Las primeras unidades de cuidados intensivos para pacientes con COVID-19 fabricadas con contenedores marítimos reutilizados se han instalado en un hospital de Turín, Italia.
Desarrolladas por el estudio italiano de diseño Carlo Ratti Associati en colaboración con el MIT, estas unidades temporales y portátiles, con dos camas cada una, podrían ampliar rápidamente el espacio hospitalario en países que luchan por contener la pandemia de COVID-19.
Con el nombre de CURA («Connected Units for Respiratory Ailments», sigla que significa «cura» en latín), las unidades se montan rápidamente, pero ofrecen todas las características de las salas de aislamiento convencionales. Pueden instalarse en numerosas configuraciones —como grupos independientes de módulos o conectadas a un hospital— y albergan todo el equipo necesario para tratar a dos pacientes de cuidados intensivos, incluidas camas, respiradores, monitores y soportes para sueros intravenosos.
Las unidades están conectadas mediante pasillos inflables que sirven como vestuarios y espacios de almacenamiento, y utilizan ventiladores de «biocontención» con presión negativa para eliminar partículas infecciosas. Cada módulo, por su parte, tiene ventanas de cristal que podrían permitir a los visitantes acercarse a sus seres queridos sin exponerlos al riesgo de infección.

Una ventaja de los módulos frente a los hospitales de campaña de gran tamaño, como el NHS Nightingale en el centro ExCeL de Londres, es que hay menos probabilidades de que el personal enferme por respirar aire contaminado. Los primeros pacientes ingresaron en los módulos CURA el 19 de abril, en un hospital temporal del norte de Italia, una de las regiones más afectadas del mundo.
CURA fue presentado hace cuatro semanas como una iniciativa de colaboración en la que participaron, entre otros, Italo Rota (diseño e innovación), Jacobs (planificación maestra, diseño, construcción y servicios de apoyo logístico) y Philips (equipos y tecnología médicos). Cuenta con el apoyo del Foro Económico Mundial (la Plataforma de Acción contra la COVID-19 y la Plataforma de Ciudades, Infraestructuras y Servicios Urbanos) y con financiación del banco paneuropeo UniCredit.
Concebido como un proyecto de código abierto, con materiales de diseño disponibles gratuitamente en línea, despertó un gran interés: más de 2.000 personas querían sumarse al proyecto, reproducirlo u ofrecer asesoramiento técnico. Actualmente se están construyendo otras unidades en Canadá, Estados Unidos, Francia, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.

Países de todo el mundo han tenido dificultades para hacer frente a la rapidez de la pandemia de COVID-19. Los pacientes con COVID-19 suelen necesitar tratamientos prolongados, que a menudo ocupan camas de cuidados intensivos durante semanas. Los picos de casos han desbordado la capacidad de muchos países, sobre todo del mundo en desarrollo.
La capacidad de las unidades de cuidados intensivos varía según el país. Alemania tiene 33,9 camas de cuidados intensivos por cada 100.000 habitantes, por ejemplo, mientras que Bangladés apenas tiene 0,72. Según los datos más recientes disponibles, un estudio que, según ha informado Reuters, sigue siendo válido, Italia tiene 12,5.
Independientes y fáciles de transportar, las unidades CURA podrían aportar la flexibilidad necesaria para combatir la pandemia a medida que se propaga por el mundo.

«Lo fundamental es la facilidad con la que se pueden trasladar estos módulos», dijo Ratti a The Guardian. «Las olas del virus llegan muy rápido a distintas regiones, así que debemos poder desplegar las unidades de cuidados intensivos allí donde más se necesiten. La ventaja del contenedor marítimo es que ya existe la infraestructura para transportarlo».
Ratti dijo que imaginaba las unidades junto a hospitales existentes, ocupando espacios libres o aparcamientos, o instaladas como centros independientes. El coste estimado de cada unidad de dos camas es de 100.000 dólares. Ratti y sus colaboradores buscan aumentar rápidamente la producción.
Los expertos ya han advertido sobre la escasez de camas de cuidados intensivos en regiones especialmente mal equipadas, como África, dado que el virus podría desbordar unos sistemas sanitarios ya sometidos a una gran presión.
