Científicos de Brasil obtuvieron imágenes de los cerebros de mujeres mayores que practican yoga y descubrieron que tienen un mayor grosor cortical en la corteza prefrontal izquierda, en áreas cerebrales asociadas con funciones cognitivas como la atención y la memoria. Los resultados sugieren que el yoga podría ser una forma de protegerse contra el deterioro cognitivo en la vejez.
A medida que envejecemos, la estructura y el funcionamiento de nuestro cerebro cambian, y esto suele provocar un deterioro cognitivo que incluye dificultades de atención o memoria. Uno de esos cambios consiste en que la corteza cerebral se vuelve más delgada, algo que, según han demostrado los científicos, está correlacionado con el deterioro cognitivo. Entonces, ¿cómo podemos ralentizar o revertir estos cambios?
Podrías pensar que se necesitarían medicamentos, pero, sorprendentemente, la respuesta podría estar en prácticas contemplativas como el yoga. Quienes practican yoga mantienen las posturas de forma consciente y realizan ejercicios de respiración y meditación.
«Al igual que los músculos, el cerebro se desarrolla con el entrenamiento», explica Elisa Kozasa del Hospital Israelita Albert Einstein, en São Paulo (Brasil), investigadora que participó en el estudio, publicado recientemente en Frontiers in Aging Neuroscience. «Como cualquier práctica contemplativa, el yoga tiene un componente cognitivo en el que la atención y la concentración son importantes».
Estudios anteriores han sugerido que el yoga puede aportar mayores beneficios para la salud que ejercicios aeróbicos similares, y quienes lo practican han mostrado mejoras en la conciencia, la atención y la memoria. Las personas mayores con deterioro cognitivo leve también han mostrado mejoras tras un breve programa de entrenamiento de yoga.
Pero ¿puede la práctica del yoga durante varios años moldear significativamente el cerebro y, de ser así, podría contrarrestar algunos de los cambios que se producen en el cerebro envejecido? El equipo de investigación quería averiguar si las personas mayores que llevaban mucho tiempo practicando yoga presentaban diferencias en la estructura cerebral respecto a personas mayores sanas que nunca lo habían practicado.
Reclutaron a 21 mujeres que practicaban yoga (también conocidas como yoginis) y que lo habían practicado al menos dos veces por semana durante un mínimo de 8 años, aunque el grupo tenía un promedio de casi 15 años de práctica. Los investigadores compararon a las yoginis con otro grupo de 21 mujeres sanas que nunca habían practicado yoga, meditación ni ninguna otra práctica contemplativa, pero que tenían características muy similares a las yoginis en cuanto a edad (todas las participantes tenían 60 años o más) y nivel de actividad física. Para obtener resultados más coherentes, los investigadores reclutaron únicamente a mujeres, y las participantes completaron encuestas para determinar si había otros factores que pudieran afectar a la estructura cerebral, como la depresión o el nivel de educación formal.
Los investigadores escanearon los cerebros de las participantes mediante resonancia magnética para detectar posibles diferencias en su estructura. «Encontramos un mayor grosor en la corteza prefrontal izquierda de las yoginis, en regiones cerebrales asociadas con funciones cognitivas como la atención y la memoria», afirma Rui Afonso, otro investigador que participó en el estudio. Dado que los grupos tenían características similares en cuanto a otros factores que pueden modificar la estructura cerebral, como la educación y los niveles de depresión, parece que la práctica del yoga explica las diferencias en la estructura cerebral de las yoginis.

Los resultados sugieren que practicar yoga a largo plazo puede cambiar la estructura del cerebro y podría proteger contra el deterioro cognitivo en la vejez. Sin embargo, el equipo tiene previsto realizar más estudios para averiguar si estos cambios cerebrales se traducen en una mejora del rendimiento cognitivo de las yoginis mayores.
Otra posibilidad es que las personas con estas características cerebrales tengan más probabilidades de sentirse atraídas por el yoga. «Hemos comparado a yoginis con experiencia con personas que no lo practican, así que no sabemos si las yoginis ya presentaban estas diferencias antes de empezar a practicar yoga», explica Afonso. «Esto solo se podrá confirmar estudiando a personas durante unos años desde que empiezan a practicar yoga».

