Más de 12.000 millones de dosis de vacunas han sido anunciadas por todos los fabricantes para su distribución en 2021, en caso de que todos los candidatos a vacuna tengan éxito en los ensayos clínicos.
La primera oleada de vacunas para los 92 países del COVAX de ingresos bajos y medios representa entre dos y tres veces el programa rutinario anual de vacunación de UNICEF.
La magnitud de la tarea exige una acción colectiva audaz por parte de organizaciones multinacionales, gobiernos e industrias.
En un año en el que la pandemia ha afectado a casi todos, las consecuencias de los intentos por contener la propagación del virus de la COVID-19 han impactado en las vidas y los medios de vida de millones de personas en todo el mundo, y sus efectos más graves no pueden exagerarse. En los peores casos, las repercusiones sobre los medios de vida de los más vulnerables han provocado un aumento de los niveles de pobreza, y Oxfam informa que hasta 12.000 personas al día se enfrentan a la inanición en 2020.
La distribución inclusiva y eficiente de vacunas seguras es imperativa para restablecer la recuperación económica y proteger vidas. Y ahora que la primera vacuna contra la COVID-19 ha sido administrada a una mujer de 90 años en el Reino Unido, el mundo espera el despliegue de un programa de vacunación masiva tras los prometedores resultados de los ensayos de vacunas anunciados por varias farmacéuticas en las últimas semanas.
La vacuna de Pfizer/BioNTech fue autorizada para uso de emergencia por la agencia reguladora de medicamentos del Reino Unido antes que por las decisiones de Estados Unidos y Europa. Aunque la primera oleada solo vacunará a 400.000 personas del grupo de mayor riesgo, el Reino Unido ha comprado 40 millones de dosis de la vacuna, que recientemente se demostró que tiene una eficacia del 95 % tras la segunda dosis. Tras obtener la autorización de uso de emergencia, Estados Unidos también ha comenzado el despliegue de la vacuna, con entregas que llegan a los centros de distribución esta semana.
A medida que aumenta la capacidad de vacunación, nos enfrentamos a una tarea de escala sin precedentes para garantizar una distribución inclusiva, segura y sostenible que llegue a los trabajadores sanitarios de primera línea, a los grupos de riesgo y, finalmente, a todas las personas del mundo.
La planificación logística que implica empujará los límites de cualquier modelo y canal de suministro utilizado hasta ahora. Más de 12.000 millones de dosis de vacunas han sido anunciadas en total por todos los fabricantes para su distribución en 2021, en el mejor de los casos en que todos los candidatos tengan éxito en los ensayos. En este escenario ideal, de seis a siete mil millones de dosis se enviarán en la primera oleada de vacunas encargadas previamente, tras la cual muchos países previsiblemente alcanzarán el objetivo mínimo del 20 % de inmunización de la Organización Mundial de la Salud.

COVAX, la iniciativa codirigida por la Organización Mundial de la Salud, Gavi, la Alianza para las Vacunas y la Coalición para la Preparación e Innovación frente a Epidemias, trabaja con UNICEF para coordinar la distribución de vacunas a un conjunto de países de ingresos bajos y medios.
Para poner en perspectiva la magnitud de la tarea, la primera oleada de vacunas para los 92 países del programa COVAX representa entre dos y tres veces el programa rutinario anual de vacunación de UNICEF, pero hasta cuatro o cinco veces sus flujos mensuales actuales si las vacunas se distribuyen en un período de seis meses.
Desde marzo de este año, el equipo de la Industria de Cadena de Suministro y Transporte del Foro Económico Mundial ha reunido a 35 empresas líderes de todo el ecosistema de logística y transporte que, con el apoyo de McKinsey & Company, han trabajado de forma colaborativa para identificar prioridades y ayudar a abordar los desafíos logísticos de la pandemia y la distribución de las vacunas. Hemos identificado varios factores clave que desempeñarán un papel crucial en un proceso de despliegue exitoso.
