En Haití, más del 60 por ciento de las mujeres embarazadas dan a luz en casa con la ayuda de una matrona (partera tradicional). Cuando no hay complicaciones, estos partos en casa suelen traducirse en un bebé y una madre sanos.
Sin embargo, ante complicaciones, dar a luz en casa puede ser mortal para las mujeres y sus bebés. Y no todas las complicaciones pueden predecirse con antelación. La tasa de mortalidad materna de Haití, de 529 muertes por cada 100 000 nacidos vivos, y la tasa de mortalidad neonatal, de 24 muertes por cada 1000, son muy superiores al promedio regional.
Si bien la mayoría de los embarazos de alto riesgo pueden identificarse durante las visitas de atención prenatal (APN), un tercio de las mujeres no acude a estas visitas y, por consiguiente, no sabe si presenta signos de complicaciones ni si le conviene más dar a luz en un hospital. Además, alrededor de la mitad de las mujeres que reciben atención prenatal sigue decidiendo dar a luz en casa.
Para garantizar que las mujeres embarazadas en Haití den a luz de forma segura, utilizamos datos cualitativos para explorar las barreras que desalientan a las mujeres embarazadas de (i) acudir a las visitas de atención prenatal y (ii) dar a luz en una institución sanitaria. Estos datos se recopilaron mediante entrevistas semiestructuradas y debates en grupos focales con matronas, mujeres embarazadas y sus familias, personal médico y líderes comunitarios.

Durante el embarazo, las mujeres se enfrentan a tres tipos de barreras para acudir a las visitas de atención prenatal. En primer lugar, cuando se plantean la idea de acudir a la APN, experimentan un “sesgo de optimismo”. Según comentó un agente de salud comunitario durante el estudio: “Si notan que todo está bien, deciden no acudir”.
En segundo lugar, aun cuando superan estas barreras y están dispuestas a acudir a las visitas, las mujeres a menudo carecen de medios de transporte y de recursos financieros para desplazarse a estos centros. Muchas temen la incertidumbre en torno al costo de las pruebas médicas y los medicamentos. Algunas mujeres también expresaron preocupación por que el mal estado de las carreteras en Haití aumente el riesgo de accidentes y de un posible aborto espontáneo.
En tercer lugar, quienes logran llegar al centro de salud son recibidas con preguntas percibidas como acusatorias y despectivas, lo que desalienta a las mujeres que no comprenden la lógica detrás de dichas preguntas.

Se presentan barreras similares en el momento del parto. Las mujeres no buscan dar a luz en una institución sanitaria porque no es lo habitual: las mujeres embarazadas imitan el comportamiento de sus madres, que dieron a luz con una matrona. Aunque las mujeres pagan a la matrona cuando dan a luz en casa, la mayoría no tiene certeza sobre los costos de dar a luz en un hospital, lo que genera la misma sensación de inseguridad financiera.
Quienes encuentran la motivación y tienen la intención de dar a luz en un hospital enfrentan, de nuevo, limitaciones de transporte y de recursos financieros. Estas barreras generan una situación en la que las mujeres temen lo que podría ocurrirles, y también pueden hacer que demoren la decisión de buscar atención hasta que ya están en trabajo de parto; es decir: “Estaba dando a luz en el camino. No llegué al hospital”.
Por último, muchas mujeres afirman que no se sienten cómodas con el “modelo de atención” que podrían recibir, ya sea por sus propias experiencias o por rumores que han escuchado sobre la atención hospitalaria: “Tenía miedo de dar a luz en el hospital por los rumores de que hay que parir sola en una habitación, mientras que en casa estamos rodeadas de la familia”. Las mujeres también desconfían del personal médico, que a menudo es percibido como negligente y maltratador.
Las matronas, miembros respetados y de larga trayectoria en sus comunidades, a quienes las mujeres embarazadas piden consejo, desempeñan un papel importante en este proceso. Las matronas carecen de incentivos para derivar a las mujeres a los hospitales. Tienen poca confianza en el personal médico y, cuando llevan a las mujeres embarazadas a dar a luz en un hospital, las matronas se sienten maltratadas: “A veces, algunas enfermeras son muy hostiles. Una vez que llegas con la paciente, ella es atendida y a ti te echan”.
Estos hallazgos sugieren que las intervenciones rentables pueden ser clave para incentivar a las matronas y a las mujeres embarazadas a optar por la atención institucional. Por ejemplo, podrían utilizarse diversos canales de comunicación para informar a las mujeres embarazadas sobre los riesgos del embarazo y los beneficios de las visitas de atención prenatal, mientras que los precios fijos de las consultas y las pruebas podrían publicarse y ponerse a disposición con antelación, para que puedan planificarse. Además, la información sobre lo que puede esperarse durante las visitas de atención prenatal podría adaptarse al nivel educativo de las mujeres.
Asimismo, informar a las mujeres sobre lo que pueden esperar durante el trabajo de parto y construir una relación entre las matronas y el centro de salud puede reducir los prejuicios que tienen las mujeres y las matronas contra el parto en una institución sanitaria. Por último, dado que las matronas desempeñan un papel clave, podrían implementarse incentivos adecuados para que se sientan orgullosas de su contribución a la sociedad. Los incentivos no monetarios y los eventos de reconocimiento social han demostrado ser eficaces en contextos similares.
El Banco Mundial trabaja con el Ministerio de Salud Pública y Población para diseñar un proyecto piloto que permita probar estos enfoques y comprobar qué funciona en Haití. El Banco Mundial también respalda inversiones complementarias para mejorar la calidad y el acceso a los servicios de atención materna. Esperamos que estos esfuerzos nos acerquen a nuestro objetivo común de lograr que el parto sea más seguro para todas las mujeres de Haití.

