¿Acabamos de toparnos con el mayor aumento de productividad del siglo?

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While many have gained time in their working day from not commuting, others now have childcare responsibilities.Image: Unsplash/Corey Agopian
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  • Según la ley de Marchetti, el trabajador promedio dedica una hora diaria a desplazarse al trabajo, una cifra que se ha mantenido estable desde el Neolítico.

  • Si trabajar desde casa eliminara una hora de desplazamiento, sin cambiar el tiempo dedicado al trabajo ni reducir la producción, el resultado equivaldría a un aumento de la productividad del 13 % (suponiendo una jornada laboral de 38 horas).

  • Un estudio de economistas de Harvard y la Universidad de Nueva York concluye que quienes trabajan desde casa pasan unos 48 minutos más al día conectados con sus oficinas, por lo que la ganancia media de tiempo libre es de apenas 12 minutos diarios.

Una de las respuestas más sorprendentes a la pandemia de COVID-19 ha sido el repentino paso de alrededor de la mitad de la fuerza laboral al trabajo desde casa.

En muchos casos, esto se combinó con un cambio igual de repentino a la educación en casa.

Contrariamente a lo que cabría esperar, trabajar desde casa fue uno de los aspectos de la respuesta a la pandemia que transcurrió con notable fluidez. La mayoría de las tareas de oficina continuaron casi como si nada hubiera cambiado.

En general, el debate sobre la crisis ha partido de la premisa de que volver a algo parecido a la «normalidad» anterior a la crisis es inevitable y deseable.

Pero el experimento imprevisto que nos hemos visto obligados a realizar sugiere que podríamos haber encontrado una enorme oportunidad para una reforma microeconómica, con beneficios muy superiores a los de los cambios por los que tanto se luchó a finales del siglo XX.

El trabajador promedio dedica una hora diaria a desplazarse al trabajo. Sorprendentemente, esta cifra se ha mantenido más o menos estable desde el Neolítico, un hallazgo conocido como la ley de Marchetti. (La misma observación se ha atribuido a Bertrand Russell.)

La ley de Marchetti sostiene que dedicamos alrededor de una hora a ir al trabajo, sea cual sea la época.Image: The Conversation

Si trabajar desde casa eliminara una hora de desplazamiento, sin cambiar el tiempo dedicado al trabajo ni reducir la producción, el resultado equivaldría a un aumento de la productividad del 13 % (suponiendo una jornada laboral de 38 horas).

Si la mitad de la fuerza laboral lograra una mejora así, equivaldría a un aumento de la productividad del 6,5 % para el conjunto de la fuerza laboral.

A modo de comparación, veamos las reformas microeconómicas radicales de la década de 1990, entre ellas la privatización, la desregulación y la política nacional de competencia.

En 1995, la principal defensora de estas reformas, la Comisión de Productividad, entonces llamada Comisión de Industria, estimó que aumentarían la renta nacional en un 5,5 %.

A posteriori, esa estimación parece haber sido demasiado optimista.

Aunque a mediados de la década de 1990 se produjo un repunte del crecimiento de la productividad medida, el aumento total con respecto a la tendencia a largo plazo fue inferior a 1 punto porcentual anual por encima de lo normal. Desde entonces, el bajo crecimiento de la productividad ha revertido esas ganancias.

Estas ganancias son grandes en comparación con aquellas por las que tanto nos esforzamos

Aun así, esas reformas se consideraban —y, en gran medida, todavía se consideran— un factor decisivo para la prosperidad económica.

Así pues, una mejora del 6,5 % supondría un enorme beneficio. En unos pocos años bastaría para compensar los costes económicos del confinamiento y muchos otros efectos de la pandemia.

Pero, como en el caso de la reforma microeconómica, esta estimación inicial podría ser engañosa. Y aunque haya beneficios reales en promedio, es importante preguntarse quién los obtendrá y quién, si es que alguien, saldrá perdiendo.

Un estudio de economistas de Harvard y la Universidad de Nueva York concluye que quienes trabajan desde casa pasan unos 48 minutos más al día conectados con sus oficinas, por lo que la ganancia media de tiempo libre es de apenas 12 minutos diarios.

