Los avances en la atención médica y la tecnología han aumentado exponencialmente el número de personas que responden muy poco a su entorno y tienen escasa o nula capacidad para interactuar con los demás.
Por ejemplo, cuando se inventó el respirador mecánico en la década de 1940, permitió la supervivencia sin precedentes de personas cuyas lesiones y patologías habrían sido mortales anteriormente.
A medida que esta tecnología que salva vidas se integró en la práctica médica habitual, se crearon inadvertidamente nuevos tipos de personas y nuevas formas de vida: personas cuyas funciones fisiológicas eran mantenidas por máquinas y que no mostraban señales de respuesta.
Otros avances en tecnologías médicas han aumentado la tasa de supervivencia de los bebés prematuros, han permitido que una generación de niños con discapacidades graves llegue a la edad adulta y que una generación de los nacidos durante el auge demográfico de la posguerra alcance la vejez. Muchos de ellos tienen afecciones (como autismo grave o parálisis cerebral) o desarrollan patologías (como demencia) que limitan su capacidad para interactuar con los demás.

Atrapados y excluidos
Además de estar atrapados en mundos interiores inaccesibles para los demás, su falta de interacción hace que, a ojos de otras personas, pierdan su condición de personas y, en última instancia, su pertenencia como ciudadanos de pleno derecho a la sociedad.
En el Laboratorio de Interacción con Bioseñales y Condición de Persona (BIAPT), trabajamos para desarrollar tecnologías que amplíen y mantengan la condición de persona de quienes no responden a su entorno.
Una de las tecnologías que se desarrollan en este laboratorio es la «biomúsica»: un sistema que traduce los cambios fisiológicos asociados a las emociones en música. Cuando alguien está estresado o experimenta una emoción intensa, esto suele provocar cambios particulares en sus señales fisiológicas. Por ejemplo, una persona que siente miedo podría manifestarlo fisiológicamente con pupilas dilatadas, manos frías y sudorosas, respiración superficial y un aumento de la frecuencia cardíaca.
La biomúsica registra cambios propios de cada persona que están asociados a las emociones y los expresa mediante un proceso llamado sonificación: el uso del sonido para hacer perceptibles los datos. Esto permite que otras personas oigan y «sintonicen» con los cambios fisiológicos de alguien, lo que les brinda un acceso único a su estado emocional y mental.
La tecnología de biomúsica se probó por primera vez con niños con discapacidades múltiples y profundas que vivían en una unidad de cuidados de larga duración de un hospital pediátrico de rehabilitación. Se pidió a sus cuidadores que interactuaran con ellos de la manera habitual mientras la biomúsica de los niños sonaba de fondo.
«Ah, entonces esta es una persona»
Después de cuatro sesiones con biomúsica, los cuidadores no solo percibieron cambios en la música asociados a sus interacciones, sino que también dijeron que la tecnología había cambiado su forma de interactuar y su percepción de los niños. Un cuidador profesional del hospital dijo que los cuidadores «a menudo no miran a la persona y simplemente hacen lo que tenemos que hacer». La biomúsica la hizo «dar un paso atrás y pensar: “Ah, entonces esta es una persona”».
Actualmente, el laboratorio BIAPT trabaja activamente para mejorar tanto las capacidades de procesamiento de señales fisiológicas como los parámetros de sonificación de esta tecnología. Nuestro objetivo es integrar algoritmos de aprendizaje automático en el software para detectar emociones específicas de cada usuario y utilizar esos resultados para modular la salida biomusical.
Sin embargo, entrenar estos algoritmos requiere que el usuario informe sobre su propio estado emocional, algo que, por definición, las personas que no pueden comunicarse no pueden hacer. Para sortear este problema, clasificamos los distintos patrones de respuestas fisiológicas relacionadas con las emociones en la población general.
El Centro de Ciencias de Montreal acoge Mes Emotions Sont à Fleur de Peau, una exposición permanente de cinco años que presenta a los visitantes vídeos con una fuerte carga emocional mientras se registran sus señales fisiológicas. Después, los visitantes vuelven a ver el vídeo con su biomúsica superpuesta a la banda sonora, y sus reacciones fisiológicas (junto con las emociones que declaran sentir) se envían al laboratorio BIAPT.
El laboratorio BIAPT también colabora con los usuarios finales de su tecnología para desarrollar, diseñar y adaptar las sonificaciones fisiológicas. En una serie de talleres participativos, personas con autismo, demencia y discapacidades graves y profundas —junto con sus familias, docentes y otras partes interesadas— colaboran con expertos en diseño sonoro para personalizar el sonido de la biomúsica.
La banda sonora de tu vida
Los usuarios finales de la tecnología quieren aplicar la biomúsica a una amplia variedad de situaciones, desde el seguimiento personal hasta el entretenimiento, y también tienen distintas preferencias musicales y entornos de escucha.
Por eso, los tipos de sonidos que cada usuario necesita y disfruta escuchando son muy diferentes. Este proceso de diseño participativo garantiza que la tecnología que finalmente reciben los usuarios y sus cuidadores sea pertinente, agradable de escuchar y se ajuste a las circunstancias particulares de cada persona.
La biomúsica forma parte de una segunda ola de tecnologías médicas cuyo objetivo es mejorar y sostener la calidad de vida de las personas, en lugar de salvarla y prolongar su duración.
La investigación del laboratorio BIAPT busca desarrollar tecnologías de asistencia que nos permitan sintonizar con los mundos interiores de quienes tienen capacidades de comunicación muy limitadas. Así, esperamos poder preservar y mantener la condición de persona de algunos de los miembros más vulnerables de nuestra sociedad.

