Nuestra recuperación de la crisis del coronavirus debe tener en el centro el empoderamiento de las mujeres

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  • Las mujeres y las niñas son las que más tienen que perder durante la pandemia de coronavirus.

  • Pero se pueden tomar medidas para que el papel de las mujeres en la industria se fortalezca durante la fase de recuperación.

Lo que la mayoría de las crisis tienen en común es que golpean con más fuerza a las poblaciones más vulnerables y marginadas, entre las que las mujeres están representadas de forma desproporcionada. El impacto de la pandemia de COVID-19 en las mujeres, especialmente en aquellas que enfrentan múltiples formas de discriminación relacionadas con la pobreza, la raza o la discapacidad, cada vez se documenta más. Como se indica en el informe del Secretario General de la ONU “Nota normativa: El impacto de la COVID-19 en las mujeres”, y como recogen ampliamente los medios de comunicación, las mujeres y las niñas de todo el mundo sufren más las repercusiones socioeconómicas de la COVID-19, por el simple hecho de ser mujeres.

Además de las preocupaciones inmediatas relacionadas con el aumento del trabajo de cuidados no remunerado, la violencia doméstica y la exposición a las deficiencias del sistema sanitario, es probable que las repercusiones económicas a largo plazo de la pandemia afecten también de forma desproporcionada a la vida productiva de las mujeres en comparación con la de los hombres. Al diseñar medidas para reactivar la economía, deben comprenderse y abordarse mejor las necesidades y contribuciones específicas de las mujeres como trabajadoras, propietarias de empresas y emprendedoras. Para que la recuperación económica sea eficaz, inclusiva y sostenible, deben tenerse en cuenta todos los aspectos, desde el acceso a paquetes de rescate financiero, créditos y prestaciones por desempleo hasta la eliminación de las barreras que impiden a las mujeres desempeñar empleos de mayor cualificación y mejor remunerados.

El impacto de la COVID-19 en las trabajadoras y emprendedoras del sector manufacturero

El sector manufacturero ha sido uno de los más golpeados por el brote de COVID-19 y las medidas de contención que se aplicaron después. En todo el mundo, la mayoría de las industrias manufactureras no se consideraron actividades económicas esenciales, con la notable excepción del procesamiento de alimentos, por lo que las empresas se vieron obligadas a cerrar o a reducir su actividad. Los recortes en los pagos, las cancelaciones de pedidos, la escasez de insumos y materias primas, y las restricciones en los modos de transporte a lo largo de las cadenas globales de valor (CGV) han socavado la producción y paralizado las fábricas.

Millones de personas en todo el mundo se han quedado sin empleo porque las empresas tuvieron que cerrar o restringir gravemente sus operaciones, lo que ha sumido en una situación de angustia económica aún mayor a quienes ocupan puestos de baja cualificación y bajos ingresos, muchos de los cuales están en manos de mujeres.

Muchas mujeres trabajan en la industria textil. Image: Idealistock vía iStock Photo

Los trabajadores por cuenta propia e informales, que a menudo son proveedores de empresas manufactureras, también se han visto obligados a detener sus actividades, lo que socava sus medios de vida y los deja con poca o ninguna protección social a la que recurrir. Las mujeres que trabajan en la economía informal están sobrerrepresentadas en los sectores más afectados por la crisis (42 % frente al 32 % de los hombres). La situación es especialmente grave en los países de ingreso mediano bajo y mediano alto, donde el 56 % de las mujeres trabaja en sectores de alto riesgo, frente al 39 % de los hombres.

