Los expertos coinciden en que no se puede detener el brote de COVID-19, pero sí ralentizarlo mediante la aplicación de medidas de distanciamiento social.
Limitar el contacto entre las personas reduce las tasas de transmisión.
Cuanto antes se introduzcan las medidas de distanciamiento social, más lentamente aumentarán las infecciones, lo que evitará un pico de casos inmanejable.
En Italia, España, Francia y Alemania, el número de casos se duplica cada tres o cuatro días.
El mayor problema al que se enfrentan actualmente muchos países con respecto al coronavirus es, en sentido estricto, matemático: el crecimiento exponencial. Dado que el SARS-CoV-2 es un nuevo tipo de coronavirus, no existe inmunidad colectiva, lo que significa que todo el mundo es susceptible a la infección y que es probable que el virus se propague de forma exponencial.
Eso es lo que vimos en China a principios de febrero y lo que estamos presenciando actualmente en gran parte de Europa y en Estados Unidos. En países como Italia, España, Francia y Alemania, el número de casos se duplica cada tres o cuatro días, mientras que en EE. UU. el crecimiento es aún más rápido. Si no se ralentiza significativamente ese ritmo de crecimiento, en muchos países habrá decenas, si no cientos, de miles de casos en cuestión de unas pocas semanas. Ese es el problema del crecimiento exponencial: lo que comienza con relativa lentitud crece rápidamente como una bola de nieve y, en poco tiempo, se vuelve inmanejable.
Aunque los expertos coinciden en que no se puede detener la propagación de COVID-19, sí se puede ralentizar significativamente mediante medidas que actualmente se agrupan bajo el término «distanciamiento social». Al limitar el contacto entre las personas, podemos reducir significativamente la tasa de transmisión, lo que a su vez aumenta el tiempo que tardan los casos en duplicarse. Gracias a la naturaleza de las funciones exponenciales, estas medidas pueden tener un enorme efecto en el número total de casos tras un período determinado.

Para ilustrar la eficacia de las medidas de distanciamiento social, consideremos el siguiente ejemplo. Partimos de una persona infectada; el virus se propaga y el número de casos se duplica cada cuatro días. A los 36 días del brote, hay 512 casos y el gobierno A decide actuar. Aplica medidas de distanciamiento social que, para simplificar, alargan de inmediato el tiempo de duplicación de cuatro a ocho días. Mientras tanto, el gobierno B no cree necesario hacer nada y permite que el virus se propague sin control. Tres semanas y media después, a los 60 días del brote, el gobierno A se enfrenta a 4.096 casos, mientras que el gobierno B tiene más de 30.000.
Para mostrar aún mejor la importancia del tiempo frente al crecimiento exponencial, consideremos el gobierno C, que decide aplicar las mismas medidas que el gobierno A, pero ocho días más tarde, una vez alcanzados los 2.000 casos. En este caso, las medidas siguen siendo muy eficaces, pero el país acaba teniendo el doble de casos que el país A, que simplemente actuó antes.

