Nuestra salud metabólica está determinada por casi todos los aspectos de la vida cotidiana y por la confluencia de múltiples industrias y sectores, por lo que nadie se hace verdaderamente responsable de la situación actual.
Aunque nos enfrentamos a una epidemia de obesidad, en el centro de este problema se encuentra la mala salud metabólica de la población, que afecta a millones de personas con peso normal que, aun así, corren un riesgo considerable.
El cambio es posible. Con sólidas garantías gubernamentales, una reorientación de los incentivos y un compromiso conjunto de las industrias, podemos abordar la salud metabólica.
Los avances científicos, políticos y la cobertura mediática de las celebridades por fin han hecho que el mundo preste atención a la obesidad, uno de los desafíos sociales y de salud pública más importantes de nuestro tiempo.
Hoy, más de 1.000 millones de personas viven con obesidad, una afección asociada con casi 200 enfermedades. Los avances científicos han dado lugar a uno de los medicamentos más prometedores de las últimas décadas: los fármacos análogos del GLP-1 (péptido similar al glucagón tipo 1), como Ozempic y Mounjaro, cuyos beneficios están documentados para la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, entre otras afecciones. Estos medicamentos han demostrado que la obesidad no es simplemente el resultado de una mala conducta o de falta de fuerza de voluntad, sino que el peso está influido por la bioquímica.
Sin embargo, aunque los fármacos GLP-1 representan una importante incorporación al arsenal contra la obesidad, por sí solos no pueden resolver el desafío médico, económico y social mucho más apremiante al que nos enfrentamos: la mala salud metabólica mundial.

La obesidad es un biomarcador, no la causa raíz. ¿Es el objetivo adecuado?
Detrás de los titulares y los avances farmacéuticos se esconde un problema más profundo y urgente. No solo nos enfrentamos a una epidemia de obesidad, sino también a una crisis de salud metabólica que afecta silenciosamente a millones de personas con peso normal que, no obstante, corren un riesgo considerable.
La obesidad es un biomarcador: un ejemplo de un resultado visible de la disfunción metabólica. Centrarse exclusivamente en la obesidad oculta el verdadero desafío, pues se pasan por alto grandes segmentos de la población cuyo IMC está dentro del rango normal, pero que tienen una salud metabólica deficiente. Por ejemplo, más del 40 % de los adultos de Estados Unidos tienen un IMC dentro del rango normal, pero aun así padecen problemas metabólicos.
Nuestra salud metabólica está determinada por diversos indicadores, como la glucosa en sangre, la composición corporal, la presión arterial y los niveles de lípidos. Cualquier alteración de estos biomarcadores puede presagiar inflamación crónica y resistencia a la insulina, que son los verdaderos factores que impulsan las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, el deterioro cognitivo, la infertilidad, el hígado graso y otros problemas. El problema es la salud metabólica; la obesidad es solo un indicador.
Una visión inclusiva de la obesidad y la disfunción metabólica
Centrar los esfuerzos exclusivamente en las personas con obesidad deja de lado a un amplio segmento de la población con mala salud metabólica. La mala salud metabólica no siempre se manifiesta como un exceso de peso corporal. Hay tres tipos de depósitos de grasa:
Grasa subcutánea (la más visible): Grasa almacenada bajo la piel (en las caderas, los muslos y los brazos). Las personas con niveles más altos pueden parecer tener sobrepeso u obesidad.
Grasa visceral: grasa acumulada entre los órganos internos (por ejemplo, los intestinos). La grasa visceral está relacionada con la resistencia a la insulina, la inflamación, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes tipo 2.
Grasa ectópica (la menos visible): grasa almacenada en lugares donde tradicionalmente no se esperaría encontrarla (como el hígado, los músculos y el corazón). Puede acumularse sin que aumente el peso. Está asociada con la diabetes tipo 2, las enfermedades cardíacas, los accidentes cerebrovasculares y la demencia.
Los niveles elevados de grasa visceral y ectópica son los que más preocupan para la salud, pero a menudo son menos visibles. Por tanto, centrarse exclusivamente en la obesidad hace caso omiso de estas personas en riesgo.
La muerte por mil cortes: la acumulación de fallos sistémicos
La salud metabólica está determinada por casi todos los aspectos de la vida cotidiana: la alimentación, la actividad física, la exposición a factores ambientales, el estrés y el sueño. Estos factores están controlados e influidos por múltiples sectores. La diversidad de quienes contribuyen a ellos y la complejidad de los factores causales han dado lugar a una rendición de cuentas deficiente en todas las industrias, y la responsabilidad recae en gran medida en las personas. La carga económica se ha vuelto demasiado importante como para ignorarla. Las enfermedades metabólicas crónicas están elevando los costes de la atención sanitaria a niveles insostenibles.
La razón está clara: es el resultado de décadas de incentivos mal alineados. Por ejemplo, se reembolsa a los hospitales y las empresas farmacéuticas por tratar enfermedades, no por prevenirlas. Se recompensa a las empresas alimentarias por el volumen de ventas, no por la calidad nutricional. Algunos gobiernos siguen subvencionando a gran escala cultivos que se utilizan para elaborar productos que provocan resistencia a la insulina. La innovación se orienta hacia aquello que recompensa el sistema. La pregunta es: ¿cómo pueden transformarse los sistemas alimentarios y sanitarios para incentivar y recompensar la salud metabólica?
