Los seres humanos son una especie única y asombrosa. Desde la construcción de grandes catedrales hasta la empresa científica moderna, nuestros mayores logros se producen cuando trabajamos juntos. Anhelamos las conexiones sociales tanto como deseamos alimento o refugio. Experimentamos la pérdida social como una lesión en nuestro cuerpo.
En las Bahamas, nos estamos recuperando de la mayor pérdida en la memoria reciente. Presenciamos con horror cómo los vientos de 200 millas por hora y la marejada ciclónica de 25 pies del huracán Dorian cobraron decenas de vidas y destruyeron miles de hogares. Mientras atendemos las heridas que dejó la tormenta, nuestra comunidad afronta un dolor abrumador.
Aunque la naturaleza nos dota de una gran capacidad para el sufrimiento, también nos proporciona las herramientas para la esperanza y el progreso. De hecho, es nuestra excepcional capacidad para formar un “nosotros compartido” lo que permite que personas diversas trabajen juntas hacia objetivos comunes.
La respuesta inicial a la catástrofe en las Bahamas demuestra el poder de la empatía y la cooperación. Para entregar ayuda, tanto los trabajadores humanitarios como los miembros de la comunidad aprovecharon las relaciones locales basadas en la confianza y la responsabilidad comunitarias. Una flota de embarcaciones locales estuvo entre las primeras en llevar suministros a las zonas más afectadas, mientras que las iglesias sirvieron de refugios y puntos de partida para la distribución de ayuda.
¿Cómo tendrán éxito estos esfuerzos a largo plazo? Para responder a esta pregunta, debemos mirar más allá de la acción gubernamental masiva o del suministro de bienes materiales. Necesitamos construir relaciones humanas al estilo tradicional.
Afortunadamente, los esfuerzos humanitarios a corto plazo, como los que siguieron al huracán Dorian, y la agenda internacional a largo plazo, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, examinados esta semana en la Asamblea General de la ONU, pueden beneficiarse de un área de investigación en auge. Con lo mejor de la psicología, la neurociencia y la ciencia del desarrollo, una nueva comunidad de investigadores está probando decenas de intervenciones para fortalecer las relaciones humanas.
Estas son tres de mis innovaciones favoritas:
1. El Cuaderno de trabajo sobre el perdón
Desarrollado durante veinte años de cuidadosa investigación por el psicólogo Everett Worthington, este enfoque para transformar el trauma personal en esperanza y sanación se basa en la neurociencia de vanguardia. El equipo de investigación está probando actualmente el cuaderno de trabajo de dos horas en un ensayo controlado aleatorizado en ocho países, entre ellos Colombia, Indonesia, China, Ghana, Sudáfrica y Ucrania. Los resultados indican que esta intervención, elegantemente sencilla, puede tener beneficios positivos a largo plazo y reducir la ansiedad y la depresión.
2. Una Internet agradecida
Igualmente estimulante es un estudio en curso del profesor J. Nathan Matias y de investigadores de CivilServant, que buscan fomentar la gratitud y la hospitalidad en comunidades en línea como Wikipedia. Las relaciones entre personas que editan Wikipedia pueden volverse hostiles, poniendo en peligro la vitalidad de un recurso gratuito sin precedentes para compartir conocimiento en todo el mundo. Basta con animar a los editores a agradecerse mutuamente sus contribuciones a los artículos para que, según se prevé, mejore notablemente la salud de la comunidad de Wikipedia. A medida que las comunidades digitales como Facebook y Twitter siguen insertándose en nuestra vida diaria y sirven como foros públicos para debatir valores y política, no es difícil imaginar cómo esta investigación podría utilizarse para mejorar el discurso en línea en general.
3. El Banco de la amistad
Al designar un banco frente a los centros de salud para conversar y dotarlo de miembros de la comunidad local, este proyecto mejoró drásticamente los resultados de salud mental de los pacientes tras la consulta en regiones donde los remedios médicos occidentales habituales no están disponibles. De hecho, fue tan eficaz para mejorar problemas como la depresión y la ansiedad como las soluciones farmacológicas. El Banco de la amistad se ha convertido en un fenómeno mundial, incluso en países ricos como los Estados Unidos, lo que demuestra la aplicabilidad universal de estas ideas.

Estos ejemplos constituyen un llamado más amplio a la acción para utilizar la mejor investigación con el fin de centrarse en fortalecer las relaciones humanas. Agencias de desarrollo como USAID están empezando a invertir en programas que fomentan la empatía y la resiliencia. Y aún queda mucho por hacer. En la Fundación Benéfica Mundial Templeton, hemos lanzado recientemente la iniciativa Innovaciones Globales en el Desarrollo del Carácter, que probará decenas de innovaciones a pequeña escala para mejorar las relaciones humanas y, después, ampliará las que funcionen.
Que esto sirva también de lección para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, un “plan compartido para la paz y la prosperidad de las personas y el planeta” y el centro de atención de la Asamblea General de la ONU de esta semana.
Las relaciones humanas serán clave para estos ambiciosos objetivos. Las soluciones de energía limpia y asequible (Objetivo 7) dependerán tanto de la cooperación mundial como de los avances tecnológicos, que por sí solos no bastarán para combatir el cambio climático (Objetivo 13). Para crear una sociedad pacífica y justa (Objetivo 16), primero debemos aprender a transformar el trauma y la violencia en perdón. Y debemos abordar la epidemia de soledad para promover el bienestar en todas las edades (Objetivo 3).
Cada objetivo plantea sus propios desafíos únicos, ninguno de los cuales tiene soluciones fáciles. Pero, como con el huracán Dorian, podemos afrontar la tormenta con los mejores ángeles de nuestra naturaleza: nuestro enorme potencial para cooperar y forjar vínculos humanos.

