Europa está viendo un aumento de las iniciativas para apoyar el ciclismo, mientras los gobiernos buscan proteger sus sistemas de transporte público, mejorar la salud pública y aprovechar los avances en la calidad del aire al dar los primeros pasos para salir de los confinamientos por la COVID-19.
Berlín, París, Bruselas y Milán figuran entre las principales ciudades europeas que están implantando tanto infraestructura permanente como «carriles bici anticoronavirus» provisionales, en una ola de inversiones que incluye reparaciones gratuitas de bicicletas e incluso clases de ciclismo.
Las iniciativas llegan cuando el primer ministro Boris Johnson insta a los británicos a plantearse subirse a la bicicleta mientras comienzan el regreso gradual al trabajo. Una encuesta revela que el 57% de sus compatriotas planea reducir el uso del transporte público por miedo a enfermar.
Y, a medida que surgen investigaciones que relacionan la contaminación atmosférica con tasas más altas de mortalidad por coronavirus, muchas autoridades están aprovechando la oportunidad para transformar la vida urbana y hacerla más saludable.
A la cabeza del pelotón va Francia, que ha destinado 20 millones de euros (21,7 millones de dólares) para animar a la gente a pedalear. La ministra de Transición Ecológica, Élisabeth Borne, dijo que quiere ver un «paso adelante en la cultura ciclista» en el país. Su paquete permite a todos los ciudadanos acceder a reparaciones gratuitas de bicicletas de hasta 50 euros en establecimientos designados, así como a formación gratuita y más plazas provisionales para aparcar bicicletas.
La noticia llega cuando Francia empieza a aliviar uno de los confinamientos más estrictos de Europa, y los residentes de una de las «zonas verdes» de bajo riesgo del país ya pueden desplazarse hasta 100 km, reunirse en grupos de hasta 10 personas y hacer ejercicio al aire libre durante más de una hora.
Se insta a los gobiernos locales de todo el país a crear nuevos carriles para fomentar su uso, en un país donde el 60% de los trayectos en coche son de menos de 5 km. París, que se encuentra en una «zona roja», donde siguen vigentes las restricciones , planea ofrecer a los ciclistas de la ciudad 650 km de carriles bici, mientras que la alcaldesa Anne Hidalgo ha establecido una prohibición parcial del tráfico en la concurrida Rue de Rivoli para dejar espacio a peatones y ciclistas.
Prepararse para el cambio
Las directrices de la Organización Mundial de la Salud recomiendan tanto ir en bicicleta como caminar como formas ideales de cumplir con los requisitos de ejercicio físico durante el confinamiento. Algunas ciudades con una cultura ciclista arraigada, como Ámsterdam, están trabajando para dar cabida al aumento de la actividad física dentro de las normas de distanciamiento social. La capital neerlandesa, donde el 40% de los desplazamientos se realizan en bicicleta, frente a un promedio del 2% en toda Gran Bretaña, permite que los peatones se distribuyan por los carriles bici y está trasladando las bicicletas a la calzada, donde ahora los coches están obligados a respetar un límite de velocidad reducido de 30 km/h.
Las ciudades alemanas han estado usando cinta adhesiva removible y señalización provisional para crear carriles bici más anchos que permitan a los ciclistas respetar el distanciamiento social. Los carriles provisionales se crean estrechando los carriles existentes para el tráfico de automóviles. Tras ser un éxito en Berlín, ciudad amante de las bicicletas —donde no ralentizaron demasiado el tráfico de automóviles—, está previsto implantarlos en más de 100 ciudades alemanas.
Alemania ha permitido que los talleres de reparación de bicicletas permanezcan abiertos en todo el país durante el confinamiento. Tres estados federados, incluido Berlín, también han mantenido abiertas las tiendas de bicicletas. Entre los útiles mensajes de seguridad pública hay indicaciones sobre qué distancia debe mantenerse detrás de otro ciclista para respetar el distanciamiento social (al parecer, la respuesta es 20 metros).
En Westminster, el Gobierno británico ha anunciado un fondo de emergencia de 250 millones de libras (307 millones de dólares) para los desplazamientos activos, que permitirá introducir en Inglaterra carriles bici provisionales, espacio protegido para ciclistas, aceras más anchas, cruces más seguros y corredores ciclistas. El mes pasado, el Gobierno escocés anunció una ayuda similar de 10 millones de libras para «infraestructura de movilidad activa» que incluirá medidas para los ciclistas.
La noticia llega cuando las ventas de bicicletas en el Reino Unido aceleran: la BBC informa de un auge del 200% en el uso del programa «Cycle to Work». Las acciones del vendedor de bicicletas Halfords han subido un 23% ante las noticias de unas ventas «muy sólidas», mientras que solo en Gran Bretaña, las ventas de bicicletas eléctricas VanMoof aumentaron un 184% entre principios de febrero y finales de abril.
Milán: de la ciudad más afectada a ciudad modelo
La ciudad italiana de Milán está aprovechando la oportunidad con todas sus fuerzas para renovar su infraestructura ciclista, según informa The Guardian.
El trayecto medio al trabajo en esta ciudad pequeña y densamente poblada —capital de la región de Lombardía, duramente golpeada— es de menos de 4 km. Esto sugiere que muchas personas podrían pasarse fácilmente a la bicicleta y contribuir a dejar atrás los altos niveles de contaminación que antes sufría la ciudad.
Para promover este cambio, la ciudad ha presentado su plan Strade Aperte («Calles abiertas»), que añadirá 35 km de infraestructura para bicicletas y peatones, incluidos carriles bici provisionales, un límite de velocidad de 30 km/h y calles enteras destinadas a peatones y ciclistas.
Como Italia lleva un mes de adelanto respecto a gran parte de Occidente en la respuesta a la pandemia, otras ciudades densamente pobladas observarán con interés sus esfuerzos por cambiar hábitos y preservar los avances ecológicos.
El vicealcalde de Milán, Marco Granelli, dijo a The Guardian: «Por supuesto, queremos reabrir la economía, pero creemos que debemos hacerlo sobre una base distinta a la de antes».
La lista de ciudades europeas que priorizan las necesidades de los ciclistas sigue creciendo. Roma está planeando implantar 150 km de carriles bici al entrar en la segunda fase del levantamiento del confinamiento. Barcelona ha eliminado el estacionamiento en 21 km de calles de la ciudad para dejar espacio a los ciclistas. Budapest ha creado carriles bici provisionales y ha reducido el precio de BuBi, el sistema municipal de bicicletas compartidas. Leicester, en el Reino Unido, ha establecido un carril bici provisional hasta un hospital local como «corredor para trabajadores esenciales», mientras que el Gran Mánchester ha reservado 5 millones de libras para carriles bici provisionales y ha ampliado las aceras.
Mientras la pandemia sigue haciendo estragos, las bicicletas continúan siendo una forma segura de cuidar la salud física y mental y —si está permitido— desplazarse al trabajo. Gracias a las medidas de estos gobiernos previsores, montar en bicicleta es cada vez más seguro.




