Los plásticos desempeñan un papel clave en la protección de las personas, especialmente de los trabajadores de primera línea, durante la pandemia de COVID-19.
Los recolectores informales de residuos son especialmente vulnerables a la pandemia de coronavirus.
Las empresas están replanteando sus planes de reciclaje y sus compromisos de sostenibilidad ante la turbulencia económica.
El aumento de los plásticos de un solo uso tendrá repercusiones a largo plazo en el medio ambiente.
Versátiles, asequibles y omnipresentes, los plásticos han sido esenciales para mantener en funcionamiento los hospitales y proteger a nuestros trabajadores de primera línea durante la pandemia de COVID-19. Son la base del equipo médico y de la indumentaria de protección. Incluso están en el centro de innovadoras colaboraciones intersectoriales para combatir el virus; la marca de automóviles de lujo Ferrari, por ejemplo, anunció que producirá los componentes termoplásticos necesarios para las válvulas respiratorias, mientras que Apple diseñó pantallas faciales de plástico para profesionales sanitarios y está distribuyendo millones de ellas por Estados Unidos cada semana.
Con la demanda disparada de mascarillas, guantes, batas y bolsas desechables, una cosa está clara: los plásticos son indispensables, especialmente durante una pandemia.
Pero esto es solo una parte de la historia más amplia. El devastador impacto de la COVID-19 y las extraordinarias medidas adoptadas en todo el mundo han planteado algunas preguntas difíciles para quienes trabajan para combatir la contaminación por plásticos. ¿Cómo apoyamos a quienes en nuestra comunidad se ven más afectados por el brote? ¿Puede sobrevivir la industria del reciclaje a la COVID-19? ¿Podemos seguir logrando una economía circular para los plásticos? Y ¿cómo podemos seguir con nuestro trabajo en un mundo en el que la "normalidad" todavía parece muy lejana?
Los trabajadores de la economía informal, en concreto los recolectores de residuos, son especialmente vulnerables a esta crisis.
Los recolectores de residuos del sector informal llevan mucho tiempo trabajando en primera línea de los esfuerzos por mantener las ciudades y los pueblos libres de residuos y basura. En Indonesia, por ejemplo, el sector informal es la columna vertebral de la gestión de residuos plásticos, ya que recoge 1 millón de toneladas de residuos plásticos al año, de las cuales el 70 % se recicla.
Sin embargo, con una falta generalizada de seguridad laboral o de prestaciones sanitarias, los recolectores de residuos también se enfrentan a amenazas sin precedentes para su seguridad y sus medios de vida.
"Con la COVID-19, nos resulta aún más difícil", nos comentó recientemente Pris Polly, presidente de IPI, el sindicato indonesio de 3,7 millones de recolectores de residuos. "Los recolectores que intentan seguir buscando desperdicios lo hacen porque tienen que trabajar. Si no trabajan, no podrán sobrevivir. No tenemos protección. No podemos sobrevivir en casa. No tenemos ahorros como otros ciudadanos o trabajadores."
En Indonesia, socios del sector privado están proporcionando a los recolectores de residuos recursos de necesidad urgente. La empresa de servicios de agua PAM Jaya ha proporcionado instalaciones para el lavado de manos y mascarillas, según explica Pris Polly, mientras que Unilever está suministrando jabón.
Pero, si miramos el panorama general, está claro que los gobiernos y las empresas deben incluir de forma explícita y reflexiva el apoyo a los recolectores de residuos en sus respuestas a la COVID-19, proporcionándoles equipos de protección personal, conectándolos con recursos alimentarios y comunitarios y garantizando el acceso a los sistemas formales de atención sanitaria.
Las empresas están tomando decisiones difíciles sobre sus resultados financieros, y los esfuerzos por reducir los residuos plásticos podrían verse recortados.
El desplome de los precios del petróleo a escala mundial ha provocado una fuerte caída del valor de los plásticos, y las empresas están tomando decisiones difíciles sobre si el reciclaje sigue siendo una opción económicamente viable. Esto significa que muchas marcas de consumo, como las empresas de bebidas, podrían tener dificultades para cumplir sus compromisos previos de adoptar prácticas más sostenibles y de sustituir total o parcialmente sus productos por plástico reciclado. Como consecuencia, podríamos ver cómo las empresas recurren cada vez más a la producción de plástico virgen, o nuevo, lo que agravaría los niveles insostenibles de producción de plástico y de gestión deficiente de residuos que ya observábamos antes de la pandemia.
