Una de cada 1.450 personas japonesas ya tiene más de 100 años, y las mujeres representan el 88,4% de los centenarios.
Okinawa, un archipiélago japonés, es una de las cinco Zonas Azules del mundo, donde hay altas concentraciones de centenarios.
Un miembro del equipo de investigación del Okinawa Centenarian Study, el Dr. Bradley Willcox, explica algunos de los secretos para vivir una vida larga y sana.
En las islas subtropicales japonesas de Okinawa existe un dicho: viva lo bastante lejos de su familia como para no encontrarse con ella todos los días, pero lo bastante cerca como para llevarles un cuenco de sopa caliente, a pie.
Muchos de nosotros, durante los últimos 18 meses, nos habríamos beneficiado de vivir a una distancia caminable de nuestra familia. En su lugar, hemos tenido que conformarnos con las videollamadas de Zoom, y la pérdida de conexión social ha afectado nuestro bienestar y nuestra salud mental.
La socialización es una de las razones por las que muchos okinawenses viven con buena salud hasta los 100 años o más. Así lo afirma el Dr. Bradley Willcox, geriatra de la Universidad de Hawái y director del Kuakini Center for Translational Research on Aging, quien, junto con su hermano gemelo, el antropólogo Craig, de la Universidad Internacional de Okinawa, lleva más de 20 años estudiando a los centenarios de las islas.
Es una de las cinco Zonas Azules, donde hay altas concentraciones de centenarios.
“No se puede caminar por la calle sin toparse con uno”, dice el Dr. Willcox, coautor del éxito de ventas del New York Times The Okinawa Way (2001), para explicar los hallazgos de su equipo.
Nuevo récord de centenarios
La población de centenarios de Japón acaba de alcanzar un máximo histórico de 86.510, según su ministerio de salud, un aumento de 6.060 respecto a 2020, y frente a tan solo 153 cuando comenzaron los registros en 1963.
Esto significa que una de cada 1.450 personas japonesas ya tiene más de 100 años y las mujeres representan el 88,4% de los centenarios, entre ellos Kane Tanaka, la persona más longeva del mundo, con 118 años.
En 2015, en Okinawa había casi el doble de centenarios por cada 100.000 habitantes que en Japón en su conjunto.
Por qué importa la longevidad
El Okinawa Centenarian Study, iniciado por el Dr. Makoto Suzuki en 1975, es el estudio continuo de centenarios más largo del mundo. El equipo ha estudiado a más de 1.000 personas de 100 años para comprender los factores genéticos y del estilo de vida ambiental responsables del envejecimiento saludable.
Los hallazgos compartidos en su libro de 2001 incluyeron arterias limpias y colesterol bajo; un bajo riesgo de cáncer dependiente de hormonas, con un 80% menos de cáncer de mama y de próstata que los norteamericanos; huesos fuertes, con la mitad del riesgo de fracturas de cadera que los norteamericanos; cuerpos delgados y en forma, y una notable claridad mental.
Todo ello significa que la carga sobre el sistema sanitario de Okinawa es menor a medida que la población envejece. Un envejecimiento más saludable también podría traer beneficios económicos, según el Consejo Global sobre Envejecimiento Saludable y Longevidad del Foro Económico Mundial.
“Si se puede prolongar no solo la esperanza de vida, sino también el ‘healthspan’ humano, se puede lograr más productividad, las personas serán más felices y tendrán menos riesgo de morir de cáncer o de enfermedades cardiovasculares”, coincide el Dr. Willcox.
“Si podemos descubrir los mecanismos del envejecimiento, por qué y cómo envejecemos, y luego ayudar a las personas de la sociedad a vivir vidas más sanas y más largas, será uno de los mayores descubrimientos en la historia de la medicina.”
Aquí, el Dr. Willcox explica algunos de los secretos para vivir una vida larga y sana, a la manera de Okinawa, que en realidad se reduce al “equilibrio”.
1. Practique ‘hara hachi bu’, coma de forma saludable y haga ejercicio
Los okinawenses mayores creen que el cuerpo es un templo y que no se debe contaminar. Beben alcohol con moderación y, en general, fuman poco. Además, son personas muy activas: su ingesta calórica en relación con el gasto está casi siempre en equilibrio y, a menudo, es negativa, por lo que queman mucha grasa. Su dieta ha sido en gran medida de origen vegetal, por lo que no es rica en calorías. Consumen más de un kilogramo de verduras, frutas y legumbres, como la soja, al día. Están presentes en todas las comidas. En lugar de pan, el principal hidrato de carbono ha sido la batata, que tiene una carga glucémica baja y muchos compuestos vegetales, en particular compuestos flavonoides coloridos que realmente pueden contribuir a la salud general y, posiblemente, ralentizar el proceso de envejecimiento. También practican el hara hachi bu: comer hasta quedar tan solo al 80% de su capacidad.
