¿Cómo podemos salvar vidas y la economía? Lecciones de la pandemia de gripe española

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  • Las intervenciones no farmacéuticas (INF), como el distanciamiento social, pueden tener efectos positivos en la economía, al limitar los picos de infecciones y evitar víctimas masivas.

  • Un estudio sobre el impacto económico de la gripe española de 1918 en EE. UU. ha descubierto que las ciudades que implementaron INF tempranas y extensas no sufrieron efectos económicos adversos a medio plazo.

  • Las ciudades que intervinieron antes y de forma más contundente experimentaron, de hecho, un aumento relativo de la actividad económica real una vez que la pandemia remitió.

El brote de COVID-19 ha suscitado preguntas urgentes sobre el impacto de las pandemias y de las medidas asociadas en la economía real. Los responsables de las políticas se encuentran en un terreno inexplorado, con poca orientación sobre cuáles serán las consecuencias económicas previsibles y cómo debe gestionarse la crisis. En esta entrada de blog, utilizamos conclusiones de un artículo de investigación reciente para abordar dos conjuntos de preguntas. En primer lugar, ¿cuáles son los efectos económicos reales de una pandemia y son temporales o persistentes? En segundo lugar, ¿cómo afecta la respuesta sanitaria local a la gravedad económica de la pandemia? En particular, ¿tienen las intervenciones no farmacéuticas (INF), como el distanciamiento social, costes económicos, o las políticas que ralentizan la propagación de la pandemia también reducen su gravedad económica?

En nuestro artículo, estudiamos los efectos económicos de la mayor pandemia de gripe de la historia de EE. UU., la gripe de 1918, que duró desde enero de 1918 hasta diciembre de 1920 y se extendió por todo el mundo. Se estima que unos 500 millones de personas, es decir, un tercio de la población mundial, se infectaron con el virus, lo que provocó al menos 50 millones de muertes en todo el mundo, de las cuales entre 550.000 y 675.000 se produjeron en Estados Unidos. Así, la pandemia mató a alrededor del 0,66 por ciento de la población estadounidense y, en particular, provocó tasas de mortalidad elevadas entre adultos jóvenes (18-44 años) y sanos.

En nuestra investigación, aprovechamos la variación tanto en la gravedad de la pandemia como en la rapidez y la duración de las INF implementadas para combatir la transmisión de la enfermedad en los estados y ciudades de EE. UU. Las INF aplicadas en 1918 se parecen a muchas de las políticas utilizadas para reducir la propagación de la COVID-19, entre ellas el cierre de escuelas, teatros e iglesias, la prohibición de reuniones públicas y funerales, la cuarentena de casos sospechosos y las restricciones de horario comercial.

Nuestro artículo arroja dos conclusiones principales. En primer lugar, comprobamos que las zonas más gravemente afectadas por la gripe de 1918 experimentaron un descenso brusco y persistente de la actividad económica real. En segundo lugar, comprobamos que las ciudades que implementaron INF tempranas y extensas no sufrieron efectos económicos adversos a medio plazo. Por el contrario, las ciudades que intervinieron antes y de forma más contundente experimentaron un aumento relativo de la actividad económica real una vez que la pandemia remitió. En conjunto, nuestros resultados sugieren que las pandemias pueden tener costes económicos sustanciales y que las INF pueden traducirse tanto en mejores resultados económicos como en tasas de mortalidad más bajas.

Nuestras dos principales conclusiones se resumen en el gráfico siguiente, que muestra la correlación a nivel de ciudad entre la mortalidad por la gripe de 1918 y el crecimiento del empleo manufacturero entre 1914 y 1919 (dos años de censo). Como revela el gráfico, una mayor mortalidad durante la gripe de 1918 se asocia a un menor crecimiento económico. El gráfico también divide las ciudades en dos grupos: las que mantuvieron vigentes las INF durante más tiempo (puntos azules) y las que lo hicieron durante periodos más breves (puntos rojos). Las ciudades que implementaron INF durante más tiempo tienden a agruparse en la región superior izquierda (baja mortalidad, alto crecimiento), mientras que las ciudades con periodos de INF más cortos se agrupan en la región inferior derecha (alta mortalidad, bajo crecimiento). Esto sugiere que las INF contribuyen a atenuar la mortalidad, sin reducir la actividad económica. En todo caso, las ciudades con INF más prolongadas crecen más rápidamente a medio plazo.

