El trabajo a distancia, que antes era una ventaja, ahora es una necesidad que impulsa la economía.
Los líderes deben adaptarse a los rápidos cambios para garantizar que sus plantillas y poblaciones cuenten con las competencias y tecnologías necesarias para prosperar.
El trabajo a distancia debe abordar tanto la participación significativa de los empleados como nuestros mayores desafíos.
El «futuro del trabajo» ya está aquí, aunque llegó mucho antes y en circunstancias muy distintas de lo previsto. Adaptarse a sus rápidos cambios —incluido el paso al trabajo a distancia— exige que empleadores y dirigentes gubernamentales inviertan en las personas de nuevas maneras. Necesitaremos que líderes de todo tipo faciliten el trabajo a distancia, garanticen la salud y la seguridad de los trabajadores, reduzcan la creciente brecha digital e inviertan en la tecnología que hace posible esta nueva era de conectividad.
Invertir en el trabajo que impulsa la economía
¿Cuántas veces hemos oído decir a las organizaciones que trabajar desde casa no era una opción y, sin embargo, de un momento a otro, lo fue?
Los expertos de Global Workplace Analytics estiman que, para finales de 2021, hasta el 30 % de la fuerza laboral de Estados Unidos trabajará desde casa varios días a la semana: un cambio sísmico si se tiene en cuenta que, antes de la pandemia de COVID-19, solo el 3,6 % de la fuerza laboral trabajaba a distancia la mitad del tiempo o más. Capacitar a la plantilla para trabajar desde casa ya no es una ventaja estratégica, sino una necesidad.
Para muchos trabajadores, esto significa adoptar rápidamente tecnologías que les permitan reunirse con clientes y compañeros de trabajo de forma segura. Las herramientas de colaboración como Webex reproducen las interacciones cara a cara, las reuniones multitudinarias y los encuentros de toda la empresa. El mes pasado, Cisco organizó más de 25.000 millones de minutos de reuniones, el triple de los que organizamos dos meses antes, en febrero.
Al mismo tiempo, los directores de sistemas de información han intensificado sus esfuerzos para conectar de forma segura a la plantilla y a toda la tecnología que sustenta los procesos de sus empresas, a un ritmo sin precedentes. Como resultado, las redes se han convertido en líneas de vida y el personal de TI ha contribuido a mantener en marcha nuestra economía.
Invertir para responder a las necesidades cambiantes
La nueva normalidad laboral también exige que los directivos se adapten. Los líderes deben ofrecer más flexibilidad a los empleados que hacen todo lo posible por afrontar una oleada de desafíos. Dado el impacto del brote de COVID-19, los empleadores deben considerar cómo proporcionar recursos de salud mental y ayudar a los empleados a sobrellevar la ansiedad provocada por la incertidumbre económica, los problemas de salud y el desequilibrio entre el trabajo y la vida personal.
Ese mismo cuidado será necesario al considerar cuándo y cómo volver a la oficina. En todo el mundo, debemos tomar decisiones basadas en datos y en la ciencia, y seguir ofreciendo flexibilidad para que nuestros empleados puedan hacer su mejor trabajo sintiéndose seguros y respaldados.
Invertir en escuchar y fomentar una participación significativa
En este momento sin precedentes, en Estados Unidos y otros lugares se está hablando con mayor franqueza de los problemas derivados del racismo sistémico. Este momento marca, posiblemente, la crisis social más importante de una generación y pone al descubierto las desigualdades de nuestros sistemas sociales, económicos y judiciales. Con razón, los lugares de trabajo están entablando conversaciones honestas y francas y reevaluando tanto sus deficiencias como sus responsabilidades.
Estas conversaciones también se están llevando a cabo a distancia. En respuesta, los lugares de trabajo deben buscar una conexión auténtica y garantizar que se escuche cada voz. El trabajo a distancia no es una excusa para evitar una participación significativa de los empleados; es una invitación a fortalecer la comunidad laboral cuando más se necesita.
Invertir en igualdad y resiliencia
Para estar plenamente preparados ante los desafíos que se avecinan, el acceso universal a Internet de banda ancha es más crucial que nunca. Como destacó mi colega y defensora de la equidad y la responsabilidad empresarial, Tae Yoo, debemos evitar ampliar la brecha digital entre quienes tienen y quienes no tienen acceso. Sin embargo, corremos el riesgo de hacerlo, ya que se estima que 3.700 millones de personas siguen sin conexión. Esta brecha se ha puesto de manifiesto con dolorosa claridad, especialmente entre países desarrollados y en desarrollo, y entre zonas urbanas y rurales.