El primero se refiere a las zonas geográficas implicadas en el proceso de producción. Más del 90 % de todas las dosis de vacunas contra la COVID-19 se prevé que se produzcan en Estados Unidos, Europa, la India y China, mientras que se prevé que África y Asia (excluidas la India y China) sean los mayores importadores. Según un modelo de escenarios conjunto del Foro Económico Mundial y McKinsey, se espera que los mayores exportadores, Europa y la India, envíen aproximadamente 1.000 millones de dosis cada uno en la primera oleada (para alcanzar el 20 % de inmunización a nivel mundial), de las cuales unos 600 millones podrían destinarse a África y 1.100 millones a Asia, sin contar la India y China.
Entre el 10 % y el 20 % de las vacunas –es decir, la vacuna de Pfizer/BioNTech, con una capacidad de producción anunciada de 1.300 millones de dosis en 2021– probablemente requerirá una cadena de suministro ultrafría a -70 °C, pero estas se aplicarán principalmente en Europa, Norteamérica y Japón, que disponen de recursos o pueden destinarlos a desarrollar las capacidades necesarias.
Aunque todos los países tienen sus propios desafíos logísticos, los países del sur global necesitarán más apoyo para distribuir las vacunas con éxito. Los envíos intercontinentales se verán afectados por la capacidad limitada de carga aérea, con una reducción global del 20-25 % prevista en el primer y segundo trimestre de 2021 (véase el gráfico siguiente). Sin embargo, los vuelos chárter podrían resolver esto si se dispone de financiación adecuada.
Las capacidades logísticas varían entre los países del sur global, pero también son, por lo general, inferiores para cualquier tipo de logística de cadena de frío que en las economías avanzadas. Son especialmente difíciles las operaciones relacionadas con la manipulación en aeropuertos, el almacenamiento, las instalaciones de hielo seco (para manejar vacunas que requieren temperaturas de congelación profunda) y la «última milla» en zonas rurales.

También existe un mayor riesgo de desviación y falsificación que requiere soluciones de seguridad que incluyan números de serie, rastreo y, potencialmente, tecnología blockchain en los países del sur. Por último, la distribución de grandes volúmenes de suministros auxiliares para vacunas, como jeringuillas, agujas y kits de equipos de protección individual, que superan con creces el volumen de los viales de vacuna en número y tonelaje, también requerirán una coordinación y colaboración eficaces para garantizar una entrega oportuna en todo el ecosistema de transporte hasta esos lugares.
Teniendo en cuenta estos desafíos, ¿cómo puede la comunidad de cadena de suministro y transporte proteger la distribución de vacunas para salir todos juntos de esta pandemia?
Vemos cuatro vías para la acción colectiva:
Colaborar con los gobiernos, las autoridades aduaneras y las ONG para establecer alianzas público-privadas que garanticen un movimiento global rápido y seguro de las vacunas. Esto implica gestionar la autorización previa, el despeje del espacio aéreo, la documentación y la formación.
Fomentar el uso compartido de activos, cuando proceda y resulte adecuado, para resolver cuellos de botella y cubrir posibles lagunas en la cadena de suministro de vacunas, en concreto consolidando volúmenes de carga aérea, desplegando contenedores refrigerados, compartiendo instalaciones de reenfriamiento y espacios de almacenamiento, o consolidando volúmenes de última milla.
Asignar experiencia no competitiva para apoyar a los gobiernos, cuando proceda y resulte adecuado, asesorando sobre soluciones relacionadas con la planificación de la distribución de vacunas sobre el terreno.
Apoyar a COVAX en su función coordinadora y responder a sus solicitudes de información, recursos, activos o llamamientos de emergencia a la acción.
Creemos que la magnitud sin precedentes de la pandemia exige una acción colectiva innovadora y audaz por parte de organizaciones multinacionales, gobiernos e industrias para hacer frente a sus efectos y apoyar el regreso a una nueva normalidad. Con las vidas y los medios de vida de millones de personas en todo el mundo dependiendo de nuestra capacidad para aprovechar el poder de esta acción colectiva –ya sea en el ámbito de la prestación de servicios sanitarios, la entrega de bienes o los servicios humanitarios–, todos debemos preguntarnos: ¿estamos preparados para hacer lo necesario? ¿Estamos preparados para actuar de forma inclusiva para proteger la vida de los más vulnerables y, al hacerlo, garantizar que ninguna nación ni ninguna comunidad vulnerable se quede atrás?