El confinamiento ha provocado un aumento del número de reuniones, pero ha reducido su duración.Image: NBER

Sin embargo, parece probable que al menos parte de ese tiempo se dedique a tareas domésticas, sobre todo porque los trabajadores tuvieron que hacerse cargo del cuidado de los hijos y de la educación en casa durante el confinamiento. Además de ahorrar tiempo de desplazamiento, también ahorran el coste monetario de esos trayectos y al menos parte del tiempo que dedicaban a prepararse para ir a trabajar.

En conjunto, parece claro que, en promedio, trabajar desde casa genera beneficios netos.

Sin embargo, quienes consideran que los contactos sociales en el trabajo son una importante «ventaja adicional» perderán ese beneficio, mientras que otros trabajadores que valoran la privacidad o separar la vida laboral de la social saldrán ganando.

Será más difícil para los gerentes…

Del mismo modo, quienes dependen de las conversaciones con sus colegas para desarrollar ideas perderán algo frente a quienes prefieren métodos más sistemáticos para obtener información mediante el contacto electrónico.

Otro grupo de trabajadores que podría salir perdiendo con el trabajo a distancia son los mandos intermedios.

Cuando la gestión depende del «presentismo», es decir, de vigilar físicamente a los trabajadores, el trabajo a distancia plantea problemas.

Es probable que los trabajadores se opongan a la vigilancia intrusiva de su actividad informática y la eludan. Los gerentes tendrán que aprender a dirigir evaluando objetivamente los resultados, en vez de observar lo que hace la gente, y conseguir que sus superiores acepten esas pruebas.

…manejable para los empleadores

Para los empleadores, el paso al trabajo desde casa ha tenido poco impacto inmediato. Los salarios de los trabajadores no han cambiado y, al menos a corto plazo, tampoco el gasto en oficinas.

Pero, a largo plazo, el trabajo a distancia ofrece la posibilidad de una flexibilidad mucho mayor en la contratación. Algunos empleadores, como Mark Zuckerberg, de Facebook, ya han planteado la idea de pagar menos a los trabajadores porque ahora pueden vivir en lugares más baratos, lo que prepara el terreno para futuros conflictos.

En su mayor parte, las disputas sobre cómo repartir los beneficios del trabajo de oficina a distancia se resolverán entre empleadores, trabajadores y sindicatos, en el curso habitual del mercado laboral.

Pero ¿qué ocurre con la otra mitad de la fuerza laboral, que no tiene la opción de trabajar desde casa? En particular, ¿qué pasa con los trabajadores de servicios, en su mayoría mal pagados, que dependen de que la gente acuda a las oficinas?

Para que toda la comunidad comparta las ganancias de productividad que posibilita el trabajo a distancia, será necesaria una intervención gubernamental sustancial que lo garantice.

Ante todo, el aumento de la prestación JobSeeker nos ha ayudado a superar la pandemia sin el repunte de suicidios y otros indicadores de malestar social que muchos habían pronosticado. Volver a una prestación por desempleo que condene a la pobreza (la antigua Newstart) sería un desastre.

Tendremos que cambiar la forma en que apoyamos a los trabajadores

La pandemia ha demostrado que sectores enteros de la economía, como el cuidado de personas mayores, dependen de trabajadores ocasionales que encadenan varios empleos y no tienen acceso a condiciones laborales habituales, como la baja por enfermedad. Los trabajadores jóvenes, en particular, sufren subempleo y dificultades para pasar a un empleo permanente a tiempo completo.

Será necesario ampliar el empleo financiado con fondos públicos en una amplia gama de servicios, incluidos los cuidados a personas mayores, y revertir la tendencia hacia el empleo ocasional y por contrato.

Aunque ha sido desastrosa, la COVID-19 nos ha enseñado mucho sobre nosotros mismos y sobre el funcionamiento de nuestra economía y nuestra sociedad. Si aprendemos de estas lecciones, quizá podamos sacar provecho de la situación y mitigar al menos parte del daño causado por el desastre.

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