2. Sea positivo y encuentre su ‘ikigai’, es decir, su sentido de propósito
Todos los centenarios que conocemos tienen una actitud positiva. Por lo general son optimistas y tienen un enfoque de la vida despreocupado y relajado: son personas amantes de la diversión. Creo que es muy importante disfrutar de la vida a medida que envejecemos. También tienen algo que llamamos ‘ikigai’, que en japonés significa sentido de propósito. Un hombre de 102 años tenía como su ikigai estos dos toros premiados: iba a verlos todos los días para cuidarlos. El ikigai de otra persona puede ser la familia o la fe.
3. Manténgase mentalmente activo
En el idioma okinawense no existe una palabra para «jubilación», así que, hasta hace poco, simplemente no era un concepto. Uno seguía haciendo lo que siempre había hecho: si era agricultor, seguía cultivando. Creo que, una vez que dejas de hacer algo que has hecho durante mucho tiempo, sobre todo si lo disfrutabas y te daba un sentido de propósito, puedes decaer rápidamente. Así que la idea es simplemente mantenerse activo. Eso les ayuda mucho a su satisfacción vital y reduce los costes sanitarios, porque las personas se mantienen física y mentalmente activas durante toda su vida.
4. Únase a un ‘moai’, un grupo social
Los okinawenses tienen familias numerosas y sólidas redes de apoyo social. Sus comunidades están muy unidas y todos se conocen. Celebran encuentros sociales en grupos conocidos como 'moai'. Las mujeres charlan sobre diversos temas, beben té verde y quizá toman un pequeño postre, mientras que los hombres pueden fumar cigarrillos y beber alcohol, lo que quizá explique en parte por qué no viven tanto como las mujeres. Pero, en general, les encanta reunirse.
Okinawa tenía los costes sanitarios más bajos de todo Japón, a pesar de ser la región más pobre, porque sus habitantes estaban más sanos. En 2000, Japón implantó en todo el país el programa de Seguro de Cuidados de Larga Duración, que incluía guarderías de pago para adultos. Los okinawenses, por ser personas sociables, aprovechan al máximo este servicio, y a largo plazo reduce los costes sanitarios porque las personas con más contacto social son más felices y saludables.
5. Reduzca el estrés y replantee su relación con el tiempo
Probablemente haya oído hablar del término ‘hurry sickness’ (síndrome de la prisa): todos intentamos cumplir plazos. Durante la pandemia de COVID-19, muchos podemos trabajar desde casa, pero luego nos vemos absorbidos por las llamadas. Los okinawenses tienen una percepción del tiempo más pausada: nada parece empezar a tiempo, pero al final terminan lo que tienen que hacer. Al mismo tiempo, tienen personalidades resistentes al estrés; a lo largo de la historia han aprendido a afrontar la tragedia y el dolor.
Incluso hemos descubierto hace poco, en nuestra investigación en Hawái, un gen de resiliencia al estrés, llamado FOXO3A, que está asociado con la longevidad humana. Si se tiene solo una copia heredada de la madre o del padre, se tienen dos o tres veces más posibilidades de llegar a los 100 años. El concepto general es que protege frente a los efectos nocivos de las enfermedades y, probablemente, de otros factores de estrés sobre el cuerpo. Los okinawenses tienen un porcentaje muy ligeramente mayor de este gen, pero le sacan el máximo partido.
6. Abrace su espiritualidad
Los okinawenses son personas muy espirituales y, a la vez, muy prácticas en lo que respecta a la espiritualidad o la religión. Cada año visitan a sus antepasados, hacen un picnic y les hablan como si todavía estuvieran presentes. Mantienen esta conexión a través de las generaciones, por lo que existe un sentido de continuidad. Tienen su propia religión indígena, de carácter más animista, así que creen que hay una energía espiritual en todo.
Tradicionalmente, la religión la dirigían las mujeres, que eran sacerdotisas. Hay bosques sagrados alrededor de Okinawa, donde las mujeres todavía acuden a meditar y a rezar por la paz y la salud. El budismo ha llegado en parte a la cultura, pero aún se conserva esta religión indígena. Cada aldea tiene una sacerdotisa y las mujeres están muy en sintonía, no solo consigo mismas, sino también con la naturaleza. Son de las mujeres más sanas y poderosas que he conocido.
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