se originan en animales. Cada año, en promedio, estas enfermedades zoonóticas afectan a más de 2.000 millones de personas y se cobran más de 2 millones de vidas. Además, 600 millones de personas enferman cada año por enfermedades transmitidas por los alimentos, lo que supone unos gastos médicos estimados en 110.000 millones de dólares al año y enormes pérdidas de productividad en los países de ingresos bajos y medios.
La resistencia a los antimicrobianos (RAM, cuando los medicamentos dejan de ser eficaces para tratar diversas enfermedades) podría causar 10 millones de muertes al año de aquí a 2050, y los costes económicos mundiales podrían alcanzar los 100 billones de dólares. En el Pacífico Occidental, se prevé que las infecciones resistentes a los medicamentos causen 5,2 millones de muertes entre 2020 y 2030. Se espera que durante ese período la RAM ocasione pérdidas económicas de 148.000 millones de dólares en la región, además de 172 millones de días adicionales de hospitalización para 2030, lo que ejercerá presión sobre unos sistemas de salud que ya están al límite.
Como una de las regiones más vulnerables al cambio climático del mundo, 3,5 millones de muertes se producen cada año en el Pacífico Occidental por causas ambientales prevenibles, como la contaminación atmosférica, el agua no potable y los fenómenos meteorológicos extremos. La contaminación del aire exterior por sí sola causa una muerte cada 14 segundos.
Argumentos a favor de invertir en Una sola salud
Los países de la región del Pacífico Occidental reconocen que deben actuar, tanto individual como colectivamente, para hacer frente a las enfermedades infecciosas.
Indonesia trabaja para reducir los riesgos de determinadas enfermedades zoonóticas. Por ejemplo, se está intensificando la vigilancia de la gripe aviar en los mercados avícolas tradicionales. Se están reforzando las medidas para controlar la leptospirosis, una enfermedad sensible al clima, en zonas costeras y bajas. La rabia, endémica en 26 de las 38 provincias del país, se combate mediante la aceleración de la vacunación animal, una vigilancia más avanzada y la gestión de casos de animales rabiosos, así como una comunicación de riesgos más amplia en las comunidades.
Tras sufrir el año pasado un brote de dengue de cinco meses, con 900 casos y tres muertes, Tonga, país insular, convocó el primer Taller Nacional de Enlace, que reunió a organizaciones gubernamentales y de la sociedad civil de los sectores de salud humana, animal y ambiental para superar los compartimentos estancos y colaborar en la preparación y respuesta ante enfermedades transmitidas por vectores y otras enfermedades.
Malasia ha estado reforzando su respuesta a los brotes de RAM en los hospitales mediante la capacitación del personal y la actualización de las directrices nacionales. Está ampliando la capacidad de vigilancia de la RAM y promoviendo el apoyo político en ministerios de otros ámbitos, además del de salud.
Sin embargo, las dolorosas lecciones de la COVID-19 han dejado claro que un enfoque fragmentario de Una sola salud sencillamente no funciona. Según el Banco Mundial, prevenir pandemias mediante un enfoque integral de Una sola salud costaría entre 10.000 y 11.000 millones de dólares al año en todo el mundo. En comparación, gestionar las pandemias y responder a ellas costaría unos 30.000 millones de dólares; es decir, tres veces más que la prevención.
La rentabilidad de la inversión resulta aún más convincente. Una inversión inteligente en una prevención más amplia en el marco de Una sola salud puede generar rendimientos de hasta el 86 %, y una inversión anual de 3.400 millones de dólares podría producir hasta 30.000 millones de dólares en beneficios.
Pese a la creciente evidencia, ha sido difícil garantizar una financiación pública constante para las iniciativas de Una sola salud. Los responsables de formular políticas y de asignar presupuestos, ante demandas contrapuestas, están bajo presión para demostrar que existe una solución rápida. Sin embargo, el rendimiento de la inversión en Una sola salud se manifiesta a más largo plazo.
Una sola salud como factor de unidad política
Sin embargo, existe una posible iniciativa decisiva para combatir las enfermedades infecciosas. El histórico Acuerdo sobre Pandemias alcanzado por los Estados Miembros de la OMS en 2025 consagra formalmente Una sola salud como elemento clave para evitar pandemias. Cuando un país ratifica el Acuerdo sobre Pandemias, este adquiere carácter jurídicamente vinculante y el gobierno queda obligado a respaldar plenamente Una sola salud.
Aun así, ¿se hará realidad todo esto cuando los presupuestos de salud se están reduciendo y desviando a otros ámbitos, como la militarización y la defensa?
Como exparlamentario y exministro de Salud de mi país, Tonga, sé muy bien que, en última instancia, toda cuestión de salud es política. Para que Una sola salud tenga éxito y se mantenga, los dirigentes políticos y responsables de formular políticas del más alto nivel deben reconocer su importancia esencial para la salud y la seguridad nacional, y actuar.
Del 5 al 7 de abril de 2026, el Gobierno francés acogerá una Cumbre de Una sola salud en Lyon. Reunirá a los Estados Miembros de la OMS, varios de ellos representados por sus presidentes y primeros ministros, junto con ministros de Salud, Finanzas y otras carteras. En un momento en que el multilateralismo se debilita, este encuentro simboliza que, cuando hay voluntad política, suele haber una manera de avanzar.
La Cumbre de Una sola salud de Lyon podría ser un factor de unidad. Podría facilitar la colaboración regional y mundial entre países, así como la colaboración multisectorial dentro de ellos. Esto podría dar lugar a una financiación sostenible para poner en marcha programas relacionados con Una sola salud y combatir las enfermedades infecciosas.
Esta es una oportunidad muy real para demostrar que «Un mundo, una salud» —la visión cuyas raíces se remontan a la obra de Rudolf Virchow, hace un siglo— puede ser algo más que un eslogan. Puede representar una realidad compartida con la que podemos y debemos comprometernos de una vez por todas.


