El ejercicio aporta beneficios para la salud de todas las personas, pero un nuevo estudio estadounidense ha encontrado un vínculo directo entre la contracción muscular y la reducción del cáncer de mama.
Al moverse, los músculos liberan ciertos factores que inhiben el crecimiento de células anormales, explican los investigadores.
Sin embargo, aún queda mucho por hacer para identificar qué tipos de cáncer y sus subtipos responden mejor al ejercicio, subrayan.
A partir de los hallazgos, la recomendación general —en consonancia con el American College of Sports Medicine— es hacer 30 minutos de ejercicio moderado al menos cinco veces por semana.
Aunque en general se acepta que el ejercicio puede beneficiar la salud general de una persona, un nuevo estudio encuentra un vínculo directo entre la contracción muscular y la reducción del cáncer de mama.
Según se informa en la revista Frontiers in Physiology, un factor aún no identificado que se libera durante el ejercicio inhibe la señalización en las células del cáncer de mama, lo que reduce el crecimiento tumoral e incluso puede destruir las células cancerosas.
«En este estudio, analizamos más a fondo la relación entre las personas que hacen más ejercicio y tienen menos riesgo de cáncer; antes se creía que no había ningún vínculo mecanístico. Más bien, se pensaba que se trataba únicamente de los beneficios generales que se observan en el organismo gracias a un estilo de vida saludable», explica la primera autora, Amanda Davis, profesora clínica asistente de la Facultad de Medicina Veterinaria y Ciencias Biomédicas (VMBS) de Texas A&M.
«Estos datos son interesantes porque muestran que durante la contracción muscular, el músculo libera ciertos factores que destruyen o, al menos, reducen el crecimiento de las células neoplásicas (anormales y a menudo cancerosas)».
«Levántate y muévete»
Los investigadores también descubrieron que estos factores ya están presentes en los músculos y se liberan al torrente sanguíneo con independencia del nivel habitual de actividad de una persona o del grado de desarrollo de sus músculos.
«Nuestros resultados sugieren que, tanto si haces ejercicio con regularidad como si simplemente te levantas y caminas cuando no sueles entrenar, los músculos siguen liberando estos factores», afirma Davis. «Incluso formas sencillas de contracción muscular, como salir a caminar o levantarse a bailar una canción favorita, pueden contribuir a combatir el cáncer de mama.»
«El mensaje principal es levantarse y moverse», continúa. «No hace falta ser un atleta de nivel olímpico para que se produzcan estos efectos beneficiosos durante la contracción muscular; estar en buena forma física no aumenta la probabilidad de liberar esta sustancia».
Para medir el nivel de factores liberados por los músculos durante el ejercicio, Davis entrenó a ratas para que completaran un programa de ejercicio de intensidad moderada, acorde con las recomendaciones del American College of Sports Medicine para las personas.
«Corrieron en cintas durante cinco semanas y aumentamos gradualmente la inclinación», explica.
Aunque el equipo de Davis no pudo determinar el tiempo mínimo exacto de contracción muscular necesario para que se produjera el efecto, sí observó que cuanto más duraba la sesión de contracción, más factores se liberaban.
Interrumpir la comunicación entre las células cancerosas
A partir de los resultados del estudio, su recomendación general para promover la liberación de estos factores es seguir las pautas recomendadas por el American College of Sports Medicine: 30 minutos diarios de ejercicio de intensidad moderada durante al menos cinco días a la semana. Según la American Heart Association, esto puede incluir caminar a paso ligero, bailar o andar en bicicleta.
El ejercicio regular no solo podría interrumpir la comunicación entre las células cancerosas y detener su crecimiento, sino que los factores liberados durante el ejercicio también podrían contribuir a prevenir desde el principio el desarrollo del cáncer de mama.
«La reducción del riesgo de cáncer de mama asociada al ejercicio se explica por la idea de que, si tienes células preneoplásicas y haces mucho ejercicio, ralentizando su crecimiento, quizá esas células precancerosas puedan ser destruidas por el organismo antes de que empiecen a proliferar», afirma Davis.
Se están realizando más estudios para determinar la identidad exacta de los factores liberados por los músculos. Davis plantea que podrían ser péptidos llamados mioquinas, liberados por las fibras musculares. Investigadores del departamento de kinesiología están estudiando la posibilidad de que los factores sean microARN u otras moléculas novedosas.
Como la investigación de Davis también descubrió que la presencia de albúmina era necesaria para que se produjeran los efectos beneficiosos del ejercicio, ella considera que, sean cuales sean esos factores, la albúmina los transporta por la sangre. La albúmina es una proteína transportadora común producida en el hígado.
¿Beneficios para otros tipos de cáncer?
Se necesitan más estudios para aclarar si el ejercicio de resistencia, como levantar pesas, tiene el mismo efecto que el ejercicio aeróbico. Según Davis, activar grupos musculares más grandes, como ocurre con el ejercicio de resistencia, podría aumentar el efecto estimulante.
El trabajo de Davis se centró en la línea luminal A del cáncer de mama, el tipo más común, que representa aproximadamente el 60 % de los casos de cáncer de mama. Observó efectos similares, aunque más variados, en otros tipos de cáncer de mama y en distintas líneas celulares.
Aunque los efectos beneficiosos del ejercicio también están estrechamente relacionados con un menor riesgo de cáncer de próstata y de colon, aún queda mucho por hacer para identificar qué tipos de cáncer y sus subtipos responden mejor al ejercicio.
«Estos datos sobre el ejercicio y el cáncer de mama son sin duda interesantes», afirma Davis. «Sin embargo, el ejercicio no ofrece una garantía del 100 %. Se necesitan más estudios en este campo para determinar por qué algunas personas que hacen ejercicio con regularidad siguen recibiendo un diagnóstico de cáncer.»
«Se han identificado muchas vías de señalización distintas en el desarrollo del cáncer», continúa. «Por eso, harán falta más estudios sobre las vías en las que influye el ejercicio para determinar qué tipos de cáncer podrían beneficiarse del ejercicio y cuáles no.»
Además, hay muchos otros factores de confusión que afectan al riesgo de una persona de desarrollar cáncer, como el tabaquismo, la edad, la genética y otras comorbilidades.
Fuente: Megan Myers, para Texas A&M University