Trabajadoras informales en los sectores más afectados por la crisis.Image: OIT (2020a)

La desigual participación de mujeres y hombres en las distintas ramas de la industria manufacturera agrava aún más su vulnerabilidad durante la crisis y después de ella. Por ejemplo, la información preliminar muestra que las ramas textil y de confección se encuentran entre las que registraron las mayores pérdidas de ventas debido al choque inicial y al confinamiento posterior provocado por la pandemia. Sin embargo, al mismo tiempo, es una de las ramas con mayores tasas de empleo femenino. Mientras que las mujeres representan el 39 % de los trabajadores del sector manufacturero en su conjunto, en las ramas textil y de confección —un sector caracterizado por salarios bajos, largas jornadas laborales y brechas salariales de género significativas— representan hasta el 75 % del empleo total. Además, las empresas exportadoras de estas ramas tienen la mayor representación de negocios de propiedad y/o gestión femenina en una muestra de empresas de países en desarrollo.

Las empresas propiedad de mujeres tienden a concentrarse en sectores con márgenes de beneficio más bajos que los de los hombres.

Las desigualdades estructurales profundamente arraigadas dan lugar a un acceso desigual a la infraestructura, a los recursos productivos y a las oportunidades de contratación pública para las mujeres emprendedoras. Las leyes discriminatorias sobre propiedad y herencia limitan el acceso de las mujeres al crédito y a los productos y servicios financieros. En 2019, 115 de las 190 economías tenían en vigor al menos una restricción legal basada en el género sobre el empleo y el emprendimiento de las mujeres. La brecha de financiación de las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) refleja este fenómeno; a pesar de su menor tamaño medio, las empresas propiedad de mujeres representan una proporción desproporcionada de dicha brecha. Las mujeres emprendedoras también están representadas de forma desproporcionada en las microempresas y en las pequeñas y medianas empresas, y las empresas propiedad de mujeres tienden a concentrarse en sectores con márgenes de beneficio más bajos que los de los hombres.

Brecha de financiación de las mipymes lideradas por mujeres, por región.Image: CFI (2017)

Un estudio reciente sobre el acceso al crédito de las pymes manufactureras en Viet Nam reveló que las empresas dirigidas por mujeres en los sectores de alimentos y bebidas y de confección tienen, en promedio, un tercio más de probabilidades de que se les deniegue un préstamo que las empresas dirigidas por hombres. Esta brecha se duplica hasta el 67 % en industrias con predominio masculino, como la transformación de la madera, los productos metálicos elaborados, la electrónica y el caucho y los plásticos, y aumenta aún más hasta el 71 % durante los periodos de política monetaria restrictiva.

Así pues, las desigualdades estructurales en el acceso a los recursos productivos, junto con las pruebas emergentes sobre el impacto de la COVID-19, sugieren que la vida económica y productiva de las mujeres se verá afectada de forma desproporcionada y distinta a la de los hombres. A medida que los gobiernos busquen levantar los confinamientos y reabrir la actividad económica, no está claro si la mayoría de las mujeres podrá reincorporarse a la economía tras periodos de desempleo. Su carga de trabajo de cuidados no remunerado y de trabajo doméstico —las mujeres y las niñas asumen el 75 % de los cuidados domésticos a nivel mundial— ha aumentado debido a la pandemia y reduce aún más las oportunidades de las mujeres para participar en el mercado laboral, potencialmente durante periodos incluso más largos que la propia crisis sanitaria. Las medidas de protección social deben tener presente esta realidad, garantizando que se dirijan a las mujeres que trabajan en las ramas más golpeadas. Además, los planes de recuperación deben contemplar medidas específicas, como facilitar el acceso al crédito para apoyar a las mujeres en la reconstrucción de sus empresas tras los cierres forzosos.

