La COVID-19 ha tenido un efecto devastador en las principales economías avanzadas, pero en los países de bajos ingresos los efectos han sido aún peores.
La mayoría ha entrado en la crisis con recursos limitados y una deuda elevada.
115 millones de personas adicionales corren el riesgo de caer en la pobreza extrema este año.
La directora del FMI, Kristalina Georgieva, y Sigrid Kaag, ministra de Comercio Exterior y Cooperación para el Desarrollo de los Países Bajos, explican lo que debe hacer la comunidad internacional para ayudar.
Debido a la pandemia de COVID-19, la economía mundial sufre su caída más pronunciada desde la Gran Depresión. Pero, aunque todos se ven afectados, los países más pobres del mundo serán los que paguen el precio más alto si no reciben más ayuda.
Unos 1.500 millones de personas viven en países en desarrollo de bajos ingresos, que luchan por superar sistemas de salud pública débiles, una capacidad institucional limitada y, en muchos casos, niveles elevados de deuda. Todos estos países entraron en la crisis con una capacidad limitada para combatirla. Se enfrentaron a un aumento drástico de las necesidades de gasto justo cuando la pandemia provocó una caída de los ingresos procedentes del turismo, las remesas y los precios de las materias primas. Mientras que las medidas para proteger a las empresas y los trabajadores de las economías avanzadas ascendieron a alrededor del 20 % del PIB, el apoyo en los países de bajos ingresos fue de solo alrededor del 2 %.
Con hasta 115 millones de personas adicionales en riesgo de caer en la pobreza extrema este año, la profunda caída económica actual amenaza con revertir dos décadas de avances en los niveles de vida. Los daños actuales se prolongarán durante muchos años, ya que los niños, especialmente las niñas, abandonan la escuela, la calidad de los servicios de salud se deteriora y los niveles de empleo siguen deprimidos.
Esto nos concierne a todos. La inseguridad en los países pobres se traduce en inestabilidad para el resto del mundo. Y, lo que es más importante, la crisis de la COVID-19 nunca terminará de verdad hasta que se venza en todas partes.
Con ese fin, las instituciones internacionales y los donantes bilaterales deben ayudar a los países pobres en su labor de crear las condiciones económicas adecuadas para la recuperación en su propio territorio. El Fondo Monetario Internacional sigue prestando asistencia técnica práctica y formación a sus miembros, ayudando a los gobiernos a gestionar la deuda, aumentar los ingresos y administrar las finanzas públicas para garantizar la prestación eficaz de servicios vitales, incluida la salud. Los Países Bajos han apoyado estos esfuerzos mediante contribuciones a los fondos temáticos específicos del FMI y a la red de centros regionales de desarrollo de capacidades del Fondo en el África subsahariana, Oriente Medio y el Caribe.
La tarea crucial en este momento es ayudar a los países en desarrollo de bajos ingresos a superar la crisis actual y a fortalecer su resiliencia para el futuro. Los donantes bilaterales, como los Países Bajos, complementan los programas de préstamos del FMI con intervenciones específicas en salud, educación y creación de empleo, así como mediante programas que abordan el cambio climático y la ecologización de la economía.
También debemos hacer más para ayudar a los países con cargas de deuda insostenibles. Incluso antes de la pandemia, alrededor de la mitad de los países de bajos ingresos se encontraban en situación de dificultades de deuda, o corrían un alto riesgo de caer en ella. Ahora que muchos países tienen un acceso limitado, si es que lo tienen, a nueva financiación en los mercados, se enfrentan a una terrible disyuntiva entre apoyar a su población durante la pandemia y atender el servicio de su deuda.
La comunidad internacional ha dado algunos pasos importantes para abordar este problema. Con el apoyo de 13 donantes bilaterales, entre ellos los Países Bajos, el FMI ha proporcionado durante un año un alivio del servicio de la deuda de unos 500 millones de dólares a 29 de sus miembros más pobres, y ahora busca recursos adicionales para prorrogar este alivio más allá de abril de 2022. Hemos acogido con satisfacción la prórroga de la Iniciativa de Suspensión del Servicio de la Deuda del G20, que ya ha proporcionado a los países más pobres unos 5.000 millones de dólares en alivio temporal del servicio de la deuda. El FMI también respalda el establecimiento por parte del G20 y el Club de París de un nuevo y ambicioso Marco Común para la resolución de la deuda, que combina un enfoque estándar para la toma de decisiones entre acreedores con un enfoque caso por caso para el alivio de la deuda.
Más allá de la cuestión de la deuda, los países en desarrollo de bajos ingresos necesitan un sólido apoyo financiero internacional. Desde el inicio de la pandemia, el FMI ha duplicado el acceso a los servicios de financiación de emergencia y ha proporcionado 11.000 millones de dólares en financiación de emergencia a 47 países de este grupo. El FMI sigue comprometido a garantizar un acceso suficiente a este tipo de crédito en los años venideros.
Para ello, el FMI cuenta con sus países miembros más ricos para respaldar este esfuerzo proporcionando nuevos recursos en forma de préstamos para financiar programas de préstamos concesionales. Desde el inicio de la pandemia, el Fondo ha obtenido 22.000 millones de dólares adicionales y ahora trabaja para movilizar donaciones que garanticen préstamos a tipo de interés cero en estos niveles, a lo que también contribuirán los Países Bajos. Muchos donantes bilaterales también han reforzado sus propios programas de apoyo a los países de bajos ingresos. Los Países Bajos, por ejemplo, reunieron recientemente 500 millones de euros (595 millones de dólares) para mantener a flote los esfuerzos de desarrollo existentes y financiar otros nuevos que ayuden a los países pobres a combatir la pandemia.
Por último, los países de bajos ingresos necesitan el comercio ahora más que nunca. Durante las dos últimas décadas, los niveles de pobreza mundial se redujeron drásticamente a medida que estos países aumentaron su participación en los mercados internacionales. Pero la pandemia y las tensiones comerciales en curso han puesto en peligro ese progreso. Un sistema comercial abierto, estable y transparente, basado en normas, sigue siendo absolutamente fundamental para garantizar la estabilidad económica mundial, un crecimiento inclusivo y sostenible, y la prosperidad a largo plazo.
El FMI sigue promoviendo la recuperación del comercio mundial mediante el mantenimiento de mercados abiertos y la defensa de nuevas reformas de política. Dentro de la Unión Europea, los Países Bajos y Francia han impulsado políticas comerciales que ponen más énfasis en la sostenibilidad y en la conducta empresarial responsable.
Atender las numerosas necesidades no cubiertas de los países de bajos ingresos requerirá nuevos esfuerzos conjuntos de los donantes bilaterales, incluidos los bancos públicos nacionales de desarrollo y las instituciones multilaterales. Juntos podemos ayudar a los países y comunidades más vulnerables a recuperarse de la pandemia. Al hacerlo, construiremos un mundo más resiliente e inclusivo para todos.