El momento es ahora
La creciente sensibilización pública y el interés de los consumidores por la dieta occidental han atraído una atención sin precedentes y generado una oleada de curiosidad, energía y demanda de nuevas soluciones. Entre las señales de este impulso se encuentran, entre otras:
Mayor presión gubernamental: el movimiento MAHA (Make America Healthy Again, «Hagamos que Estados Unidos vuelva a estar sano») y el mayor escrutinio de los alimentos ultraprocesados, incluida la demanda de la ciudad de San Francisco contra 10 empresas de alimentos ultraprocesados, ponen de relieve la urgente necesidad de cambiar todo el sistema alimentario.
Mayor concienciación de los consumidores: las personas tienen más acceso a datos nutricionales y biomarcadores personales de salud. Aplicaciones para consumidores como Yuka, Perfact o FoodHealth facilitan la evaluación de la calidad de los productos, a menudo en el momento de elegirlos o comprarlos.
Una economía del bienestar en auge: valorada en 6,8 billones de dólares, la industria del bienestar ya supera en tamaño a sectores mundiales como el deporte (2,7 billones de dólares), el turismo (5 billones de dólares) y la economía verde (5,1 billones de dólares). Los dispositivos ponibles y las plataformas digitales permiten ofrecer recomendaciones personalizadas sobre alimentación y estilo de vida, realizar un seguimiento de biomarcadores en tiempo real y enviar estímulos conductuales que facilitan opciones más saludables. Al mismo tiempo, sectores enteros de consumo están rediseñando sus estrategias para atender a las poblaciones que toman fármacos GLP-1.
Empoderar a cada sector para impulsar un cambio positivo
La salud de una persona se configura mucho antes de que entre en una clínica. Desde los sistemas alimentarios hasta la tecnología, pasando por los productos farmacéuticos, los seguros y el diseño urbano, múltiples industrias influyen en la salud metabólica, pero pocas tienen incentivos para mejorarla. Algunos ejemplos recientes muestran cómo la acción coordinada y los incentivos alineados pueden generar un impacto medible:
1. Elevar los estándares de la industria y reformular a gran escala
El programa de reducción de sal del Reino Unido reunió a actores de la industria alimentaria para reducir colectivamente los niveles de sal en categorías enteras de productos. Como resultado, el Reino Unido logró reducciones medibles de la presión arterial y del riesgo de hipertensión en toda la población. Este enfoque coordinado niveló las condiciones para las empresas y demostró el poder de los estándares compartidos y de mejorar los resultados de salud de la población.
2. Rediseño de productos con la salud metabólica como objetivo
Algunas empresas alimentarias han rediseñado sus carteras de productos para mejorar su impacto en la salud, y en ocasiones han comercializado abiertamente esos cambios; otras veces, han avanzado discretamente. Los enfoques discretos pueden ser especialmente eficaces para evitar los prejuicios de los clientes, ya que los consumidores suelen asociar los productos más saludables con un peor sabor, lo que reduce la demanda.
3. Modelos de atención integrados e inteligentes basados en datos
Sistemas sanitarios avanzados, como el sistema sanitario inteligente de Abu Dabi, demuestran el poder de vincular datos clínicos, de seguros, genómicos, ambientales y de estilo de vida en un sistema plenamente soberano y protegido en materia de privacidad. Esto permite analizar tendencias a nivel poblacional, diseñar estrategias de atención predictiva y aplicar intervenciones preventivas de salud específicas (incluido el desarrollo de una Estrategia intersectorial para una vida saludable), lo que permite actuar antes en la atención sanitaria.
4. Prácticas agrícolas para mejorar la salud y la calidad nutricional
Existe un vínculo directo entre la salud del suelo y la salud metabólica. Cultivar productos agrícolas en suelo vivo (en lugar de tierra inerte) permite lograr un microbioma del suelo más rico y, como resultado, una mayor calidad nutricional; la tierra inerte está muerta, el suelo está vivo. Los esfuerzos por promover la agricultura regenerativa se verán recompensados con una mejor calidad y rendimiento, al tiempo que reducen los costes ambientales.
En conjunto, estos casos muestran que los incentivos alineados, unas sólidas garantías regulatorias, la competencia leal y los incentivos específicos pueden abrir la puerta a avances significativos. Cuando ninguna organización queda en desventaja, la innovación se orienta hacia mejores resultados de salud metabólica.
Perspectivas de futuro
Cada uno de nosotros puede contribuir a abordar este desafío multisectorial de la salud metabólica. Nuestras instituciones, nuestros empleadores, nuestras comunidades y nosotros mismos somos partes interesadas. Para lograr avances significativos se necesitan sólidas garantías regulatorias, una innovación audaz del sector privado y consumidores informados y empoderados.
El cambio llegará, eso es seguro. Lo que no está claro es dónde, cuándo ni quiénes serán los pioneros y quiénes se quedarán atrás.