La pandemia ha trastocado las cadenas globales de valor. Image: Nopphon Pattanasri vía iStock Photo

Una pandemia en el inicio de una agitación tecnológica y de la reorganización de las cadenas globales de valor: implicaciones para la igualdad de género

Las CGV y el comercio han contribuido históricamente al desarrollo, a la reducción de la pobreza y al avance de la igualdad de género al ofrecer nuevas oportunidades de acceso a mercados de mayor valor. Sin embargo, el brote de COVID-19 demuestra que los planes de respuesta ante riesgos y de recuperación de las CGV deben ser más inclusivos y contar con más medidas de protección para los grupos vulnerables. Como demuestra el caso de la industria de la confección de Bangladesh, las trabajadoras de los países de bajos ingresos han sido las más afectadas por la retirada de pedidos de empresas internacionales, sobre todo cuando estas no pagan los salarios adeudados ni las indemnizaciones por despido. A menos que las CGV se gestionen de forma más responsable y se tengan en cuenta las necesidades de quienes pierden su empleo durante el brote de COVID-19, los avances recientes en el cierre de la brecha salarial de género y en el aumento de la participación laboral de las mujeres en la industria manufacturera, especialmente en los países en desarrollo, podrían revertirse.

Esto resulta aún más pertinente si se considera que la pandemia de COVID-19 se produce en el inicio de otro fenómeno que amenaza con provocar cambios disruptivos en la industria: la Cuarta Revolución Industrial. La automatización, la digitalización, la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes están ganando terreno en la forma en que producimos, nos comunicamos y vivimos. Persiste una gran incertidumbre sobre qué industrias y qué tipos de empleo sentirán con mayor intensidad el impacto de estas nuevas tecnologías e innovaciones de vanguardia. Las tendencias emergentes apuntan en una misma dirección: se espera que quienes trabajan en empleos manufactureros rutinarios y de baja cualificación soporten el peso de esta agitación tecnológica.

Debido al acceso restringido a la educación y a la formación, a las barreras estructurales y a las normas sociales, estos tipos de empleos manufactureros rutinarios y de baja cualificación los ocupan mayoritariamente mujeres. A medida que se desarrollen e introduzcan de forma más amplia robots y máquinas más avanzados, existe la preocupación de que, en promedio, sustituyan más empleos ocupados por mujeres que por hombres. Las posibles pérdidas de empleo causadas por la automatización podrían sumarse a las que ya se están produciendo debido a la pandemia de COVID-19.

Por ello, a menos que las respuestas políticas y las inversiones se orienten adecuadamente, tanto las tendencias tecnológicas aceleradas como las prácticas de gestión profundamente arraigadas en las CGV podrían agravar aún más las desigualdades existentes.

El liderazgo de las mujeres para una recuperación económica mundial inclusiva, resiliente y sostenible

La pandemia también ha puesto de manifiesto numerosos ejemplos de liderazgo eficaz e ingenio femenino en la respuesta a la crisis. Si bien ya existen algunos indicios de que las líderes femeninas están respondiendo mejor a la crisis actual, las pruebas sugieren una relación entre la representación de las mujeres en la toma de decisiones y el aumento de los beneficios sociales para la sociedad en su conjunto. A través de su iniciativa “Women Rise for All”, la ONU sitúa a las líderes en primera línea de su llamamiento a la acción para afrontar los desafíos de la crisis de COVID-19, también en la industria.

Es fundamental aprovechar todo el potencial de las mujeres como líderes, innovadoras y agentes del cambio industrial y ambiental.

Sin embargo, no debemos perder de vista lo que el secretario general de la ONU, António Guterres, califica como «la amenaza sistémica mundial más importante para la economía mundial»: el cambio climático. Las medidas de recuperación económica a medio y largo plazo tras la pandemia representan una oportunidad única para que los responsables de políticas adopten medidas audaces en favor de economías más resilientes, inclusivas y sostenibles, y para reorientar el desarrollo industrial hacia tecnologías ambientalmente racionales. Al hacerlo, es fundamental aprovechar todo el potencial de las mujeres como líderes, innovadoras y agentes del cambio industrial y ambiental.

Ha llegado el momento de garantizar que todas las personas se beneficien por igual, participen y orienten el desarrollo industrial en la fase de recuperación. En este empeño, la ONUDI sigue comprometida con la promoción de la resiliencia y la inclusión para forjar un futuro mejor para todos.

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