La COVID-19 provocó un aumento de la demanda de equipos de protección personal (EPP), gran parte de los cuales están fabricados con plástico.
Ocho mil millones de dosis de vacunas han generado 144.000 toneladas adicionales de residuos.
La Organización Mundial de la Salud pide reformas en torno a la eliminación de los residuos médicos.
Recomienda envases ecológicos, EPP reutilizables y el uso de materiales reciclables o biodegradables.
La COVID-19 ha afectado al mundo de formas sin precedentes y, con ella, ha llegado un aumento del volumen de residuos médicos.
Esto está generando sus propias amenazas para la salud humana y ambiental, según un nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que pide cambios en la forma en que se fabrican y eliminan los productos médicos.
Se han enviado en todo el mundo más de 140 millones de kits de pruebas, lo que genera unas 2.600 toneladas de residuos generales, en su mayoría plástico, y 731.000 litros de residuos químicos, según el informe.
Además, más de 8.000 millones de dosis de vacunas se han administrado en todo el mundo, lo que ha producido 144.000 toneladas adicionales de residuos, según el informe. Esto incluye viales de vidrio, agujas y cajas de seguridad.
«Hemos comprobado que la COVID-19 ha incrementado los volúmenes de residuos sanitarios en las instalaciones hasta 10 veces», declaró Maggie Montgomery, responsable técnica de la OMS, a Reuters.
Todo esto se suma a los 8 millones de toneladas de plásticos que llegan a nuestros océanos cada año, y a los 150 millones de toneladas estimadas que ya están en circulación.
Percepciones erróneas sobre la protección
Una percepción errónea sobre la transmisión de la infección por COVID-19 a través de superficies fue la causa del aumento en la producción de equipos de protección, como los «trajes espaciales» y los guantes, según Montgomery.
«Todos hemos visto fotos de los trajes espaciales, todos hemos visto fotos de personas vacunando con guantes», dijo. «Desde luego, en general... la gente utiliza un exceso de EPP [equipos de protección personal].»
El análisis de la OMS se basa en unas 87.000 toneladas de EPP enviadas como parte de una iniciativa de la ONU entre marzo de 2020 y noviembre de 2021 para apoyar a países que necesitaban urgentemente estos materiales. Los estudios de caso mencionados en el informe incluyen Colombia, Reino Unido, Ghana, India, Liberia, Madagascar, Malaui, Nepal y Filipinas.
Sin embargo, tres de cada diez centros sanitarios del mundo carecen de sistemas para separar los residuos, mientras que en los países menos desarrollados menos de un tercio de los centros dispone de un servicio básico de gestión de residuos sanitarios, según el informe.
En algunas zonas de Nepal, las cajas se han dejado con frecuencia alrededor de los centros de vacunación y se han quemado al aire libre, lo que supone riesgos para la salud y el medio ambiente, según el informe. La contaminación atmosférica y los carcinógenos derivados de la quema de residuos son los mayores riesgos para las comunidades, según Montgomery, de la OMS.
En la India, el volumen de residuos médicos aumentó un 17 % durante la primera oleada de la pandemia, lo que planteó desafíos en el tratamiento de residuos en las zonas rurales. Y en Filipinas, los niveles de residuos infecciosos aumentaron un 25 %, con 70 toneladas adicionales de residuos generados por 51 hospitales, un 12 % más que antes de la pandemia.
El uso de EPP en Inglaterra incrementó las emisiones de carbono del país un 1 % entre febrero y agosto de 2020, según el informe de la OMS. La mayor contribución provino de los guantes, ya que el país utilizó 3.000 millones de artículos de EPP, lo que generó 591 toneladas de residuos al día.
«Es absolutamente fundamental proporcionar a los profesionales sanitarios el EPP adecuado, afirmó Michael Ryan, director ejecutivo del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS. «Pero también es fundamental garantizar que pueda utilizarse de forma segura sin afectar al medio ambiente que lo rodea.»
Las recomendaciones de la OMS
A la luz de sus conclusiones, la OMS pide una reforma y una reducción del uso de envases de plástico para dispositivos médicos. También pide que los equipos de protección se fabriquen con materiales reutilizables y reciclables.
«La COVID-19 ha obligado al mundo a afrontar las carencias y los aspectos desatendidos de la cadena de residuos, así como la forma en que producimos, usamos y desechamos nuestros recursos sanitarios, desde la cuna hasta la tumba», afirma Maria Neira, directora de Medio Ambiente, Cambio Climático y Salud de la OMS.
La organización también afirma que es necesario invertir más en la respuesta a futuras pandemias para garantizar que la eliminación de residuos médicos ocupe un lugar prioritario en la agenda. Sus recomendaciones incluyen envases ecológicos, EPP reutilizables, el uso de materiales reciclables o biodegradables e inversiones en tratamientos de residuos no incinerables.
«Un cambio sistémico en la forma en que la sanidad gestiona sus residuos implicaría un escrutinio mayor y sistemático, así como mejores prácticas de contratación», declaró Anne Woolridge, presidenta del Grupo de Trabajo sobre Residuos Sanitarios de la Asociación Internacional de Residuos Sólidos.
«Cada vez se valora más que las inversiones en salud deben tener en cuenta las implicaciones ambientales y climáticas, así como una mayor conciencia de los cobeneficios de la acción», dijo. «El uso seguro y racional del EPP no solo reducirá el daño ambiental causado por los residuos, sino que también ahorrará dinero, reducirá posibles escaseces de suministros y apoyará aún más la prevención de infecciones mediante el cambio de comportamientos.»
El Foro Económico Mundial pretende erradicar la contaminación por plástico a través de iniciativas como la Global Plastic Action Partnership (GPAP). La GPAP reúne a gobiernos, empresas y sociedad civil para impulsar medidas a nivel mundial y nacional.