La industria del reciclaje también se está viendo afectada. Una actualización reciente de un reciclador de Asia informa de una "situación financiera de dificultad" para el sector a causa de los confinamientos a escala urbana, las medidas de distanciamiento social y las capacidades operativas limitadas. Aunque algunas proyecciones apuntan a una recuperación constante del sector de gestión de residuos plásticos a medida que se levanten los confinamientos y vuelva la demanda de recogida de residuos, seguiremos de cerca la evolución en los próximos meses y años.
El actual aumento de los plásticos de un solo uso es comprensible, pero también debemos pensar en la salud a largo plazo de nuestro planeta.
California acaba de convertirse en uno de los últimos estados en levantar la prohibición de las bolsas de plástico de un solo uso, mientras que Nueva York, Nueva Jersey y el Reino Unido han aplazado las prohibiciones previstas para entrar en vigor este año. Estas nuevas disposiciones se dictaron partiendo de la premisa de que los materiales plásticos tienen menos probabilidades de transmitir el virus, pero las investigaciones sugieren más bien lo contrario: un estudio publicado a principios de este mes concluyó que el virus puede sobrevivir hasta 24 horas en papel, cartón y tejidos, frente a hasta 72 horas en plásticos y otras superficies duras y brillantes.
Es importante reconocer que vivimos en una realidad nueva y desconocida. Las personas y las familias están realizando cambios difíciles y, con frecuencia, necesarios en su forma de vivir y consumir en beneficio de su seguridad y bienestar. Mientras restaurantes y tiendas cierran temporalmente y los gobiernos emiten directrices de "permanencia en casa", muchos ciudadanos encargan entregas de comida, compran alimentos en línea y cambian a utensilios desechables por comodidad y tranquilidad.
Gestionar este aumento de los residuos plásticos de un solo uso será un reto para los gobiernos, y más aún en muchos países en desarrollo, donde los residuos mal gestionados se acumulan en los centros urbanos o se filtran a ríos y océanos, lo que desencadena nuevas crisis de salud pública.
La COVID-19 ha puesto de manifiesto una serie de problemas estructurales, entre ellos la contaminación por plásticos, que llevan décadas latentes en un segundo plano.
A medida que afrontamos juntos esta nueva realidad, los consumidores que puedan hacerlo deberían empezar a replantearse su forma de pensar sobre la contaminación por plásticos. Es una crisis real y presente que podemos detener de inmediato si tomamos decisiones que conduzcan a un futuro más limpio y sostenible.
Algunas cosas que los consumidores pueden hacer son:
Comprar en tiendas a granel o en establecimientos con modelos de recarga, lo que no solo apoya a las pequeñas empresas, sino que también reduce considerablemente el uso de plásticos.
Apoyar a los recolectores de residuos del sector informal haciendo una donación a una de las campañas disponibles aquí.
Usar bolsas de compra reutilizables y abogar por que los gobiernos locales reconsideren el levantamiento de las restricciones a los plásticos de un solo uso.
Desechar de forma responsable los productos desechables, como mascarillas y guantes, a través de sistemas formales de recogida de residuos, en lugar de tirarlos al suelo o dejarlos en espacios públicos.
Defender que las empresas cumplan sus compromisos de reducción de residuos plásticos y animarlas a no perder de vista los objetivos de sostenibilidad a más largo plazo.
Adoptar y ayudar a popularizar el concepto de economía circular para los plásticos, que mantiene los residuos plásticos fuera de nuestras vías fluviales, océanos y medio ambiente mediante el principio de reducir, reutilizar y reciclar.
Nos encontramos en la encrucijada de dos caminos divergentes. Uno es una solución provisional que nos sitúa firmemente en la senda hacia un futuro no tan lejano en el que habrá más plástico en el océano que peces. El otro es un modelo sostenible de vida y trabajo que nos beneficiará durante mucho tiempo, un modelo que creará un futuro más saludable, más equitativo y más habitable para todos.