Efecto de las INF en la tasa de mortalidad.Image: Oficina del Censo de EE. UU., Markel et al. (2007)

Respecto a los efectos económicos de la pandemia, comprobamos que las zonas más gravemente afectadas experimentaron un descenso relativo del empleo manufacturero, de la producción manufacturera, de los activos bancarios y del consumo de bienes duraderos. Nuestras estimaciones de regresión implican que la gripe de 1918 provocó una reducción del 18 por ciento en la producción manufacturera de un estado con el nivel medio de exposición. Las zonas expuestas también registraron un aumento de las bajas contables de créditos (charge-offs), lo que refleja un incremento de los impagos de empresas y hogares. Estos patrones son coherentes con la idea de que las pandemias deprimen la actividad económica mediante reducciones tanto de la oferta como de la demanda (Eichenbaum et al. 2020). Es importante señalar que los descensos en todos los resultados fueron persistentes y que las zonas más afectadas siguieron deprimidas en relación con las menos expuestas desde 1919 hasta 1923.

La principal preocupación de nuestro enfoque empírico es que las zonas con mayor exposición a la gripe de 1918 pueden estar, al mismo tiempo, más expuestas a otras perturbaciones económicas. Sin embargo, aunque el brote fue más grave en el este de Estados Unidos, estudios anteriores sostienen que la propagación geográfica de la pandemia fue algo arbitraria (Brainerd y Siegler 2003). En coherencia con ello, comprobamos que las zonas gravemente y moderadamente afectadas tenían niveles similares de población, empleo y renta per cápita antes de 1918. También comprobamos que los resultados son robustos al controlar las perturbaciones variables en el tiempo que interactúan con diversas características económicas locales, incluida la composición sectorial del empleo de los estados. Los efectos son asimismo similares al aprovechar la variación de la exposición a la gripe tanto a nivel de ciudad como de estado. Además, los resultados son similares al utilizar la mortalidad por gripe de 1917 como instrumento para la mortalidad de 1918. Este ejercicio utiliza la variación de la gripe de 1918 impulsada por la predisposición local a los brotes de gripe debida a factores climáticos, inmunológicos y socioeconómicos, que en años ordinarios no provocarían perturbaciones económicas.

En coherencia con esta evidencia empírica, la gran perturbación económica causada por la pandemia también se refleja en los relatos de la prensa de la época. Por ejemplo, el 24 de octubre de 1918, el Wall Street Journal escribió:

En algunas partes del país [la pandemia] ha provocado una disminución de la producción de aproximadamente un 50 por ciento y casi en todas partes ha ocasionado una caída más o menos marcada. La pérdida de comercio que han sufrido los comerciantes minoristas de todo el país ha sido muy grande. El deterioro de la eficiencia también ha sido notable. Nunca ha habido en este país, según dicen los expertos, un dominio tan completo de una epidemia como el que ha provocado esta.

Nuestro segundo conjunto de resultados se centra en el impacto económico local de las INF públicas. En teoría, los efectos económicos de las INF podrían ser tanto positivos como negativos. En igualdad de condiciones, las INF limitan las interacciones sociales y, por tanto, reducen cualquier actividad económica que dependa de dichas interacciones. Sin embargo, en una pandemia, la actividad económica también se reduce en ausencia de tales medidas, ya que los hogares reducen el consumo y ofrecen menos trabajo para disminuir su riesgo de contagio. Así, aunque las INF reducen la actividad económica, pueden resolver los problemas de coordinación asociados a la lucha contra la transmisión de la enfermedad y mitigar la perturbación económica relacionada con la pandemia.