Según un nuevo informe de Cisco, «El papel de la tecnología para impulsar un futuro inclusivo», conectar a Internet a quienes actualmente no tienen acceso sumaría 6,7 billones de dólares a la economía mundial y sacaría de la pobreza a otros 500 millones de personas. Esto es especialmente importante en los países en desarrollo, donde solo el 35 % de la población tiene acceso a Internet, frente a cerca del 80 % en las economías avanzadas.
El acceso a Internet no es la única barrera para la inclusión digital; también lo son las competencias digitales. Más de uno de cada cinco adultos del mundo (el 23 %) carece de alfabetización digital (y las mujeres tienen cuatro veces menos probabilidades que los hombres de contar con alfabetización digital).
A medida que crece la economía del conocimiento, los gobiernos desempeñan un papel fundamental en la educación en competencias digitales. Un mayor acceso a la formación en programación y redes se traducirá en más oportunidades, mejores condiciones laborales e innovación continua.
Invertir en tecnologías que ayuden al mundo a adaptarse
Mientras los gobiernos de todo el mundo trabajan para estabilizar y estimular sus economías, necesitamos que ejerzan su liderazgo para fortalecer la infraestructura digital que ha permitido a innumerables empresas seguir abiertas.
Todos dependemos cada vez más de la fibra óptica segura, fiable y de alta velocidad. Esto demuestra la importancia de acelerar la asignación de espectro para 5G y de espectro sin licencia de 6 GHz para Wi-Fi. Necesitaremos que los gobiernos inviertan en esta infraestructura crítica y, al mismo tiempo, apoyen a las empresas, escuelas, hospitales y otras organizaciones que trabajan para mejorar sus propias infraestructuras digitales. Estas redes no solo son importantes para sus trabajadores, sino que también evitan que estas organizaciones tengan que elegir entre invertir en su infraestructura digital y contratar o volver a contratar personal.
Asimismo, necesitaremos que los gobiernos marquen el rumbo para garantizar que las redes mantengan altos niveles de seguridad. A medida que más organizaciones adoptan redes mejoradas y nuevas tecnologías, el personal de TI está bajo presión para encontrar soluciones con rapidez y asegurarse de que sean fáciles de adoptar. Las empresas y sus trabajadores dependerán de las directrices y los conocimientos especializados que solo los gobiernos pueden proporcionar para ayudarles a gestionar las amenazas de ciberseguridad. Como sociedad, no podemos sacrificar la seguridad por la velocidad: podemos y debemos tener ambas.
Los gobiernos de todo el mundo, en los niveles federal, estatal y municipal, han logrado avances sin precedentes en el uso de herramientas de colaboración para informar a sus ciudadanos, llevar a cabo la gestión pública y trasladar a sus plantillas a entornos de trabajo a distancia seguros. Nos ha entusiasmado ver cómo la tecnología de colaboración permite a presidentes y primeros ministros celebrar reuniones virtuales, a los parlamentos reunirse y votar a distancia, a los tribunales llevar a cabo audiencias digitales y acelerar la adopción de servicios en línea para la ciudadanía. Sus ejemplos contribuirán a inspirar futuras innovaciones.
Poner a las personas en el centro de cada decisión
Debemos considerar cómo cambiará para siempre la fuerza laboral en este nuevo futuro digital. El mundo no volverá a ser como antes. Por eso, las empresas y los gobiernos deben empezar a ayudar no solo a los trabajadores, sino a toda la sociedad, a formar parte de un futuro más inclusivo.
En Cisco, hemos estado pensando en muchas maneras de capacitar a nuestro personal para el futuro del trabajo. Esto nos ha exigido invertir en formación y en el desarrollo de nuevas competencias. Nos ha permitido mantener conversaciones más significativas que nunca. También nos ha exigido propiciar un entorno que dé prioridad al diálogo abierto en un ambiente virtual acogedor. Y ha supuesto establecer prácticas y pautas que eliminen los compartimentos estancos para crear una plantilla más ágil, formada y capaz de trabajar entre equipos y adaptarse a las necesidades cambiantes de la empresa.
Todos hemos sido empujados hacia el futuro digital. Mientras aprendemos y nos adaptamos como comunidad global, es imperativo que demos prioridad a las personas que conforman nuestras plantillas, nuestras comunidades y nuestra sociedad. Invertir en ellas es invertir en un futuro más próspero para todos.
