Un nuevo estudio ha descubierto que un estado de conciencia entre la vigilia y el sueño podría ser el punto en el que se alcanza el momento eureka.
Los inventores Thomas Edison y Salvador Dalí ya habían hablado de esta idea.
En el límite entre la vigilia y el sueño hay una zona gris en la que nuestra conciencia fluctúa, nuestra capacidad de respuesta disminuye y nuestra percepción del mundo real empieza a desvanecerse, dando paso a sensaciones espontáneas similares a las de los sueños.
Breve y fugaz, esta fase inicial del sueño sigue siendo un misterio que ha intrigado durante mucho tiempo a artistas, científicos e inventores, quienes consideraban que era un terreno fértil para las ideas y los descubrimientos.
Entre ellos, el químico alemán August Kékulé contó que un ensoñación con una serpiente que se mordía la cola le reveló la estructura cíclica del benceno.
Thomas Edison y Salvador Dalí estaban tan convencidos de las virtudes creativas del inicio del sueño que desarrollaron un método para captar esas breves intuiciones. Su secreto era sencillo: echaban una siesta mientras sostenían un objeto en la mano. El objeto caía y hacía ruido cuando sus músculos se relajaban en la transición al sueño, despertándolos a tiempo para anotar las revelaciones que surgían durante ese período previo al sueño.
Pero ¿captar ideas creativas al inicio del sueño es cosa de genios o está al alcance de todos?
Dormitar para resolver problemas
Para averiguar si una musa se esconde en el umbral del sueño, comparamos la capacidad de voluntarios para resolver un problema después de una breve siesta con la de voluntarios que permanecieron despiertos.
Nuestra hipótesis era que quienes se quedaran dormidos tendrían más probabilidades de tener un momento eureka. Pero ¿cómo medirlo en el laboratorio? Decidimos utilizar la tarea de reducción numérica (NRT, por sus siglas en inglés), en la que los participantes deben resolver una serie de problemas aritméticos lo más rápido posible siguiendo dos reglas sencillas.
Encontrar la solución es fácil, pero tedioso: basta con avanzar paso a paso. La gracia de la NRT reside en un truco oculto, un atajo que permite al participante saltarse la mayoría de los pasos y encontrar la solución con rapidez y sin esfuerzo.
Al comenzar la tarea, los participantes no sabían que existía ese truco. Sin embargo, si lo descubrían espontáneamente, observábamos de inmediato una reducción repentina del tiempo que tardaban en resolverla, lo que nos permitía determinar con precisión cuándo ocurrían esos momentos eureka.
Evaluamos a 103 voluntarios en el Departamento de Trastornos del Sueño del Hospital Pitié-Salpêtrière de París. Primero, se les dieron 60 ensayos de práctica para que se familiarizaran con la tarea. Una pequeña proporción de ellos (16 %) encontró el atajo durante esta fase y no se incluyó en los análisis posteriores. Después, se permitió a los participantes descansar durante 20 minutos, en una habitación oscura, en una silla cómoda y con los ojos cerrados.
Se eligieron estas condiciones para facilitar el inicio del sueño. Sin embargo, no queríamos que la gente simplemente se durmiera: también queríamos que permaneciera en la zona gris entre la vigilia y el sueño para evaluar el efecto específico de esta fase en la creatividad. Esta fase de transición es inestable y suele convertirse rápidamente en un sueño más profundo, por lo que es muy difícil prever cuándo despertar a las personas antes de que entren en un sueño más profundo.
Para ayudar a los participantes a mantenerse en el umbral del sueño, nos inspiramos en Edison y Dalí. Les pedimos que sostuvieran una botella de plástico en la mano, para que se despertaran al dejarla caer antes de dormirse demasiado profundamente. Al final de este descanso, se pidió a los participantes que completaran 330 nuevos ensayos de la misma tarea NRT y supervisamos la aparición de momentos eureka.
Durante todo el experimento, los participantes llevaron sensores colocados en la cabeza, la barbilla y alrededor de los ojos para medir su actividad cerebral, ocular y muscular. A partir de estas señales, pudimos supervisar en tiempo real el estado de sueño de los participantes y dividir la muestra en tres grupos: quienes permanecieron despiertos durante todo el descanso, quienes se quedaron dormidos (y entraron solo en la primera fase del sueño, llamada N1) y quienes alcanzaron la segunda fase, N2.
Entonces, ¿tenían razón Edison y Dalí al pensar que permanecer en el umbral del sueño da acceso directo a nuestro yo creativo? Descubrimos que el 83 % de los participantes que se quedaron dormidos (grupo N1) encontró la regla oculta, frente a solo el 31 % de los voluntarios del grupo que permaneció despierto.
Este aumento de tres veces en la proporción de momentos eureka resulta aún más sorprendente si se tiene en cuenta que, en promedio, la diferencia entre el grupo N1 y el grupo despierto fue de apenas un minuto en la primera fase del sueño. El impulso creativo desapareció en los voluntarios que llegaron a N2: solo el 14 % encontró la regla oculta. Así pues, parece que el inicio del sueño es terreno fértil para la creatividad: para alcanzarlo, hay que dormirse con facilidad, pero no demasiado profundamente.
Edison y Dalí tenían razón
¿Es eficaz la técnica de Edison para capturar ese punto óptimo creativo? Observamos una ralentización de la actividad cerebral (un indicador del inicio del sueño) justo antes de que cayeran las botellas. Como el ruido de la botella al caer despertaba a los participantes cada vez, la técnica de Edison podría impedir que pasaran a la fase N2, más profunda, que no parece favorecer la creatividad.
Sin embargo, también observamos que a veces los participantes dejaban caer la botella antes incluso de llegar a N1. Estas caídas prematuras sugieren que la técnica es sensible a las primeras señales de somnolencia y, por tanto, podría impedir en ocasiones que los participantes llegaran a la zona creativa.
En resumen, echar una siesta con un objeto en la mano permite mantenerse en el punto óptimo creativo, pero solo si se consigue llegar a él primero.
Si quieres probar este método en casa, necesitas encontrar un objeto ligero y resbaladizo. Al caer, debe hacer suficiente ruido para despertarte antes de que caigas en un sueño profundo.
Una vez que hayas encontrado el objeto perfecto, échate una siesta corta con el brazo extendido fuera de la silla o la cama. Cuando el objeto caiga y te despierte de esta siesta creativa, quizá tengas que esperar a oír a tu musa susurrarte la solución al problema que intentas resolver.
De hecho, a diferencia de las numerosas anécdotas sobre momentos eureka que surgen justo al despertar, nuestros participantes encontraron el truco secreto tras unos 94 ensayos nuevos, en promedio. Los mecanismos neuronales por los que el inicio del sueño propicia las intuiciones creativas siguen siendo un misterio. Pero hay algo seguro: ahora tienes la excusa perfecta para echar una cabezadita durante las reuniones.


