Nuevas pistas en el cerebro que relacionan el dolor y el comportamiento alimentario

A computer-generated image of a human brain
Nucleus accumbens could be important in changing the eating behaviour of those with chronic pain.Image: Unsplash/Milad Fakurian
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  • Los investigadores están estudiando una relación entre el consumo excesivo de alimentos y el dolor crónico.

  • El desarrollo del dolor crónico puede ejercer una fuerte influencia en lo que come una persona.

  • Es poco probable que el dolor de corta duración y no crónico produzca el mismo efecto en el consumo de alimentos, explican los investigadores.

Resumen: El circuito cerebral responsable de la motivación y el placer se activa cuando una persona experimenta dolor. Los hallazgos revelan una relación que explica por qué algunas personas pueden comer en exceso cuando sufren dolor crónico.

Fuente: Universidad de Rochester

Desde hace tiempo se sabe que existe una asociación entre la alimentación y el dolor, ya que las personas con dolor crónico a menudo tienen dificultades con su peso.

Investigadores del Instituto de Neurociencia Del Monte pueden haber encontrado una explicación en un nuevo estudio que sugiere que el circuito cerebral responsable de la motivación y el placer se ve afectado cuando una persona experimenta dolor.

“Estos hallazgos pueden revelar nuevos mecanismos fisiológicos que vinculan el dolor crónico con un cambio en el comportamiento alimentario de una persona”, afirmó Paul Geha, M.D., autor principal del estudio publicado en PLOS ONE. “Y este cambio puede conducir al desarrollo de obesidad.”

El placer por la comida surge de la forma en que nuestro cerebro responde a lo que estamos comiendo.

En este estudio, los investigadores analizaron la respuesta del cerebro al azúcar y a la grasa. Utilizando un postre de gelatina y un pudín, los investigadores modificaron el azúcar, la grasa y la textura de los alimentos.

Comprobaron que ninguno de los pacientes experimentó cambios en su comportamiento alimentario con el azúcar, pero sí con la grasa. Quienes sufrían dolor lumbar agudo y posteriormente se recuperaron fueron los más propensos a perder el placer de comer el pudín y a presentar alteraciones en las señales de saciedad –la comunicación del sistema digestivo al cerebro–, mientras que quienes tenían dolor lumbar agudo que persistió durante un año no presentaron inicialmente el mismo cambio en su comportamiento alimentario.

Sin embargo, los pacientes con dolor lumbar crónico sí informaron de que, con el tiempo, los alimentos ricos en grasas y carbohidratos, como el helado y las galletas, terminaron por resultarles problemáticos, y las exploraciones cerebrales mostraron alteraciones en las señales de saciedad.

“Es importante señalar que este cambio en la preferencia por los alimentos no modificó su ingesta calórica”, afirmó Geha, quien fue el primer autor de un estudio anterior publicado en PAIN en el que se basa la investigación reciente.

“Estos hallazgos sugieren que la obesidad en pacientes con dolor crónico quizá no se deba a la falta de movimiento, sino a que cambian su forma de comer.”

Las exploraciones cerebrales de los participantes en el estudio revelaron que el núcleo accumbens –una pequeña zona del cerebro conocida principalmente por su papel en la toma de decisiones– podría ofrecer pistas sobre quién corre el riesgo de experimentar un cambio a largo plazo en el comportamiento alimentario.

Los alimentos ricos en grasas y en hidratos de carbono pueden llegar a gustar mucho a las personas con dolor crónicoImage: Unsplash/Robina Weermeijer

Los investigadores constataron que la estructura de esta zona del cerebro era normal en de los pacientes que inicialmente experimentaron cambios en su comportamiento alimentario, pero cuyo dolor no se volvió crónico.

Sin embargo, los pacientes cuyo comportamiento alimentario era normal, pero cuyo dolor se volvió crónico, presentaban un núcleo accumbens más pequeño. Curiosamente, el núcleo accumbens predijo las valoraciones de placer solo en los pacientes con dolor lumbar crónico y en los pacientes que se volvieron crónicos tras un episodio agudo de dolor lumbar, lo que sugiere que esta región se vuelve fundamental en el comportamiento motivado de los pacientes con dolor crónico.

Investigaciones previas de Geha habían constatado que un núcleo accumbens más pequeño puede indicar si una persona corre un mayor riesgo de desarrollar dolor crónico.

Entre los demás autores figuran Yezhe Lin, Ph.D., y Gelsina Stanley, de la Universidad de Rochester; Ivan de Araujo, Ph.D., de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí; y Dana Small, Ph.D., de la Universidad de Yale. La investigación fue financiada por el Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas.

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