La pandemia de COVID-19 ha profundizado las desigualdades mundiales, y son los más pobres del mundo quienes soportan el peso de los confinamientos nacionales.
Los países más pobres no han podido poner en marcha campañas de vacunación integrales debido a una distribución desigual de las vacunas.
Además, la COVID-19 también ha frenado los avances contra enfermedades que afectan a las personas pobres.
Imraan Valodia habló sobre estas cuestiones con Winnie Byanyima, directora ejecutiva de ONUSIDA.
Imraan Valodia: ¿Qué impacto ha tenido la COVID-19 en la lucha contra el VIH en los países, en particular en aquellos del Sur global, que soportan la mayor carga de la enfermedad y cuentan con sistemas sanitarios considerablemente más débiles?
Winnie Byanyima: En primer lugar, debemos reconocer los logros de la respuesta al sida. Hemos conseguido lo que muchos llegaron a considerar imposible. De los 38 millones de personas que viven con el VIH, 27,5 millones reciben terapia antirretroviral que salva vidas. Hemos reducido a la mitad la tasa de nuevas infecciones por VIH y hemos evitado 16,6 millones de muertes.
Pero seamos claros: luchar contra una pandemia sin cura ni vacuna es difícil.
Cientos de miles de personas siguen muriendo de sida, y 1,5 millones contrajeron el VIH el año pasado. El sida sigue siendo una crisis, y la COVID-19 la está agravando.
Incluso antes de la COVID-19, ya íbamos por detrás de lo previsto en el cumplimiento de los objetivos mundiales contra el sida, y la pandemia de COVID-19 nos ha retrasado aún más. Las restricciones relacionadas con la COVID-19 han perjudicado a los más vulnerables, incluidas las comunidades marginadas y estigmatizadas, y han interrumpido el acceso a los servicios de VIH.
Desde que llegó la COVID-19, el Fondo Mundial de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria estima que el número de madres que reciben servicios de prevención de la transmisión maternoinfantil del VIH se redujo un 4,5 %, que el número de personas alcanzadas por programas de prevención del VIH disminuyó un 11 %, que las pruebas de VIH descendieron un 22 % y que la circuncisión masculina médica para prevenir el VIH cayó un 27 %.
En entornos de muy alta prevalencia de África, se estima que los efectos de la COVID-19 podrían contribuir a un aumento del 10 % de las muertes por VIH a lo largo de cinco años.
En medio de perturbaciones mundiales sin precedentes, debemos actuar con urgencia para evitar un resurgimiento de la pandemia mundial de sida y recuperar rápidamente nuestros avances hacia el fin del sida. Para volver plenamente por el buen camino en la lucha contra el VIH, es imprescindible que controlemos la COVID-19.
Imraan Valodia: La COVID-19, al igual que el VIH, ha profundizado las desigualdades en la sociedad y ha afectado de forma desproporcionada a las mujeres, al tiempo que ha ampliado la brecha salarial de género, que ya existía. ¿Cómo empezamos a abordar esta pandemia económica de género y de desigualdad?
Winnie Byanyima: Tanto la COVID-19 como el VIH se alimentan de las desigualdades: mujeres cuyos derechos no se respetan; mujeres que no tienen seguridad económica ni acceso a los servicios sanitarios o educativos más básicos. Son estas personas las que pagan el precio más alto de nuestra inacción frente a la desigualdad. Lo pagan en forma de inseguridad, pobreza, enfermedad y, con demasiada frecuencia, muerte.
Cinco de cada seis adolescentes africanas que contraen el VIH son niñas. La razón es el poder. Las investigaciones demuestran que completar la educación secundaria reduce el riesgo de una niña de contraer el VIH hasta en un 50 %, y aún más si se complementa con un conjunto de derechos y servicios. Sin embargo, mientras los países luchan con los actuales desafíos fiscales, la educación y el empoderamiento de las niñas figuran entre los sectores que sufren los mayores recortes presupuestarios.
Los gobiernos también tienen la responsabilidad de trasladar la carga de los cuidados lejos del trabajo doméstico no remunerado e invisible de las mujeres. Las medidas de acción afirmativa son esenciales para contrarrestar el legado de discriminación contra las mujeres.
Son necesarias intervenciones económicas para revertir el enorme desequilibrio de la riqueza. Pero poner fin a la era de la desigualdad exige fortalecer las fuerzas sociales y culturales emancipadoras para revertir el enorme desequilibrio de poder en todas sus formas interconectadas.
Imraan Valodia: Usted afirma que la desigualdad extrema no es inevitable, sino una elección política. ¿Qué quiere decir con ello? ¿Qué papel pueden desempeñar las personas, las comunidades y las naciones para ponerle fin?
Winnie Byanyima: Existe una pandemia de desigualdad, entre hombres y mujeres, entre el Sur y el Norte, entre comunidades dominantes y marginadas, y entre la élite y la mayoría, que frena nuestro enorme potencial.
Las desigualdades se perpetúan mediante las leyes, las normas informales (normas sociales), las políticas sociales y económicas nacionales y la asignación de recursos, y mediante las políticas y las finanzas mundiales. Y la clave para determinar todos esos resultados son las desigualdades en cuanto a voz y poder.
Ante la confluencia de crisis, ha quedado claro que necesitamos enfoques audaces y nuevos sobre cómo sobrevivir y prosperar. Se necesitan acciones en todos los niveles, no para construir un mundo perfecto, sino para propiciar uno resiliente.
Las respuestas las están articulando activistas y organizadores, en particular jóvenes de las comunidades más marginadas. Están demostrando cómo construir sociedades capaces de superar cualquier crisis y de liberar el potencial de todos. Lo hacen porque las personas más afectadas son quienes mejor lo comprenden.
Como líder de la ONU, he experimentado el poder de la presión de las comunidades, los grupos de mujeres y los movimientos de base, que nos empujan; en ocasiones esa presión nos resulta incómoda; pero mi mensaje para ustedes es:
'¡Sigan presionando!'
Imraan Valodia: ¿Qué lecciones podemos extraer para la gestión de futuras pandemias del triángulo formado por la ciencia, los gobiernos y las comunidades que existió en la lucha contra el VIH?
Winnie Byanyima: Hemos aprendido mucho sobre cómo luchar contra las pandemias. Este año se cumplen 40 años desde que luchamos contra el sida, y nuestros éxitos y fracasos nos han enseñado que no podemos vencer con éxito una pandemia sin trabajar juntos para acabar con las desigualdades, promover enfoques centrados en las personas, involucrar a las comunidades y respetar los derechos humanos.
Este es uno de los momentos más difíciles en la historia del VIH y de la salud mundial. Necesitamos una mayor urgencia en nuestra respuesta a las pandemias, solidaridad mundial en torno a planes mundiales basados en datos para acabar con el sida y con la COVID-19, y alianzas para prepararnos para responder a la próxima amenaza.
Debemos aprovechar la experiencia colectiva, la inteligencia y el conjunto de valores de la respuesta al sida. Si aplicamos desde el principio las lecciones del sida, aumentaremos nuestras probabilidades de éxito.
Este artículo forma parte de una alianza de medios entre el Southern Centre for Inequality Studies y The Conversation Africa para su Conferencia Anual sobre la Desigualdad de 2021, que se presentó el jueves 30 de septiembre. Puede ver la conferencia completa aquí.