Al comparar las ciudades según la rapidez y la contundencia de las INF, comprobamos que las INF tempranas y enérgicas no agravaron la recesión económica. Por el contrario, las ciudades que intervinieron antes y de forma más contundente experimentaron un aumento relativo del empleo manufacturero, de la producción manufacturera y de los activos bancarios en 1919, tras el final de la pandemia.

Nuestras estimaciones de regresión sugieren que los efectos fueron económicamente considerables. Reaccionar diez días antes de la llegada de la pandemia a una ciudad determinada aumentó el empleo manufacturero en torno a un 5 por ciento en el periodo posterior a la pandemia. Asimismo, implementar INF durante cincuenta días adicionales incrementó el empleo manufacturero un 6,5 por ciento tras la pandemia.

Nuestras conclusiones están sujetas a la preocupación de que las respuestas políticas sean endógenas y puedan estar impulsadas por factores relacionados con resultados económicos futuros, como la exposición inicial de las ciudades a la mortalidad asociada a la gripe, así como por diferencias en la calidad de las instituciones locales y de la atención sanitaria. Esta preocupación se atenúa en cierta medida gracias a una idea de la literatura epidemiológica: las ciudades golpeadas por las oleadas posteriores de la pandemia —es decir, las situadas más al oeste— parecen haber implementado las INF con mayor rapidez, tras aprender de las experiencias de otras ciudades (Hatchett et al. 2007). Así, a medida que la gripe se desplazó de este a oeste, las ciudades fueron mucho más rápidas en implementar las INF. El mapa siguiente muestra la intensidad de las INF locales en las ciudades de nuestra muestra, y se observa con claridad que las ciudades del oeste respondieron a la llegada de la pandemia con INF más estrictas. Es importante señalar que, por ello, también demostramos que nuestros resultados son robustos al controlar las perturbaciones variables en el tiempo que se correlacionan con las diferentes características de las ciudades del oeste y del este, como la exposición a perturbaciones agrícolas.

Las INF incluyen prácticas como el distanciamiento social.Image: Markel et al. (2007)

Debido a la falta de datos de mayor frecuencia, no podemos precisar la dinámica exacta ni el mecanismo a través del cual las INF mitigan las consecuencias económicas adversas de una pandemia. Sin embargo, los patrones que identificamos en los datos sugieren que las INF oportunas y enérgicas pueden limitar los efectos económicos más disruptivos de una pandemia de gripe. La literatura epidemiológica concluye que las intervenciones de salud pública tempranas reducen las tasas máximas de mortalidad —aplanando la curva— y disminuyen las tasas de mortalidad acumulada (Markel et al. 2007, Bootsmaa et al. 2007). Dado que las pandemias son muy disruptivas para la economía local, estos esfuerzos pueden mitigar las bruscas alteraciones de la actividad económica que resultan de tales choques. Como resultado, la implementación rápida de las INF también puede contribuir a «aplanar la curva económica», reforzando los efectos de las intervenciones de política económica más tradicionales (Gourinchas 2020).

Las evidencias anecdóticas sugieren que nuestros resultados tienen paralelismos con el brote de COVID-19. Los gobiernos que implementaron INF con rapidez, como los de Taiwán, China y Singapur, no solo han limitado el crecimiento de las infecciones, sino que también parecen haber mitigado la peor perturbación económica causada por la pandemia. Por ejemplo, el economista Danny Quah señala que la gestión de Singapur frente a la COVID-19 ha evitado grandes perturbaciones de la actividad económica sin provocar un fuerte aumento de las infecciones mediante intervenciones enérgicas y tempranas. Por tanto, las INF bien calibradas, tempranas y enérgicas no deberían considerarse como costes económicos importantes en una pandemia.

En conjunto, nuestras pruebas indican que es la pandemia y el consiguiente aumento de la mortalidad lo que constituye el choque para la economía. En la medida en que las INF son un medio para atacar la raíz del problema, la mortalidad, también pueden salvar la economía.

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