Las universidades se crearon como lugares donde las personas aprenden y se educan juntas. Pero una encuesta británica ha revelado que el 46% de los investigadores se sienten solos en el trabajo. El aislamiento social es especialmente frecuente entre los académicos en las primeras etapas de su carrera: el 64% de los candidatos a doctorado declara sentirse así.
Pasar tiempo a solas puede resultar más difícil para algunas personas que para otras, pero el aislamiento no debe confundirse con la soledad. La soledad es la experiencia positiva y gratificante de estar a solas. El aislamiento, en cambio, es una sensación negativa, relacionada con una separación involuntaria percibida. Y el aislamiento puede tener un grave impacto en el bienestar.
Investigación muestra que el 40% de los académicos, y más de la mitad de los menores de 35 años, considera que el aislamiento en el trabajo es el principal factor que afecta a su salud mental. Y muchos académicos recurren a la orientación psicológica para aprender formas de afrontar la angustia emocional.
En las universidades, el aislamiento lleva a los académicos a la angustia, y muchos abandonan sus carreras investigadoras. Los académicos en las primeras etapas de su carrera se ven especialmente afectados por el aislamiento, porque sus empleos no son estables. Pero sin esta nueva savia y nuevas ideas de investigación, las universidades podrían innovar menos.
El académico aislado
Nuestra investigación, que se llevó a cabo junto con colegas de diez universidades de todo el mundo, reveló que el aislamiento académico puede adoptar muchas formas. Durante cuatro años, nuestra investigación siguió a un grupo de educadores en las primeras etapas de su carrera, analizando las distintas formas de aislamiento que experimentó el grupo y las estrategias utilizadas para superarlas.
Descubrimos que algunos educadores se sienten aislados geográficamente, mientras que otros se sienten socialmente aislados cuando no logran establecer relaciones significativas con otros en sus campos. También encontramos indicios de que algunos académicos sienten que no poseen los conocimientos culturales y técnicos necesarios para participar en los debates globales de su disciplina.
Todos los participantes en nuestra investigación declararon haber tenido que enfrentarse al menos a una forma de aislamiento en su carrera. Y, como estas carreras se globalizan cada vez más, los educadores se encuentran compitiendo cada vez más entre sí, lo que a menudo agrava su sensación de aislamiento.
La necesidad de mantenerse competitivos en el ámbito global ha obligado a los académicos a centrarse en desarrollar habilidades y seguir un programa de investigación que se asemeja a lo que hacen quienes trabajan en las mejores universidades. Estas universidades pueden considerarse los centros de conocimiento de un campo de investigación. Sin embargo, estos centros suelen estar muy alejados de la vida cotidiana de otras universidades. Esto repercute directamente en el aislamiento, ya que los académicos a menudo no saben cómo relacionarse con estos centros lejanos.
Del mismo modo, el último Marco de Excelencia en la Investigación –el sistema de evaluación de la calidad de la investigación en las instituciones de educación superior del Reino Unido– clasificó como una única publicación los trabajos firmados conjuntamente por dos o más académicos del mismo departamento. Esta práctica incentiva a los investigadores a colaborar con miembros de otras universidades, lo que fomenta la competencia entre colegas del mismo departamento en lugar de la colaboración.
Debido a esta presión por rendir, los académicos a menudo sienten la obligación de distanciarse de relaciones potencialmente enriquecedoras con colegas y amigos de su entorno. Esto se debe al temor de que pueda perjudicar su productividad o impedirles alcanzar sus objetivos.
Combatir el aislamiento
Nuestra investigación también reveló que los académicos reconocen que el aislamiento supone un importante reto para su bienestar. Y muchos realizan esfuerzos considerables para reducirlo: desarrollando estrategias individuales y colectivas para integrarse mejor en sus comunidades investigadoras.
Estas estrategias les hacen sentirse más empoderados y menos aislados. Encontramos indicios de académicos que establecen redes de contactos de forma intensiva o que se esfuerzan por asistir a eventos sociales periódicos para ganar visibilidad. También comprobamos que algunos académicos se esfuerzan especialmente por crear grupos sociales en línea y clubes de formación, invitando a otros académicos a conectar y a presentar en sus seminarios en línea especiales. Y muchos académicos también se unen a grandes equipos en proyectos de investigación como forma de combatir el aislamiento.
Nuestro estudio también constató que los académicos que participaron en estas estrategias se sintieron más capacitados para gestionar su rendimiento académico. Y que también se sintieron más empoderados y mejor integrados en su comunidad investigadora.
Mejor integración
Algunas universidades han empezado a tomar en serio el problema del aislamiento académico y han puesto en marcha iniciativas para ayudar a que los académicos se sientan más conectados. Entre ellas se incluyen la organización de retiros de escritura, políticas de asistencia a la oficina, jornadas fuera del campus y tutorías. Pero, aunque todo esto es muy positivo, no ocurre en todas las instituciones.
Para abordar realmente el problema en su conjunto, la educación superior debe ser más radical. La reforma de la estructura organizativa ayudaría a atajar las causas profundas del aislamiento. Esto podría implicar que las propias universidades sean más inclusivas, creando sistemas de evaluación del rendimiento colectivo y no solo individual.
Esto podría implicar también que las comunidades investigadoras globales sean más inclusivas. Para ello, las asociaciones de investigación deberían organizar sus comunidades en torno a múltiples centros regionales diversos, de modo que todos puedan acceder fácilmente a la vida comunitaria. Hacer de la diversidad un valor fundamental también garantiza que todos se sientan bienvenidos. Crear funciones para todos los niveles de experiencia también puede contribuir a la integración.
Esto es importante porque las universidades son centros de aprendizaje. Y marcan el ejemplo para el resto de la sociedad: los académicos bien integrados contribuyen a formar estudiantes bien integrados.

