Lo que podemos aprender de los refugiados en la lucha contra la COVID-19

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• Ochenta millones de personas desplazadas en todo el mundo se encuentran entre las más expuestas durante la pandemia de coronavirus.

• El sector privado tiene un papel fundamental que desempeñar para ayudar a proporcionar a los refugiados asistencia y educación.

• La resiliencia de los refugiados constituye un ejemplo a seguir para afrontar las crisis.

Los refugiados no son ajenos a las crisis. Sus difíciles travesías para huir de la violencia y la persecución y reconstruir sus vidas en un lugar desconocido los han vuelto ingeniosos y resilientes, y les han hecho tomar muy conciencia de la importancia de la solidaridad para crear un futuro mejor para ellos mismos y sus seres queridos.

Con motivo del Día Mundial del Refugiado (20 de junio), quiero llamar especialmente la atención sobre los refugiados que trabajan para luchar contra la COVID-19. Hay trabajadores sanitarios refugiados en primera línea, que atienden a los enfermos junto a sus compañeros de las comunidades de acogida. En los campamentos de refugiados, donde las personas corren mayor riesgo de contagio debido al hacinamiento y a la fragilidad de las instalaciones sanitarias, los refugiados también se ofrecen como voluntarios. En una semana, Samir, un refugiado de 24 años de la República Democrática del Congo, y su equipo confeccionaron 300 mascarillas para personas del campamento de Kakuma, en Kenia. En Angola, un grupo de refugiados congoleños creó un blog para concienciar sobre la COVID-19.

Hay muchas otras historias inspiradoras como estas. Mientras celebramos el valor y la solidaridad de los refugiados que devuelven a sus comunidades lo que reciben, no podemos olvidar todos los desafíos a los que se enfrentan.

La COVID-19 no respeta fronteras. Todos corremos riesgo. Sin embargo, algunos de los más expuestos son los casi 80 millones de personas desplazadas en todo el mundo. El ochenta por ciento de ellas se encuentra en países o territorios afectados por inseguridad alimentaria aguda y desnutrición. Imagínese atravesar esta crisis sin acceso a jabón, agua potable o alimentos suficientes. Sin posibilidad de aislar a su familia porque no tiene un hogar en el que quedarse a salvo. Esa es la realidad de millones de refugiados.

No solo eso, la pandemia ha agravado los desafíos existentes, como la pobreza, la inseguridad alimentaria, la discriminación y el acceso a los servicios sanitarios, los medios de vida y la educación. La COVID-19 es una nueva emergencia que se suma a las existentes.

Desde que asumí el cargo de Alto Comisionado, he visto las valiosas contribuciones de nuestros socios del sector privado, que han transformado la vida de los refugiados y de las comunidades que los acogen. Las empresas innovadoras han trabajado con nosotros para superar obstáculos y desarrollar soluciones. La crisis de la COVID-19 nos ha demostrado que necesitamos una mayor colaboración para afrontar este nuevo desafío. Todos tenemos un papel que desempeñar. Cada persona puede marcar la diferencia, y cada acción cuenta.

Hay muchas formas de ayudar. Las empresas pueden prestar apoyo en materia de logística, transporte y suministro para distribuir ayuda humanitaria, o contratar a refugiados, lo que supone un beneficio mutuo, especialmente en sectores con mayor demanda de mano de obra debido a la COVID-19. Garantizar el acceso continuado de los niños refugiados a la educación también es una prioridad, y se necesita apoyo en ámbitos como el aprendizaje conectado. Los socios privados también pueden apoyar programas de asistencia monetaria para cubrir necesidades básicas. Los proveedores de servicios financieros pueden ofrecer acceso al crédito, al ahorro y a seguros.

Todos podemos utilizar nuestra voz y nuestros canales de comunicación para concienciar y mostrar solidaridad con quienes más la necesitan. Juntos tenemos la tarea fundamental de garantizar que apoyamos la protección de las personas obligadas a huir, contrarrestar los relatos perjudiciales basados en los prejuicios y ayudar a movilizar el respaldo del sector público y privado. Todos tenemos un papel que desempeñar en la construcción de la narrativa.

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para gestionar los riesgos emergentes derivados de la COVID-19?

2020 nos ha enfrentado a una crisis sanitaria mundial que exige una acción conjunta sin precedentes, una crisis en la que se tambalean certezas antiguas y nos obliga a afrontar lo desconocido. Es momento de plantear las preguntas difíciles y, mientras trabajamos para reconstruir nuestras economías y sociedades, preguntarnos qué tipo de mundo queremos habitar.

Responder a esta crisis supone una prueba extraordinaria de nuestra resiliencia. Espero que todos aprendamos las lecciones que nos dejan los refugiados y que sigamos el camino de la solidaridad y la inclusión.

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