Este artículo se publicó originalmente en diciembre de 2020.
Con el frío y los días más cortos, las restricciones por la COVID-19 parecen mucho más abrumadoras durante el invierno.
La investigadora de Stanford Kari Leibowitz comparte consejos para afrontar los próximos meses inspirándose en los noruegos.
Quienes viven en el norte de Noruega soportan largas noches polares, durante las cuales el sol no sale por dos meses.
Las investigaciones muestran el impacto de la mentalidad en el bienestar.
Mientras se preparan para un largo invierno de frío, días cortos y confinamientos por la COVID-19 y órdenes de quedarse en casa, las personas pueden inspirarse en los noruegos para afrontar los oscuros meses que se avecinan, según la investigadora de Stanford Kari Leibowitz.
Leibowitz ha estudiado cómo afrontan los noruegos el invierno y las «noches polares», el período que comienza el 21 de noviembre, cuando el sol se pone en Noruega y no vuelve a salir durante otros dos meses. Pasó un año en la Universidad de Tromsø, situada a 200 millas al norte del círculo polar ártico, para comprender mejor cómo las personas sobreviven —y, de hecho, prosperan— en condiciones tan extremas e inusuales. Descubrió que una mentalidad positiva respecto al invierno —que abarca los pensamientos, creencias y actitudes hacia la estación— está asociada positivamente con el bienestar, incluida la satisfacción con la vida y el crecimiento personal.
Aquí, Leibowitz habla de algunos de sus hallazgos —datos de su encuesta a 238 noruegos, publicados recientemente en la revista International Journal of Wellbeing — y de cómo su manera de vivir el invierno y estar en interiores podría ofrecer consuelo en estos tiempos difíciles.

Leibowitz es candidata a doctorado en psicología social en la Escuela de Humanidades y Cienciasde Stanford, donde investiga las fuerzas psicológicas y sociales en la atención sanitaria, con especial atención a la relación entre médico y paciente. Leibowitz también trabaja con la psicóloga de Stanford Alia Crum en el Stanford Mind & Body Lab, donde estudian cómo las mentalidades pueden contribuir positivamente al bienestar emocional y físico.
¿Qué aprendió al estudiar y convivir con los noruegos? ¿Hubo algo que le sorprendiera descubrir sobre ellos y sobre usted misma?
¡Aprendí muchísimo! Lo delicioso que es el brunost —un queso marrón especial, ligeramente acaramelado, que suelen comer con gofres— y lo buenos que están los perritos calientes de reno. Cómo vestirse adecuadamente para el invierno —¡las capas interiores de lana son fundamentales!— y cómo recolectar arándanos. Pero también aprendí que, sorpresa, ¡a los noruegos les encanta el invierno! De verdad me sorprendió: crecí en la costa de Jersey odiando el invierno. Al principio fui para entender cómo sobrevivían durante el invierno. Pero la gente de Noruega no lo veía tanto como algo que hubiera que sobrevivir; lo veía como una oportunidad para disfrutar de muchas cosas que le encantaban: actividades al aire libre, como el esquí de fondo, y también momentos especiales y acogedores en casa. En lugar de ser la noche polar un período de oscuridad, aprendí que, en realidad, es un tiempo de luz increíble: luz azul durante unas horas al día, colores muy bonitos al atardecer mientras el sol roza el horizonte y, por supuesto, unas auroras boreales increíbles. Me demostraron que es posible amar el invierno, y allí aprendí a amarlo yo también.

¿Y qué aprendió sobre su bienestar?
En nuestra encuesta transversal y correlacional a noruegos de tres latitudes distintas —Oslo, Tromsø y Svalbard—, realizada a finales de enero, descubrimos que una mentalidad positiva respecto al invierno estaba asociada con todos los indicadores de bienestar que examinamos, incluida la satisfacción con la vida, las emociones positivas, el florecimiento psicológico y el crecimiento personal. En otras palabras, las personas de Noruega con una mentalidad más positiva respecto al invierno también tendían a ser más felices en general.
¿Cómo podría ayudar esta mentalidad a las personas que deben quedarse en casa durante la pandemia?
Quizá sea especialmente fácil amar el invierno en Tromsø: es un lugar mágico, rodeado de montañas nevadas y fiordos. Pero creo que la gente de Tromsø tiene estrategias para hacer que el invierno sea maravilloso y que pueden servirle a cualquiera, dondequiera que esté. En Tromsø ven el invierno como una época llena de oportunidades, mientras que en Estados Unidos solemos centrarnos solo en las limitaciones que impone y en las cosas que no podemos hacer. Por supuesto, cuando nos quedamos en casa, hay muchas cosas que no podemos hacer y es fácil centrarse en eso. No sugiero que la gente niegue esta realidad ni que ignore todo el sufrimiento, las pérdidas y las cosas que nos estamos perdiendo este año. Pero, dado que estamos todos atrapados en una situación en la que nadie quiere estar, ¿cómo podemos centrarnos en a) las oportunidades que puedan presentarse y b) las cosas que sí disfrutamos de la estación invernal, para encontrar un poco de consuelo?
Para mí, este es el primer año que no volveré a casa para pasar las fiestas con mi familia en Nueva Jersey, y me entristece mucho no hacerlo. Pero intento centrarme en que, en vez de viajar en avión de una punta a otra del país y andar de un lado para otro viendo a todos mis familiares, este año puedo pasar unas fiestas realmente tranquilas y expresar mi cariño a mi familia enviándoles cosas por correo y organizando videollamadas por Zoom. Esas son algunas de las oportunidades que intentaré aprovechar este año. Y esta idea de encontrar oportunidades en las cosas difíciles no proviene solo de una mentalidad positiva respecto al invierno: cuenta con el respaldo de numerosas investigaciones psicológicas, incluidos los trabajos del Stanford Mind & Body Lab, como las investigaciones de Alia Crum sobre las mentalidades ante el estrés.
Otra parte importante de esta mentalidad es salir al aire libre: a los noruegos les encanta mantenerse activos durante el invierno, e incluso tienen un dicho: «No existe el mal tiempo, solo la ropa inadecuada». Dado que ahora estamos todos en casa, será muy importante abrigarse bien, moverse y pasar tiempo al aire libre, incluso con «mal» tiempo, para mantener el ánimo y el buen humor este invierno.
¿Hay algo que quiera añadir sobre cómo se aplica su investigación a estos tiempos que vivimos?
Lo que me gusta de las mentalidades es que permiten abordar la complejidad: no se trata simplemente de decirle a la gente que mire el lado bueno, piense en positivo o encuentre el lado positivo de las cosas. Creo que es muy importante permitir que la gente lamente y llore sus pérdidas, y no restar importancia a las dificultades tan reales que afronta. Se trata, en cambio, de centrarnos en lo que podemos controlar e intentar sacar lo mejor de una mala situación. Así que, si odias que anochezca tan temprano, puedes intentar centrarte en que es una oportunidad para encender velas y acurrucarte antes, en que quizá te ayude a acostarte más temprano —algo que siempre intento hacer y nunca consigo— o incluso en lo agradable que puede ser contemplar el atardecer desde la ventana mientras trabajas. Animo a la gente a empezar poco a poco y encontrar una o dos cosas que le gusten de este invierno, quizá una o dos cosas que esté haciendo para convertir esta difícil estación en una oportunidad, y centrarse en ellas. Personalmente, pensaré en este invierno como una especie de hibernación, un tiempo dedicado a la quietud, el descanso y la reflexión. Esa pausa consciente puede ayudarnos a salir del otro lado de la pandemia con una idea más clara de lo que nos importa y de cómo queremos vivir.

